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Al llegar la década de 1990, los años iniciales presentan semejanzas frente a lo visto en los ochenta; es decir, es posible reconocer aún la hegemonía conversacional en el desarrollo de varias de sus dimensiones: la culturalista, la callejera, la que representa el discurso malditista e incluso, aunque en menor medida, la que corresponde a las coordenadas propuestas por el llamado boom de la poesía escrita por mujeres. Incluso aparecen colectivos como Neón o Noble Katerba, de signos semejantes a los de los ochenta. Este proceso de consolidación y auge de lo conversacional hizo difícil que otras vetas que se desarrollaron paralelamente pudieran ser visibilizadas con la misma nitidez o valoradas sin sesgos que las tacharan frecuentemente de “pasatistas” o cuando menos las relegaran al casillero, de cierto prestigio pero de poco impacto, de lo insular. Entre otros ejemplos que pueden citarse está el de los libros iniciales de José Morales Saravia, hoy reconocidos como textos precursores del neobarroco local; el de Vladimir Herrera, sobre todo de su obra posterior a Mate de cedrón, o los de Alfonso Cisneros Cox, Carlos López Degregori y Magdalena Chocano. Todos ellos debieron esperar a que, entre mediados y finales de los años noventa, al lado de un proceso de mayor dispersión discursiva en los actores más jóvenes de la escena literaria —que va muy de la mano del discurso posmodernista de la caída de los grandes relatos y del desconcierto ante la violencia agudizada en los primeros años de la década y el surgimiento de un nuevo gobierno dictatorial, paradójicamente apoyado mayoritariamente—, se mirara de otro modo no solo la pluralidad de posibilidades recorridas en esos años por ellos mismos, sino también la algo ocultada complejidad de la poesía de las décadas anteriores. Incluso, con estas nuevas revisiones cobra mayor importancia la propia diversidad dentro del registro conversacional, que se percibe entonces incluso más variado y abierto.51 Casi todos estos poetas han sido reconocidos por esta consulta.
El panorama esbozado en las páginas anteriores estuvo atravesado por dos aspectos que volvieron aún más complejas su configuración y su dinámica. Uno es la correspondencia con momentos muy agitados de transformaciones sociales y de luchas políticas e ideológicas, cuando menos durante las décadas de 1970 y 1980. En ese contexto, las batallas por la legitimidad y representatividad poética —el “capital simbólico” de los involucrados— no correspondían únicamente a las conocidas batallas entre viejos consagrados y nuevos poetas en busca de reconocimiento, sino que estas se entremezclaron con agudas discusiones y conflictos vinculados con la procedencia social de los actores en las luchas literarias, su posición ideológica y las consideraciones sobre el papel que debe cumplir o no la poesía en la sociedad. Ejemplos evidentes de esto se pueden observar en prácticamente todos los manifiestos de los grupos mencionados en las páginas precedentes. En los años noventa, y no solo en los poetas que comenzaron a publicar en este periodo, se puede reconocer una disminución de los acentos políticos en las discusiones literarias.
El otro aspecto por mencionar corresponde a la disminución progresiva de espacios dedicados a la poesía en los medios de difusión masiva. Si bien, incluso durante las primeras décadas del periodo abordado por esta muestra, la poesía peruana gozaba de una destacada presencia en los medios de prensa diaria y suplementos o revistas culturales de amplia difusión, al llegar los años noventa, y sobre todo a partir de la consolidación del modelo neoliberal en la economía peruana, la atención dada a la literatura se ha visto considerablemente mermada, a la vez que casi ha desaparecido la que se brindaba a la poesía. Lo que queda, o se limita a notas y recensiones reducidas a su mínima expresión, o se dedica a nombres habitualmente conocidos, sin que se observe un riesgo ni una vocación en los medios de prensa por indagar acerca de lo que ocurre poéticamente en el país y asumir, de ese modo, su responsabilidad en la construcción de una imagen, discutible pero al menos cabal, de la poesía peruana. Hay, por supuesto, excepciones, pero que no alcanzan para significar una contraparte necesaria frente a la dinámica producción poética de nuestro país. Ante tal vacío, son varios los espacios de internet que han aparecido en los últimos años y permiten un cierto nivel de información y discusión, sobre todo blogs, Facebook y diversas publicaciones en la red, pero sin lograr constituir, aún, una escena suficientemente sólida y plural que signifique una clara referencia para aquellos interesados en seguir los derroteros de la poesía peruana.
