Comentario a ser y tiempo. Vol. III, Segunda sección

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7. El párrafo 7 es un tránsito hacia el parágrafo 52 que expondrá el “concepto existencial plenario”, es decir, aquello que sucede a pesar del esfuerzo cotidiano de esquivar la realidad del estar vuelto hacia la muerte. Será necesaria una exposición más acuciosa del modo “como el Dasein esquivante mismo comprende su muerte”.
§ 52. EL COTIDIANO ESTAR VUELTO HACIA EL FIN Y EL CONCEPTO EXISTENCIAL PLENARIO DE LA MUERTE
1. Este párrafo es un resumen de lo que se ha hecho hasta este momento en relación con el tema de la muerte, es decir, un “bosquejo formal” de su estructura ontológica y un análisis de la forma cotidiana del estar vuelto hacia el fin. Ahora se seguirá la dirección opuesta, pues se intentará llegar al “pleno concepto existencial de la muerte” por medio de una “interpretación integral (ergänzende Interpretation) del modo cotidiano del estar vuelto hacia el fin”.
2. La habladuría del uno se refiere a la muerte diciendo: “no”. Ciertamente, “uno también se muere alguna vez, pero por el momento todavía no”. En este decir se reconoce la certeza de la muerte, pero se la posterga siempre para otro momento ulterior. “Nadie duda de que uno se muere”, pero este no dudar no es lo mismo que el estar-cierto que es propio de la muerte como algo que está dentro del Dasein. La cotidianidad “se queda” en este reconocimiento ambiguo que encubre la muerte como la posibilidad más propia del Dasein para hacerla más tolerable.
3. Este esquivamiento que encubre la muerte no logra estar cierto de ella en “forma propia”. Sin embargo, de algún modo está cierto de ella. La pregunta final del párrafo es ¿qué sucede con “esta certeza de la muerte”?
4. Este párrafo consiste en una explicación del lenguaje que se usa para hablar habitualmente de la certeza de la muerte. Estar-cierto de algo es “tenerlo” por verdadero en tanto que esa cosa es verdadera. Ahora bien, verdad significa en primer lugar “el estar-al-descubierto del ente”. Pero, por otra parte, este estar-al-descubierto del ente se funda en una verdad más originaria: en la apertura del Dasein, esto es, en un comportamiento constitutivo de ser del Dasein (cf. § 44). Tanto la verdad como la certeza tienen una doble significación: ambas se refieren primariamente al Dasein en cuanto apertura, y en forma derivada, a los entes en cuanto algo abierto.
5. En este párrafo se introduce el término “convicción” (Überzeugung) como uno de los modos de certeza. Esta palabra alemana parece referirse a un testimonio que daría la cosa puesta al descubierto acerca de sí misma. Este apoyo en la verdad solo es posible si tiene su fundamento en el ente mismo puesto al descubierto y, además, si este estar vuelto hacia el ente descubierto se hace transparente para el propio Dasein; porque, de no ser así, habría adecuación al ente, pero el Dasein no sabría de ella. Esto es lo que no existe en las meras ficciones o en las meras opiniones acerca de algo.
6. Una verdad será suficiente en cuanto se acerca a las pretensiones que tenemos respecto a esa verdad. La pretensión de verdad dependerá del objeto que se intenta conocer y del modo cómo el Dasein se abre a ese ente. Como existe una diversidad de entes y, por otro lado, como el Dasein se abre según una tendencia determinada, podemos distinguir distintos tipos de verdad y de certeza. La verdad que se pretende alcanzar es la certeza de la muerte y esta es una certeza respecto del Dasein.
7. De hecho, el Dasein cotidiano encubre la certeza de la muerte y, por consiguiente, el Dasein fácticamente está en la no-verdad. Aquí se remite a lo dicho en el parágrafo 44 b, párrafo 12: “A fuer de esencialmente cadente, el Dasein está por su misma constitución de ser, en la ‘no-verdad’... A la facticidad del Dasein son inherentes la obstrucción y el encubrimiento. El sentido ontológico-existencial plenario de la proposición ‘el Dasein está en la verdad’ implica cooriginariamente que ‘el Dasein está en la no-verdad’”. En este encubrimiento que hace el Dasein de su estar vuelto hacia la muerte no existe propiamente una duda, puesto que él ya sabe de alguna manera que se va a morir. De lo que se trata, más bien, es de “una forma inadecuada de tener-por-verdadero”. El uno entiende la muerte como algo que le ocurre a otros y que sucede constantemente en el mundo, pero esta certeza de la muerte de otros y de todos no lo toca a él personalmente.
