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67. “El segundo es el de la Santa Casa de la Misericordia, de la cual soy hermano, por los grandes beneficios que toda la población recibe de ella, y por el gran celo con el que sus hermanos protegen sus institutos y gobiernan sus ingresos, respirando toda devoción y caridad. Pero quisiera que se evitara el abuso de hombres que imaginaban que estaban pagando lo que les robaron a Pedro y a Pablo tan pronto como dejan sus propiedades a la Misericordia, o a cualquier otra corporación religiosa o devota. Pero puesto que de esta manera la llamada hermandad ha hecho un gran fondo [de dinero], sería útil que sobre él se estableciera, como en Roma, un Monte de Piedad, o Lombardo, como se hace en las ciudades de Holanda, y que sería de gran ayuda para los que tienen algunos efectos de los cuales pueden servirse pronta y secretamente, sin tener que avergonzarse ante ningún usurero; de suerte que la misma hermandad se beneficiaría mucho, para ayudar a los pobres que no tuvieran qué empeñar” (Cunha, 2001, pp.286-287). Sobre la importancia de la asistencia y de la fundación institucional de las Santas Casas de Misericordia en el Imperio Portugués, cfr. Boxer (2002, pp.286-308).
68. “Y esta es otra ventaja que los países protestantes tienen sobre los católicos romanos, porque en ellos solo se guardan los domingos y las cuatro pascuas. Pero como V. S. lo sabe, y lo diré, yendo mañana y tarde a la iglesia, para escuchar la palabra de Dios de la boca de sus predicadores, quienes les explican pura y simplemente el texto que toman del Evangelio, y los oyentes de ambos sexos los leen con gran atención, sin que los predicadores incluyan conceptos o hipérboles; tampoco intercambian las Escrituras para probar sus pensamientos, lo cual es una gran ofensa a la palabra divina; y estamos contentos de escuchar devotamente una misa, que nos parece larga después de media hora. ¿Y cómo celebras las cuatro Pascuas? También lo diré. Guardándose en sus casas, para examinar sus conciencias y su convivencia, de acuerdo con su creencia herética, mientras nosotros lo hacemos en la Pascua de Resurrección, para satisfacer en el exterior el precepto de la Iglesia, con miedo de la excomunión, que ellos no temen. Dios santificó solamente los sábados, que son hoy nuestros domingos, como los días de descanso después de haber trabajado los demás, incluso que, con un solo Fiat en la admirable composición del universo, y no para que abusemos de esta ociosidad, mientras practicamos; pero alabémoslo por su trabajo incomprensible, y mereceremos, si es que podemos merecer, su infinita misericordia” (Cunha, 2001, p.289).
69. La manufactura es una forma de organización definida por la concentración, bajo el mismo techo y bajo la dirección de un mismo capital, de los trabajadores y de las diferentes operaciones o fases del trabajo. Esta nueva forma de producción posee innumerables ventajas, entre ellas la aplicación de procesos y herramientas más sofisticados, justificando la solicitud de técnicos extranjeros.
70. Pedreira hace dos observaciones importantes: “El desarrollo industrial —atribuido al conde de Ericeira y, a veces, también al marqués de Fronteira, pero en parte anterior a ellos— eligió los sectores que o fueron de importancia central para el fortalecimiento del Estado, o fabricaban artículos de lujo, de los cuales la aristocracia y otros grupos poderosos no podían ser privados por completo. En este conjunto, los productos de lana adquieren un lugar excepcional. Constituyen la única rama sujeta a la reorganización que producía para un consumo amplio. Las importaciones de paños de lana fueron una carga pesada que contribuía a desequilibrar la balanza comercial portuguesa y la proporción de telas extranjeras en el consumo, especialmente en las grandes ciudades, ciertamente no fue insignificante” (Pedreira, 1994, pp.28-29).