Estas últimas observaciones nos devuelven al problema que referíamos en páginas anteriores acerca del desconocimiento de muchos opinantes respecto de los nombres de la lista referencial. Por razones obvias, entonces, nombres como el de Chrystian Zegarra —que ha publicado ya tres poemarios de gran interés, uno de ellos ganador de un premio Copé de poesía, pero que no solo vive fuera del Perú sino que tampoco se ha interesado por una difusión más amplia de su obra posterior a su etapa como miembro de Inmanencia, uno de los grupos poéticos de los noventa— no ha sido referido por suficientes autores como para integrar la muestra que ofrecemos. El alejamiento del Perú podría explicar, también, la ausencia de Reynaldo Jiménez, cuyos textos han sido recogidos en las más importantes muestras de poesía neobarroca latinoamericana. Razones vinculadas con la poca circulación en nuestro medio de los libros más recientes de Maurizio Medo, todos escritos en Arequipa, podrían explicar su ausencia en esta muestra, mientras paralelamente viene concitando creciente atención en el ámbito latinoamericano. Está también el caso de Odi González, a quien ya mencionamos, o el de Josemári Recalde, que dejó un solo libro, valioso e innovador en varias de sus propuestas, pero que tal vez por su corta trayectoria pública no llegó a llamar la atención sobre su obra, quizá opacada por su trágica muerte. Tal vez más comprensible resulte el caso de Enriqueta Beleván, que luego de sus Poemas de la bella pájara hornera (1984) no ha publicado otro poemario y se encuentra voluntariamente alejada de los espacios habituales de circulación de poesía. Todos estos autores (al igual que Enrique Sánchez Hernani y Alfonso Cisneros Cox, entre otros) merecerían haber integrado nuestra antología, tanto como varios que sí fueron mencionados de modo suficiente.
Podemos concluir estas páginas reconociendo que el campo literario percibe en la actualidad el fin de un gran ciclo narrativo-conversacional hegemónico. No es que este haya desaparecido o no entregue ya hallazgos consistentes. Ocurre que es solo un sector en el seno de una totalidad de tensiones que evidencian un panorama complejo y en constante ebullición en el que están cobrando importancia registros neoexpresionistas, neovanguardistas o neobarrocos. El hecho de que en esta muestra aparezcan autores como Chirinos Cúneo, Vladimir Herrera, Morales Saravia, Chocano o Rafael Espinosa, que han tenido una presencia casi secreta en los recuentos citados, indica el cambio en la mirada y la valoración de nuestros lectores. Lo mismo se puede decir de la importancia, ya mencionada, de poetas cuyas voces están marcadas por la hibridez cultural. Por otro lado, llama la atención que varios de los poetas que más menciones obtuvieron no sean los más representativos de la poética urbana y del registro narrativo conversacional. Watanabe se diferencia de la mayor parte de sus contemporáneos y propone una obra mucho más reflexiva, parabólica y con una preocupación por la palabra exacta y contenida. Verástegui es mucho más experimental y sintoniza con las rupturas del vanguardismo y la experimentación formal; Ollé, que por edad corresponde al mismo periodo, ensaya una propuesta que cuestiona las convenciones sobre las identidades genéricas textuales y sexuales e inaugura la irrupción de voces femeninas de los ochenta. Igualmente, la aparición, entre otras, de las obras de Montalbetti, Santiváñez, De Ramos, Di Paolo, Chirinos o López Degregori, todos con una escritura que recorre caminos distintos, muestran la pluralidad en la poesía peruana que se produce en este momento. Y con esto no estamos refiriéndonos a un supuesto canon estrecho e inamovible, sino a un espectro más amplio y mutable, y por ello mismo provisional, que refleja, eso sí, un reconocimiento dentro del campo literario peruano. Todo esto demuestra que el consenso relativo alcanzado por nuestra consulta dista mucho de cualquier visión tradicional de la poesía peruana.