8. En este párrafo se profundiza en lo expuesto en el párrafo anterior y se añade que la certeza de la muerte no es algo de lo cual el uno estaría cierto, se da una cierta apariencia de que el uno estaría convencido de su propia muerte. El fundamento de esa certeza no radica en que unos persuadan a otros, sino que en el hecho de que “uno” experimenta constantemente la muerte de los demás. Es, por lo tanto, una experiencia innegable.
9. Este párrafo expone lo que sucede cuando el Dasein intenta pensar adecuadamente acerca de la muerte. De hecho, sabemos que todos los hombres se mueren. Pero esto el Dasein lo piensa como algo probable y que no es absolutamente cierto. Si hablamos con rigor habría que decir que a la muerte solo se puede atribuir una certeza empírica. Esta certeza no es una certeza absoluta; no es una certeza apodíctica como aquella a la que se llega a veces en el conocimiento teorético como, por ejemplo, la certeza de que la suma de los ángulos interiores de un triángulo es 180°.
10. El texto continúa exponiendo lo que sucede en el pensar cotidiano de la muerte, la cual se manifiesta solo empíricamente cierta. El Dasein se ocupa de la muerte con ocasión de la muerte de los otros. Sin embargo, esta certeza empírica le impide tener acceso a la muerte tal como ella es. Al esquivar su muerte el Dasein tiene otra forma de certeza que la que él quisiera aceptar. La cotidianidad nuevamente se oculta a sí misma frecuentemente esta otra forma de certeza y no se atreve a hacer transparente la muerte para sí mismo. No obstante, la disposición afectiva que el Dasein se procura, es decir, “la indiferente tranquilidad ante el ‘hecho’ de que uno se muere” (cf. p. 274 de Ser y tiempo), muestra que el Dasein tiene una certeza superior a la puramente empírica. “Se sabe de la muerte cierta, y sin embargo, no se ‘está’ propiamente cierto de ella”; se esquiva esa certeza de la muerte. Este esquivamiento no hace sino mostrar aquello que esquiva.
11. El uno suele decir que ciertamente la muerte vendrá, pero “por el momento todavía no”. Este “por el momento todavía no” es una forma como el uno encubre el hecho de la muerte transportándolo a lo que le es por ahora controlable: el mundo de la ocupación. De esta manera, “la muerte queda aplazada para un ‘después’ (…)”. No solo se esquiva la muerte, sino el momento en que ella ha de ocurrir. ¿Cómo? El uno no debe ocuparse de asuntos que algún día vendrán, sino únicamente de aquello que sí apremia: los afanes de la vida cotidiana. El uno dirá que hay tantas cosas que hacer, que por el momento no es necesario ocuparse de la muerte.
12. Se resume lo dicho anteriormente: el uno encubre tanto la certeza de la muerte como la indeterminación de su momento, o sea, que puede ser posible en cualquier momento.
13. El resultado de todo lo planteado hasta ahora se puede expresar en los siguientes términos: “(…) la muerte, como fin del Dasein, es la posibilidad más propia, irrespectiva, cierta y como tal indeterminada, e insuperable del Dasein. La muerte, como fin del Dasein, es en el estar vuelto de este hacia su fin”.
14. El problema que se había planteado respecto a la posibilidad del estar-entero del Dasein cotidiano se ha resuelto diciendo que el resto pendiente de lo que queda por vivir está ya incorporado en el Dasein en su estar vuelto hacia el fin, que lo constituye esencialmente. Ni la estructura del cuidado ni el fenómeno del todavía-no, derivado del anticiparse a sí, son un argumento en contra de la posibilidad del estar entero del existir; más bien, justamente en la medida en que el Dasein está vuelto hacia la muerte en su ser más propio, muestra la posibilidad del estar-entero del existir.
15. Se propone aquí la pregunta de si acaso se ha desarrollado suficientemente el problema del estar-entero del Dasein. Se afirma algo fundamental: estando vuelto hacia su muerte el Dasein de hecho está muriendo en todo momento mientras no haya dejado de vivir. El morir fáctico significa, además, que el Dasein ya ha decidido de alguna manera el cómo del estar vuelto hacia su fin. En el esquivamiento cotidiano este modo es un modo impropio. Ahora bien, la impropiedad está fundada en una posible propiedad. El Dasein se instala habitualmente en la impropiedad, pero esto no implica que necesariamente ocurra así. Es el Dasein quien se determina en una posibilidad de su ser que él comprende.
16. Se plantea la pregunta de si acaso es posible para el Dasein una comprensión propia del estar vuelto hacia su fin. Es precisamente lo que falta para lograr una comprensión suficiente del estar vuelto hacia el fin, es decir, del poder estar-entero del Dasein.
