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Catalogación en la publicación – Biblioteca Nacional de Colombia
El pensamiento económico del reformismo criollo / coordinadores, José Antonio Piqueras, Johanna von Grafenstein. -- 1a ed. -- Santa Marta : Universidad del Magdalena ; México : Instituto de Investigaciones Dr José María Luis Mora, 2020.
(Humanidades y artes. Historia)
Incluye índice geográfico, índice onomástico y datos de los autores en la pasta. -- Contiene referencias bibliográficas.
ISBN 978-958-746-373-6 -- 978-958-746-374-3 (pdf) -- 978-958-746-375-0 (e-pub)
1. Pensamiento económico - América Latina - Siglo XVIII 2. Historia económica - América Latina - Siglo XVIII I. Piqueras, José Antonio II. Grafenstein Gareis, Johanna von III. Serie
CDD: 330.809033 ed. 23
CO-BoBN- a1066806
Primera edición, diciembre de 2020
© UNIVERSIDAD DEL MAGDALENA
© INSTITUTO DE INVESTIGACIONES DR. JOSÉ MARÍA LUIS MORA
Editorial Unimagdalena
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Instituto de Investigaciones Dr. José María Luis Mora
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Colección Humanidades y artes, serie: Historia
Rector: Pablo Vera Salazar
Vicerrector de Investigación: Ernesto Amarú Galvis Lista
Coordinador de Publicaciones y Fomento Editorial: Jorge Enrique Elías-Caro
Diseño editorial: Luis Felipe Márquez Lora
Diagramación: Eduard Hernández Rodríguez
Diseño de portada: Andrés Felipe Moreno Toro
Corrección de estilo: Diva Piamba
Santa Marta, Colombia, 2020
ISBN: 978-958-746-373-6 (impreso)
ISBN: 978-958-746-374-3 (pdf)
ISBN: 978-958-746-375-0 (epub)
DOI: doi.org/10.21676/9789587463736
Hecho en Colombia - Made in Colombia
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El pensamiento económico del reformismo criollo
Introducción
Bibliografía
En defensa del territorio: los almaceneros del Consulado de México ante los “extranjeros”
Matilde Souto Mantecón
El orden y la alteración del régimen de comercio marítimo en Nueva España hasta 1713
Las representaciones del Consulado de México: argumentos en defensa de su territorio
Anexo
Referencias
La gran estrategia del imperio portugués: don Luís da Cunha y los orígenes del Reformismo Ilustrado luso-brasileño
Nelson Mendes Cantarino y Fernando Ribero Leite Neto
La Economía Política, el aumento de las tensiones internacionales y la autonomía de Lisboa
Don Luís da Cunha y los orígenes del Reformismo Ilustrado portugués
Conclusión
Referencias
Navegaciones perleras en los proyectos de expansión hacia el septentrión novohispano a partir de la fundación del departamento marítimo de San Blas
Guadalupe Pinzón Ríos
Navegaciones perleras
San Blas a cargo de las navegaciones perleras
Propuesta de una compañía comercial
Comentarios finales
Referencias
Mucho más de la mitad aún no ha sido contada: el Caribe español en los orígenes del capitalismo global
Ernesto Bassi
Economía política y el capitalismo como conversación atlántica
Capitalismo y esclavitud: la perspectiva desde la costa caribe de la Nueva Granada
Conclusión: hacia una historia verdaderamente global del surgimiento del capitalismo
Bibliografía
La isla La Española y su utilidad para la monarquía. El discurso reformador de Antonio Sánchez Valverde
Johanna von Grafenstein
Introducción
Santo Domingo en la política de reformas de la monarquía española: las propuestas de Sánchez Valverde
Sánchez Valverde, crítico de teorías de la ilustración europea sobre América
La reacción de Sánchez Valverde frente a las “calumnias” de M. Weuves, el Joven
Conclusiones
Bibliografía
Francisco Arango y Parreño: de la economía práctica sobre el comercio y el trabajo esclavo a la economía política de la esclavitud
José Antonio Piqueras
Raíces del pensamiento económico de Arango
La nueva economía colonial en la monarquía española: Arango y la tradición española de economía práctica
Fomento de la agricultura, prosperidad de la nación