Los cuatro autores que firmamos este libro estamos convencidos de la importancia de nuestra propuesta aunque alguna vez pensamos que hubiera sido más cómodo atender los versos de Paladas de Alejandría citados al inicio de este prólogo. Creemos que este volumen se convertirá en una referencia importante para observar el proceso de la poesía peruana contemporánea. El lector tiene la palabra.
Lima, marzo del 2011
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Mangeur d’illusions, óleo sobre tela, 2.00 x 2.10 mm, 1985
Manuel Morales
(Iquitos, 1943 - Porto Alegre, 2008)
• Poemas de entrecasa. Lima: Universidad Nacional de Educación, 1969.
NO BUSQUEN UNA PATRIA
que contenga rosas. Hoy
ya no existen las rosas. Sólo existe
una patria en la palma del pecho
y otra
en el centro del ojo.
Sigan buscando rosas. Encontrarán
un balazo en el pecho
y otro
en el centro del ojo.
SI TIENES UN AMIGO QUE TOCA TAMBOR
Si tienes un amigo que toca tambor
Cuídalo, es más que un consejo, cuídalo.
Porque ahora ya nadie toca tambor,
Más aún, ya nadie tiene un amigo.
Cuídalo, entonces,
Que ese amigo guardará tu casa.
Pero no lo dejes con tu mujer, recuerda
Que es tu mujer y no la de tu amigo.
Si sigues este consejo, vivirás
Mucho tiempo. Y tendrás tu mujer
Y un amigo que toca tambor.
IDIOSINCRASIA
Estamos acostumbrados a las mentiras.
Nos tratan peor que a negros.
Nos humillan peor que a negros.
Hasta nos venden como negros.
Y este país es el despelote.
Con el cuento del pueblo — nos estafan.
Nos hacen a diario el cuento del tío.
Estamos acostumbrados a las mentiras.
Al tira y afloja de unos cuantos pendejos.
Pero ya se les va acabar,
Porque un día de estos se nos sale el indio.
RESUCITO
Aquí va esto que es mi historia.
Yo resucito todos los días
de los desayunos. Me cuelgo
en realidad de las tazas?
Soy en verdad un ángel o farsante
o como diría aquel, que está
sentado y se rascó la espalda,
“eres un tal por cual”
Pero que me importa. 190 veces
me repito lo mismo,
cuchomil novecientas veces
me repiten lo mismo.
Adivino que eso es la historia.
El levantarse desnudo,
ponerse los zapatos, maldecir
la burocracia, no da derecho
a ser considerado poeta social.
Será mi suegra poeta social?
Ojito ojito: si se ponen de acuerdo
ya saben dónde encontrarme. Yo resucito
todos los días de los desayunos.
USOS SON DE LA GUERRA
—En el amor y en la cama
Napoleón fue un fracasado. No digo lo mismo
en la guerra. Su éxito
consistía en envolver al enemigo,
y Francia lo tuvo
como su más grande hijo predilecto;
y le dio fama
y sus más hermosas mujeres.
Grande en estrategia
y corto en pene, en la cama.
mandaban sus mujeres (La victoria
correspondió a sus generales).
EL TRUCO DE ESTE MUNDO
Ahora tenemos que ser parcos.
La alegría nos reconforta
como un hermano.
Pero el mundo no está hecho
a la medida de nuestros sueños.
Tenemos ganas de encendernos
a cada instante
mirar una calle, hablar
hasta cansarnos
porque atrás
una sombra nos persigue.
Es decir, este mundo
tiene su truco.
El mundo es como un lunar
en el rostro de una muchacha.
No podemos inventar paraísos
porque no estamos
autorizados para ello.
Ahora tenemos que ser cautos.
No presumir que nuestro corazón
es puro y, calladamente,
adaptarnos
al truco de este mundo.
LA MALA DISTRIBUCIÓN DE MI TIEMPO
Jamás he negado que tengo malas costumbres.
Sobre todo cuando el sol hace garabatos en mis ojos,
o cuando una muchacha me sonríe con su blusa amarilla.
Por eso siempre que puedo dirijo mi batuta hacia mis viejos,
y hacia esos despojos solemnes que frecuentan mi casa;
a la abuela, sobre todo, que aún sueña con Rodolfo Valentino.