17. Se expone una nueva cuestión: la pregunta acerca de lo que hace ontológicamente posible el óntico estar vuelto hacia la muerte de un modo propio.
§ 53. PROYECTO EXISTENCIAL DE UN MODO PROPIO DE ESTAR VUELTO HACIA LA MUERTE
1. Se plantea aquí el problema de cómo es posible acceder a un modo propio del estar vuelto hacia la muerte, como quiera que fácticamente el Dasein “se mantiene, en forma inmediata y regular, en un modo impropio de estar vuelto hacia la muerte”. Esta comprensión propia que debe ser ontológica es indispensable para lograr una interpretación existencial del estar vuelto hacia el fin.
2. En este segundo párrafo se ahonda en el planteamiento del problema que se ha de abordar, se nos dice que desde la caracterización que se ha hecho del modo impropio del estar vuelto hacia el fin, se podrá saber algo de lo que constituye el modo propio del estar vuelto hacia el fin.
3. Esta comprensión propia no debe esquivar la posibilidad más cierta e irrespectiva del Dasein; no puede, por consiguiente, interpretar el estar vuelto hacia la muerte al modo rehuyente del uno.
4. Se debe empezar por caracterizar el estar vuelto hacia la muerte en tanto que este es un estar vuelto hacia una posibilidad, y esta posibilidad es una posibilidad eminente. Estar vuelto hacia una posibilidad implica en el ámbito de la ocupación ejecutar algo. El Dasein tiende con ello a “acabar con la posibilidad de lo posible”. ¿Cómo? Poniéndolo a nuestra disposición. Por ejemplo, limpiar la mesa acaba con la suciedad y deja la mesa disponible para escribir sobre ella. Es lo que se dice en seguida: que el ocuparse de útiles a la mano tiene siempre un carácter relativo, de un para algo, “el carácter de ser de la condición respectiva”. El tema del presente análisis será solamente el modo cómo el afanarse ocupado se relaciona con lo posible. No se trata de un pensar estrictamente temático-teorético de lo posible en tanto que tal, ni menos de la posibilidad misma, sino que el análisis se referirá tan solo al “para qué” eso posible es posible.
5. El estar vuelto hacia la muerte no tiene el carácter del ocupado afán por realizar algo, como es el caso de los entes que están-ahí o que están a la mano, y esto, porque el estar vuelto hacia el fin es un modo de ser del Dasein. En efecto, ocuparse en realizar eso posible que es la muerte significaría suicidarse y, por consiguiente, el Dasein acabaría justamente su posibilidad de estar vuelto hacia la muerte.
6. Tampoco el estar vuelto hacia la muerte puede consistir en pensarla continuamente, calculando cuándo y cómo ocurrirá. De esta manera no se rehúye la muerte, pero sí su carácter de posibilidad queda disminuido por la voluntad de disponer de ella calculadoramente, es decir, como algo que depende de nosotros mismos. Estar vuelto hacia la muerte significa, sin embargo, comprenderla “en toda su fuerza como posibilidad”, interpretarla como posibilidad, y sobrellevarla, soportarla como una posibilidad abierta.
7. Este párrafo se refiere a la actitud del “esperar” ante lo posible. También aquí hay un arrancarse de la posibilidad como tal, puesto que el Dasein se fija en la realización de lo esperado y en un posible acaso o cuándo o cómo lo posible puede llegar a ser real. La espera es un salto fuera de lo posible y un apoyo en lo real que se espera en toda espera de algo. “Partiendo de lo real y tendiendo hacia lo real, lo posible es arrastrado por la espera hacia dentro de lo real”. Y la muerte no es realidad, sino pura posibilidad.
8. En este párrafo se compara el estar vuelto hacia la muerte en tanto que posibilidad del Dasein con cualquier otra forma de posibilidad. El texto denomina “adelantarse hasta la posibilidad” (nótese el “hasta”) a esta forma de estar vuelto hacia la muerte. La pregunta que sigue a continuación –“¿Pero no implica este comportamiento (…)?”–, es algo así como una objeción que se hace el autor a sí mismo. En efecto, la proximidad de lo posible habitualmente en todas las cosas que no son la muerte es la posibilidad de una realización; en cambio, en la muerte la proximidad de lo posible resulta precisamente un acabamiento total. Es lo que se señala en el texto diciendo que el estar vuelto hacia la muerte “es la máxima lejanía en cuanto a lo real”. Comprender esto para el Dasein es entender lo que pasa con la muerte. “La muerte es la posibilidad de la imposibilidad de todo comportamiento hacia (…), de todo existir”. Con la muerte se le cierra al Dasein todo pro-yecto. En la medida en que vivimos es obvio que nos acercamos hacia la muerte misma, pero ello no significa que la posibilidad de la muerte admita un más o un menos, sino que esta es “la posibilidad de la inconmensurable imposibilidad de la existencia”. Este adelantarse hasta la muerte es lo que hace posible por primera vez para el Dasein la posibilidad de la muerte y la deja libre en cuanto tal.