Entre el mercantilismo liberal y el liberalismo económico. Arango y Adam Smith
En defensa de la especialización y el librecambio
Referencias
Propiedad comunal y propiedad individual en las reformas agrarias del Río de la Plata durante el período colonial tardío
María Inés Moraes y Lucía Rodríguez Arrillaga
Presentación
Antecedentes
Contexto de producción intelectual de las fuentes: la cuestión del “arreglo de los campos”, 1780-1805
Los derechos de propiedad en el Anónimo de 1794
El latifundio y la propuesta privatizadora en el Anónimo de 1794
El arreglo de los campos y los derechos de los indios misioneros
Propiedad comunal, propiedad individual y latifundio en el fiscal Herrera
La propiedad privada como solución general
Propiedad privada, interés individual y bienestar general
Propiedad privada y propiedad comunal
Conclusiones
La privatización de los recursos agrarios como una coincidencia
Derechos de propiedad individual, pero con límites
Individualismo agrario y anti-latifundismo
La privatización como solución de compromiso
Referencias
Entre praxis política y realidad: el reformismo ilustrado en el mundo rural rioplatense
Julio Djenderedjian
Introducción
El movimiento ilustrado rioplatense
La inquebrantable fe en el dominio del estado colonial
El pragmatismo del poder
Conclusiones
Referencias
Un fatal golpe a todos los de mi clase. El combate en torno a la permisión provisoria de comercio con los extranjeros en el Río de la Plata (1809-1810)
Mariano Martín Schlez
La situación política previa
El debate en el consulado de Buenos Aires
El intento monopolista por torcer la decisión del consulado
El debate entre comerciantes monopolistas y hacendados
El virrey continúa buscando consenso para tomar la decisión
Los monopolistas apelan a la junta suprema central de Sevilla
La Junta General de Comercio o “junta consultiva”
Los informes sobre la apertura del puerto enviados a Cádiz
El conflicto a escala imperial
La quiebra del frente realista: dos tácticas de una estrategia contrarrevolucionaria
El virrey Cisneros y la burocracia colonial
Los comerciantes monopolistas
Conclusiones
Referencias
Ciencia, economía y dominio colonial. Tres visiones críticas de la situación de la América española en las postrimerías del dominio borbónico (Malaspina, Humboldt y Flórez Estrada)
José Enrique Covarrubias
Alejandro Malaspina en América
Alexander von Humboldt y su Ensayo Político de tema novohispano
Álvaro Flórez Estrada y la irrupción de la ciencia económica en su Examen imparcial de las disensiones de la América con España
Conclusiones
Bibliografía
Entre España y Chile. José Joaquín de Mora y sus proyectos de un Diccionario de Economía Política (1825-1855)
Juan Zabalza y Jesús Astigarraga
Introducción
Las primeras experiencias divulgativas de Mora: el Catecismo de Economía Política (1825)
El embrión de un futuro diccionario de economía política: los artículos de Mora en el Mercurio Chileno (1828-1829)
La teoría del desarrollo económico en El Mercurio Chileno
Moneda y banca en El Mercurio Chileno
Hacienda pública en El Mercurio Chileno
Libre comercio y librecambio en El Mercurio Chileno
Un proyecto de popularización de la economía política entre dos continentes: la Enciclopedia Moderna (1851-1855).
Mora en los años cuarenta: en defensa de la libertad de comercio
Las voces elaboradas por Mora para la Enciclopedia Moderna
Las voces económicas de la Enciclopedia Moderna: viejas ideas en nueva retórica
La nueva retórica
Las viejas ideas
Conclusiones
Bibliografía
Índice Geográfico
Índice Onomástico
El pensamiento económico del reformismo criollo
Introducción
El último tercio del siglo XVIII fue rico en innovaciones en los dominios de la monarquía española, el Reino de España e Indias, de acuerdo con la denominación adoptada a partir de la entronización de los Borbones, nombre que revela la voluntad de la Corona de avanzar hacia una asimilación administrativa y fiscal y a una centralización política.