Además, no es correcto afirmar que fue solo el resurgir manufacturero lo que hizo que Portugal volviera al camino de la prosperidad económica. Según Pedreira, “los signos de recuperación comienzan a registrarse desde finales de la década de 1680. La política aplicada en las esferas comercial y monetaria no dejó de favorecer esta recomposición. Sin embargo, para restablecer la situación comercial lo más rápido posible, era particularmente importante explorar nuevas áreas geográficas y nuevos productos comercializables, fortalecer el control estatal —asegurando la efectividad de los monopolios—, los incentivos que concedió al crecimiento de las transacciones e incluso las dificultades de otras potencias europeas, que lucharon en guerras de las cuales Portugal logró mantenerse distanciado” (Pedreira, 1994, pp.32). La coyuntura portuguesa sería aun más favorable en la década de 1690, con el descubrimiento de minas de oro americanas (cfr. Pedreira, 1994, pp.21-63).
71. Evaldo Cabral de Mello recuerda que el oro y la plata de México y de Perú fueron los patrocinadores de la “preponderancia española”. Sin embargo, en palabras del historiador pernambucano “pero incluso en la dependencia de los metales americanos en los que se encontraba Madrid por sus aventuras imperiales en Europa, o ultramar, aunque vitales, esos continuaban siendo valorados como un medio, no como un fin” (Mello, 2002, p.37).
72. Este proyecto siguió la política de emular ejemplos de éxito económico típico del siglo XVIII. “Inglaterra y Holanda no son tan conocidos por el nombre de potencias marítimas debido a su ubicación como por la extensión de su comercio, con lo que aumentan sus fuerzas y se deben una cosa y otra a las compañías que han formado” (Cunha, 2001, p.299). Hacemos hincapié en que Silva (2001) reproduce en el apéndice documental de su edición crítica un “Proyecto D. Luís da Cunha para formar una compañía de comercio”, escrito en 1725. Se trata de la Compañía de Comercio de India y África (Cunha, 2001, pp.407-421). Existe una copia manuscrita del proyecto en la Colección Linares de la Biblioteca Nacional de Rio de Janeiro. BNRJ, Divisão de Manuscritos, Coleção Linhares, ms. I – 29, 18,11.
73. “Por esta razón supuse que era absolutamente necesario se permitiera a los judíos establecerse en Portugal, con total libertad para practicar los ritos de su religión, como señalo; porque además de las utilidades de las que ya he hablado, invertirían sus capitales en la compañía y, lo que es más, en su industria; y dado que comprenden el negocio mejor que todos, y con su ejemplo los de Inglaterra y Holanda, y los mismos extranjeros comprarían muchas acciones, lo que haría que entraran en el reino grandes sumas” (Cunha, 2001, p.324).
74. Don Luís defendía la inversión de la corona en la nueva compañía como un intento para atraer nuevos accionistas, quienes en el futuro se convertirían en los controladores del negocio “[...] de los obstáculos señalados, siendo el más grande nuestra pobreza, y nuestra pequeña industria o, mejor dicho, la pusilanimidad de nuestros comerciantes; debería ser la corte quien animara a estas empresas, solventando parte de lo que necesitaran para comenzar, puesto que no se atreven a arriesgar parte de sus limitados capitales, en todo lo que les parezca nuevo, acostumbrados al flujo de mandar al Brasil las mercancías que los ingleses, holandeses, franceses y hamburgueses les confiaban, pagándoles a la vuelta de las flotas; para que el mayor beneficio quedara en manos de los extranjeros” (Cunha, 2001, p.327).
75. “A lo que me respondió que esta desigualdad provenía de la pobre recaudación de los quintos que se le pagaban porque en las casas donde se quintaba el oro, o mejor dicho donde fue robado, fueron sin duda quienes trajeron, por ejemplo, dos arrobas de oro, no le quintaban los oficiales más que una, dejándole, por cierto, provecho que le daba, pasar por alto otra; y que, para evitarse este abuso y robo, sería necesario no quintar oro, pero sí a las personas que lo extraían (…)” (Cunha, 2001, p.344).
76. Las revueltas causadas por las críticas a la crisis fiscal fueron numerosas en la América portuguesa. El diplomático, por supuesto, estaba al tanto de ellas y de lo ocurrido en las Minas en el año de 1720 (Figueiredo (2001, pp.197-254). Para el caso específico del levantamiento de mineros en 1720, véase el estudio crítico de Souza (1994, pp.13-58).
77. En una situación límite, D. Luís propone la transferencia de la Corte para Río de Janeiro, pues con las riquezas de América el rey podría montar un gran imperio distante de las disputas europeas. La cita correspondiente se encuentra en Cunha (2001, p.371).
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