9. El Dasein se caracteriza por estar siempre adelantándose. Por tanto, este adelantarse implica la abertura a su extrema posibilidad. Adelantarse al más propio extremo poder-ser abre al Dasein a la posibilidad de la “existencia propia”. Se nos dice a continuación que para comprender la constitución ontológica de la existencia propia tenemos que comprender en qué consiste concretamente este adelantarse hasta la muerte, es decir, este particularísimo “abrir anticipante” que es el de la muerte. Esta comprensión no quiere decir quedarse en una contemplación teorética de alguna cosa, sino experimentarse a sí mismo en el poder-ser que aparece en el proyecto. Por esto mismo, el texto nos remite al parágrafo 31 en el que se habla del comprender que “es siempre afectivamente templado”.
10. En este párrafo se nos dice que el estar vuelto hacia la muerte abre al Dasein “su más propio poder-ser”. Al mismo tiempo, adelantándose a la muerte, el Dasein se escapa del mundo del uno.
11. La muerte, junto con ser la posibilidad más propia, es una posibilidad irrespectiva, y esto quiere decir que el Dasein tiene que hacerse cargo por sí mismo de esa posibilidad de ser en que se juega su ser propio. En la muerte queda de manifiesto en forma muy particular la singularidad del Dasein. El adelantarse de la muerte aísla al Dasein en sí mismo. ¿Qué significa esto? No es que el Dasein quede solo, sin mundo y sin los otros, sino que es la vuelta del Dasein sobre sí mismo, es decir, la vuelta al hecho de ser-cada-vez-mío (Jemeinigkeit). En el modo propio de la existencia, aun cuando el Dasein está en la ocupación y en medio de otros, no está refiriendo su ser a los otros. Y esto es posible tan solo cuando el Dasein mismo se posibilita para ello. El Dasein no puede abandonar sus estructuras esenciales de la ocupación y la solicitud, pero precisamente a través de estas estructuras tiene la posibilidad de proyectarse a su modo de ser más propio y no hacia el uno.
12. Este párrafo nos habla del carácter de insuperabilidad que tiene la muerte en el Dasein. Estar vuelto hacia la muerte hace al Dasein comprender que ante sí se abre la extrema posibilidad “de renunciar a sí mismo”. Adelantarse es algo distinto al modo impropio de estar vuelto hacia la muerte porque pone al Dasein en libertad frente a ella y nos permite comprender y elegir por vez primera en forma propia las posibilidades fácticas que se nos abren en la vida. Al comprender que ha de renunciar a sí mismo, el Dasein abandona un obstinado sujetarse a la vida. Estando libre, además, para realizar sus posibilidades más propias y comprendiendo y haciéndose cargo de la propia finitud, el Dasein echa fuera [bannt] aquellas posibilidades de la existencia de los otros que lo superan a él mismo, o bien, las fuerza, malinterpretándolas, a entrar en la propia existencia “renunciando así a su más propia existencia fáctica”. En otras palabras, el modo propio de existir del Dasein es lo opuesto a vivir la propia existencia teniendo como medida de referencia a los otros. El modo propio de existir del Dasein consiste en aceptar tanto su propio ser como el de los otros. Así el Dasein puede “comprender, como coestar, el poder-ser de los otros”. En la frase final se señala que el adelantarse hasta la muerte abre también las posibilidades anteriores al momento de morir y, por lo tanto, el adelantarse es lo que otorga la posibilidad del Dasein de poder-estar-entero, que era precisamente lo que se buscaba.