El siglo había conocido en América y en el Caribe español alternancias de coyunturas y desplazamientos sectoriales y territoriales en cuanto a la centralidad en la generación valor. Un amplio consenso apunta, en términos generales, a que trascurridas las dos o tres primeras décadas se asistió a un crecimiento general de la población, a un incremento de la producción agrícola y de su peso en las economías coloniales, a un aumento considerable del comercio atlántico junto con el que se hallaba orientado a los mercados regionales internos; la extracción de plata mexicana superaba el declive de la producción andina y al finalizar el siglo multiplicaba por cuatro la proporcionada por la suma de ambas regiones en 17001.
La potenciación de la minería a través de incentivos introducidos por la Corona —rebajas fiscales, subsidios a insumos, reforzamiento del reclutamiento de trabajo indígena—, así como la mejora de la oferta de trabajo esclavizado africano, tuvo una incidencia directa en la recuperación de la producción y en el desarrollo de las economías regionales agrícolas y artesanales (Gelman, 2014). Los dominios que en el pasado habían desempeñado un papel secundario o subordinado a los grandes centros económicos y administrativos, caso del Río de la Plata y de las capitanías “de frontera” —Chile, Venezuela, Guatemala, Yucatán y las insulares del Caribe—, conocieron en mayor o menor medida avances destacados en sus economías; alejados de los centros mineros, su crecimiento descansó en la agricultura, la ganadería y el comercio tanto de bienes como, en varios de los casos citados, de esclavos.
Las políticas implementadas por los monarcas estuvieron dirigidas en última instancia a incrementar la extracción de metales y la recaudación fiscal a fin de atender los gastos crecientes del imperio y las frecuentes guerras que se sucedieron en la época. Aparte de las medidas específicas adoptadas en el sector extractivo, la Corona recurrió a sucesivas reformas basadas en dos principios: en primer lugar, se procuró el perfeccionamiento del sistema recaudatorio, persiguiendo el fraude y dotándose de una burocracia más eficiente y mejor controlada, lo que ocasionó un sinnúmero de fricciones con la burocracia local, puesto que el empleo de contador y los restantes relacionados con las cajas reales habían sido acaparados en muchos casos por las familias de las oligarquías criollas o por peninsulares que finalmente habían sido atraídos por estas (Pietschmann, 1996; Jáuregui, 1999; Bertrand, 2011; Alameda, 2014; Socolow,1987; Kuethe,1993); en segundo término, fue abriéndose paso la idea de fomentar la riqueza en manos particulares —favorecer la industria y los mercados de tierras—, de manera que se diversificara y se multiplicara la base sobre la que se imponían los tributos, aunque, para llegar a esto último, en ocasiones debieron suprimirse o rebajarse cargas tradicionales que lastraban insumos, anteponiéndose la consideración del valor del producto final, lo que en el curso de las décadas halló no pocas objeciones entre los secretarios de real despacho y consejeros. Contrariamente a lo previsto para América, constata Pedro Tedde, el resultado en España fue que entre 1760 y el final de siglo la carga fiscal por persona se incrementó más que el producto por habitante (Tedde de Lorca, 2014, pp.447-480; las teorías, en Fuentes Quintana, 1999a y 1999b; dos análisis de caso: Llombart, 1992 y Llombart 2011, pp.75-104).
Al mismo tiempo que se ensayaban las reformas administrativas y fiscales, e incluso antes y con una minuciosidad que no encontramos en aquellas, la Corona emprendió una política de inversiones de capitales, transfiriendo de manera regular importantes sumas de plata de los virreinatos productores de metales —en los que además la recaudación fiscal proporcionaba ingresos saneados— a las regiones deficitarias en forma de situados. Los situados no solo atendían los cargos de personal civil y militar de las respectivas audiencias y capitanías, sino que también se empleaban en fortificaciones, edificios públicos, astilleros, fundiciones, arreglo de puertos y caminos, avituallamiento de los ejércitos y las flotas, y en la financiación de la Real Factoría de Tabaco (Marichal y Grafenstein, 2012; Sánchez, 2015; Serrano, 2004; Serrano, 2018; Náter, 2017).