Este tiempo asqueroso que me ha tocado vivir lo tengo mal distribuido,
hablo demasiado y no construyo más que castillos en el aire;
y de noche me atormento como un miserable y hago invocaciones al
Marqués de Sade.
Pero a veces yo me escapo de esta rutina y frío monos en la sartén de palo;
vivo en constante peligro de encontrarme con la horma de mis zapatos,
de encontrarme con algún enemigo que me ponga los puntos en las íes,
o de que mi padre se encarache y me mande al diablo.
Pese a todo visito las cantinas,
escupo en los lugares públicos donde no debo hacerlo,
y toco los timbres de los vecinos y corro como un cretino.
Ya los policías se han dado cuenta y me tienen entre ojos,
me marcan a presión y me han acusado de tener malas costumbres;
y el día que me agarren la voy a pagar una por todas.
Pero yo me río,
porque este tiempo asqueroso que me ha tocado vivir
lo tengo mal distribuido.
de Poemas de entrecasa
RÉQUIEM PARA EL SORDOMUDO JACK QUINTANILLA QUE DEJÓ LA VIDA TIRADA SOBRE LOS ASFALTOS (HISTORIA DE CHOBORRAS)
Te acordarás de este otario
que un día, cansado
se puso a ladrar...
(Yira... Yira... tango)
ENRIQUE DISCÉPOLO
Por primera vez desde aquel encuentro
En La Chilena el sol se habrá borrado de su rostro. Y ebrios y gamberizos,
Choborras y guaraperos abrieron su corazón rojo-pisco al desborde
De la ternura. Jack Quintanilla sumido en la niebla.
Imagino también a la canalla, fracasados triunfantes de la vida. A Toto,
Obdulio, Rafo, Al Trabuzón Zapata, Al Mocho Gutarra y Dedalito, amigo
De las grandes procacidades y el trago corto Y las muchachas antiguas
Criaturas pasadas de moda— buitriando un gato de los mil demonios,
No es menos interesante, por cierto, la historia de Faltapincho castrado
En la guerra del Chaco. Jack Quintanilla sumido en la niebla
Y esa terrible mirada condimentada con ajos y cebollas, esa terrible
mirada antologizando los principales burdeles y chongos de la costa, es
De pronto en picada una campana apachurrada bajo las ruedas de un FORD.
(Intuyo que nuestro tiempo llama presto a celebrar la amistad).
Un rumor de botellas vacías los separaba para siempre. Y Bienvenido
Granda,
Daniel Santos y la Sonora Matancera, y otras caliginosas voces,
Se adhieren al merecido homenaje y callan desde a radiola AMI music,
Y hasta Sudapisco, el perro
Alcohólico de Marambio, tirado sobre los gargajos.
Y el aserrín ocre del piso, deja escapar lágrimas caninas, testimonio
Del más grande homenaje. Jack Quintanilla bajo los neumáticos.
Y dicen las malas o buenas lenguas— que llegó de Chincha con dos
Soles cincuenta y una chalina. Afirman. Sordomudo de nacimiento.
Su idioma, indiscutible, mágico mundo de señales, era
Para entenderlo de corazón a corazón. El mundo aparecía en sus manos,
Hasta aquí mi historia no deja de ser cierta. Había recibido 10 kilos.
Y decidir celebrarlo con los amigos. Y fui a buscarlos donde siempre.
Sabido es que en La Chilena, los borrachos
Arrojan sus problemas a empellones, las sillas vuelan
Y nadie sabe quién pegó a quién. O mejor dicho,
Los entripados y los pleitos de barrio comienzan en la calle; hasta que,
Finalmente, uno se arma de coraje y decide concluirlos en La Chilena.
(Por supuesto que hay libertad de cátedra y carajos).
Cuando llegué después de seis meses de exilio voluntario, de pugnas
Y claudicaciones interiores, todos estaban con el suelo en los ojos
Jack Quintanilla sumido en la muerte. Había
Dejado la vida tirada sobre los asfaltos, para siempre
Y ahora que estoy en Chincha con Jorge Vega, con Enano y Peluca, yo
Le ofrezco dos palmadas de tierra de mi corazón. Jack Quintanilla.
Descansa en paz.