13. En este párrafo se habla de la muerte en tanto que “es cierta”. “Estar cierto” significa que se está seguro de que algo es verdad. ¿Cómo se presenta al Dasein esta certeza de la muerte? Solamente en cuanto el Dasein se adelanta hasta la muerte como su poder ser más propio. Se resume todo esto en la frase siguiente: “La aperturidad de la posibilidad se funda en la posibilitación que se adelanta”. Nuevamente vemos en Heidegger una manifestación de que la verdad se presenta en una experiencia de vida y no en una meditación teorética. No es que primero se conozca la verdad teórica de que los hombres se mueren y que, por consiguiente, yo me voy a morir, sino que es en el hecho del adelantarse donde se nos presenta la certeza de la muerte. La certeza de la muerte es muy diferente a la certeza de las cosas que están ahí; la muerte no es algo que está-ahí. No se obtiene la certeza por la estadística de las personas que mueren. Las cosas que están ahí comparecen en su forma más pura en un descubrir contemplativo del ente en sí mismo. Este des-cubrir lo realiza el Dasein para conocer el ser de las cosas en las que se encuentra perdido y ello es una tarea del cuidado, de la Sorge que constituye el ser del Dasein (ver capítulos Quinto y Sexto de la Primera Sección). Que la certeza de la muerte no tenga el carácter de la certeza de las cosas que están ahí no implica que su certeza sea inferior a la evidencia apodíctica de las cosas que están-ahí. Es una certeza de orden distinto.
14. Este párrafo señala la diferencia entre la certeza que corresponde a los entes que están dentro del mundo o a objetos formales y la certeza que tiene el Dasein de su propia muerte, la cual “es siempre la mía propia” y, por lo tanto, más originaria, más radical que la certeza que tenemos de los otros entes. “Aquella certeza de la muerte está cierta del estar-en-el mundo” (la cursiva es nuestra), es decir, no duda del estar-en-el-mundo y, por tanto, no se refiere a “un comportamiento del Dasein”, sino a la totalidad de la existencia del Dasein. Anteriormente se había señalado que solo en el adelantarse el Dasein está cierto de su ser más propio en su integridad. Ahora bien, las vivencias del yo y de la conciencia quieren estar ciertas del Dasein entero y propio, “del Dasein que soy yo mismo”. Pero, como este se abre solamente en el adelantarse, las vivencias y la conciencia no pueden tener por verdadera la evidencia que quieren.
15. Este párrafo habla del carácter indeterminado de la certeza de la muerte y se hace la pregunta acerca de cómo es posible que la certeza de la muerte que se abre en el adelantarse sea, sin embargo, siempre indeterminada en su cuándo. El Dasein en el adelantarse está abierto a “una constante amenaza que brota desde su mismo ‘Ahí’”, es decir, desde su propia existencia. En esta amenaza el Dasein se tiene que mantener sin atenuarla y esto le da su carácter a la indeterminación de la certeza. ¿Cómo es esto posible? Sabemos que todo comprender está afectivamente templado y este temple afectivo abre al Dasein a su condición de arrojado, es decir, al hecho de que “existe”. Ahora bien, este texto se refiere a lo que se había dicho en el parágrafo 40: “La disposición afectiva capaz de mantener abierta la constante y radical amenaza de sí mismo que va brotando del ser más propio y singular del Dasein es la angustia”. En la angustia el Dasein se encuentra puesto ante la nada de su posible no existencia. “El estar vuelto hacia la muerte es esencialmente angustia”. Este mantenerse en la angustia es tan fuerte que el Dasein lo convierte habitualmente en miedo, que no es sino la cobardía ante la angustia.
16. Este párrafo es un importante resumen de todo lo dicho anteriormente, es decir, de todo aquello que hace posible finalmente “la libertad para la muerte”. Esta frase está especialmente destacada en el texto de Heidegger.
17. Lo que se ha desarrollado hasta ahora es el estar vuelto hacia la muerte como posibilidad ontológica, pero queda pendiente una cuestión muy importante: ¿cómo es posible existentivamente esta posibilidad ontológica para el Dasein? Se ha visto la posibilidad del estar entero del Dasein solo desde una perspectiva ontológica, pero no se ha propuesto algún modo como sería posible vivir ónticamente esta posibilidad ontológica. La frase “ni imponérselo ‘desde fuera’” indica que es el propio Dasein quien tiene que ver desde sí mismo el correspondiente poder-ser óntico. En seguida, se formulan dos preguntas: 1. ¿Se proyecta de hecho alguna vez el Dasein en semejante estar vuelto hacia la muerte? 2. ¿Exige el ser mismo del Dasein un modo propio “de poder-ser que esté determinado por el adelantarse?
18. Habrá que indagar entonces hasta qué punto se da un testimonio en el Dasein de la posibilidad de un modo propio de estar vuelto hacia la muerte.
19. El problema que se nos plantea aquí es si acaso el adelantarse hacia la muerte, que hasta ahora solo se ha proyectado en su posibilidad, puede ser atestiguado ónticamente por el Dasein mismo. Y surgirá la pregunta por la relación entre la posibilidad ontológica del adelantarse hacia la muerte con el propio poder ser fáctico del Dasein.
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