Las reformas borbónicas —hoy existe un consenso al respecto— fueron una serie de medidas adoptadas a lo largo de casi un siglo por los monarcas que se sucedieron en el trono, aconsejadas por ministros y arbitristas de diferente orientación, ajenas a un programa común y carentes de una coherencia completa, aunque no exentas de esta, por cuanto persiguieron objetivos similares. No entra entre nuestros objetivos presentar un balance de esas reformas, materia periódica de reflexión desde las perspectivas económica, administrativa, política y cultural2. Nuestro propósito consiste en señalar un punto de inflexión que tendría lugar en las décadas finales del siglo xviii, en un proceso que comienza a acelerarse a partir de la década de 1760. Diversos ensayos han llamado la atención sobre esta etapa de cambios y sobre sus consecuencias que se funden con las alteraciones del ciclo de las guerras napoleónicas (Stein y Stein, 2005; Stein y Stein, 2009; Paquette, 2008; Gelman, Llopies, y Marichal, 2014; Bertrand y Moutoukias, 2018).
Es la época del ascenso al trono de Carlos iii, con el trasfondo de la Guerra de los Siete Años, seguida de la Guerra de Independencia estadunidense, dos grandes conflictos que para España implicaron costos elevados y transferencias territoriales. Es la época del encumbramiento de ministros reformadores movidos, con frecuencia, por proyectos alternos entre sí, con sus respectivos “partidos”, cuyo acceso al cargo llevaba consigo un movimiento de nombramientos en los empleos de ultramar. Son los años en que se introducen las intendencias y se ejecuta una amplia reforma en las milicias provinciales, de la aprobación en 1778 del comercio libre intra-imperial, de la creación de nuevas figuras impositivas sobre el consumo y de una recaudación más celosa, de la política de españolización —mediante funcionarios peninsulares— de los altos empleos en las audiencias reales, el ejército y la alta administración virreinal. Presenciamos asimismo disputas entre los antiguos consulados de comercio y los nuevos actores económicos, de un lado, y entre aquellos y los puertos pujantes que reclamaban para sí instituciones semejantes a las citadas. El siglo había comenzado con la concesión del navío de permiso a los ingleses, que fracturaba el monopolio mercantil español, y acabó recorrido por el auge imparable del comercio de contrabando que penetraba la interminable porosidad de las fronteras imperiales y seducía la inclinación de no pocos funcionarios que debían velar por la integridad de la Real Hacienda.
El desarrollo de la agricultura con una orientación comercial —y, por extensión, de las actividades pecuarias— estuvo unida a circunstancias diversas. Las grandes haciendas y chacras que tenían por finalidad abastecer las ciudades próximas y en particular a los centros mineros que concentraban un número importante de trabajadores y una ausencia casi completa de diversificación de producciones, respondieron a dinámicas muy distintas a las que gobernaron el empuje de las plantaciones de azúcar y de cacao, y estas a su vez se diferenciaban de los cultivos asociados a la obtención de tintes (añil, palo de Campeche, cochinilla del nopal) y del algodón. Hasta finales de siglo conservó su importancia la exportación de cueros, y hasta esa misma época el tabaco mantuvo la primacía en cuanto valor de las exportaciones: el monopolio real hizo de su renta la segunda en importancia de la monarquía. Hacia 1796, las producciones agrícolas, tintes, cueros y maderas representaban el 44 % del valor de las importaciones peninsulares de América (Fisher, 1993, p.26).
Esto en cuanto a exportaciones atlánticas, porque además se hallaban las producciones para los mercados internos y regionales: maíz, trigo, mandioca, hierba mate, carnes secas, reses vivas, sebo, aparte de los fríjoles, la patata y el arroz que con los anteriores proporcionaban el alimento popular. Y estaban las salidas de frutos de contrabando o las autorizaciones temporales de exportar a naciones aliadas en coyunturas de guerra. Luego vino el declive del comercio colonial a partir de 1797.
El fomento de la agricultura había sido una constante de la colonización impulsada por los ingleses en el siglo xvii en el Caribe y en las colonias del Norte. Cesiones de tierras, tributos moderados y ventajas en la extracción de los frutos hacia la metrópoli fueron medidas implementadas en 1651 por las Actas de Navegación, que imponían el monopolio inglés en el transporte entre colonias y metrópoli y reservaban la provisión de manufacturas a esta última; las Actas tenían otra consecuencia: debido a los privilegios concedidos a compañías exclusivas, abrían mercados externos a los frutos coloniales, facilitando el papel reexportador de Inglaterra.
La exclusividad acompañó a Francia en su introducción en el Canadá y en su descenso por el Misisipi y en las colonias de las Antillas que, como las posesiones inglesas, carentes de minería, se ofrecían como espacios idóneos para el cultivo de plantas tropicales cuya demanda y precio en Europa no cesaban de crecer. La expansión neerlandesa en el noreste de Brasil, alguna pequeña isla caribeña, Nueva Ámsterdam y los territorios que darían lugar a la Guayana, creando el modelo de compañías privadas con privilegio luego seguido por ingleses y franceses, constituía un imperio basado en el tráfico de mercaderías, pero básicamente descansaba en frutos, maderas, esclavos y tejidos.
La exclusividad en las transacciones mercantiles había sido la norma en el imperio español desde su establecimiento en América. Sin embargo, muy pronto la monarquía española reveló que carecía de la capacidad de acaparar el tráfico naval atlántico y el suministro de bienes manufacturados, de los capitales para financiarlo y del aporte de esclavos africanos que demandaban los dominios ultramarinos. La historia de la carrera de Indias lo ejemplifica desde sus inicios (Bernal, 1992; García-Baquero, 1988; Bustos, 2005, Vilar, 1977; Fernández, 2011).
Las doctrinas mercantilistas establecidas al unísono de la creación de los imperios de ultramar habían heredado del siglo xv y xvi la teoría bullonista o metalista que asimilaba la fortaleza de un reino a la acumulación de metales preciosos, bien por acaparamiento de los recursos mineros, como sucede con los Habsburgos tras la conquista de América, o mediante un comercio activo que proporcione crecidos superávits, lo que bien podía lograrse mediante la reducción de importaciones por la autosuficiencia interna, o por el fomento de las manufacturas destinadas a la exportación. Fue en la Escuela de Salamanca, a mediados del siglo xvi, donde primero se elaboró una crítica a estas teorías al considerar que los metales no tenían un valor intrínseco sino que, en cuanto mercancía, contenían un poder adquisitivo variable en razón de su escasez o abundancia, por lo que su mera acumulación no implicaba mayor riqueza y su valor decrecía si había escasez de cuanto se precisaba; por lo tanto, se hacía necesaria mayor cantidad de metal para adquirir esos bienes (Grice-Hutchinson, 2005. Lluch, Gómez y Robledo, 1998).
Se ha interpretado, asimismo, que varios autores de dicha escuela desarrollaron principios “modernos” de tributación al sostener que las cargas impositivas no debían desincentivar el consumo al incidir en exceso en el precio, que habían de ser justas y debían de favorecer la “prosperidad temporal” (el crecimiento), y su cobro tenía que ser organizado bajo criterios económicos y públicos (Perdices de Blas y Revuelta López, 2009, pp.1-28).
Las teorías del valor-dinero, del valor-escasez y del interés o precio-tiempo por disponer de un capital de manera anticipada, formuladas en fecha temprana, en un imperio como el español no resolvieron la necesidad de disponer de oro y plata para pagar ejércitos en guerra y la burocracia. Si había algo peor que la inflación, con el empobrecimiento general que comportaba, eran las quiebras de la Real Hacienda, recurrentes en el pasado, o hallarse con el Tesoro vacío cuando se prodigaban los desafíos internacionales en el Atlántico. La proverbial incapacidad de la monarquía de vigilar y perseguir el contrabando, que perforaba el capítulo de ingresos y dañaba las producciones peninsulares, se acrecentó en la segunda mitad del xviii a pesar de los esfuerzos desplegados para denunciarlo. Ya que aumentaba la capacidad productiva —y militar— de sus competidores, hubo una mayor predisposición criolla a participar en estas transacciones y la venalidad de los funcionarios no bien retribuidos contribuía al fracaso de la represión del tráfico ilegal.
De otra parte, el mercantilismo sobre unos principios básicos careció de una doctrina constante y unitaria a lo largo de su extensa duración. Teóricos y arbitristas se disputaron los remedios a los males de la monarquía (Fuentes, 1999a, pp.359-622).




