Sobre Víctimas y Victimarios

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Entretanto, Ramírez no pudo asimilar que su antiguo aliado el General Estanislao López hubiera firmado ese tratado con Rodríguez y Bustos y menos aún que lo hubiera hecho a sus espaldas y el mismo día en que él, era ungido como Jefe Supremo en Gualeguay. ¡Qué revés le propinaron al orgullo del Supremo Entrerriano!.
Ramírez se encuentra solo. Se ha enemistado con Estanislao López, su antiguo aliado, en Córdoba se granjeó la enemistad del General Bustos y el Gobernador de Buenos Aires Martín Rodríguez, rápido de reflejos, comprometió su apoyo a las fuerzas de Bustos y López a la vez que privó de armamento y hombres a Ramírez.
Bustos, López y Rodríguez consideraban que Ramírez constituía una amenaza para la unidad del país y así se le esfumó a Ramírez la posibilidad de liberar la Banda Oriental.
Desengañado, el caudillo entrerriano busca apoyo donde sea. Pretende seguir la lucha a toda costa contra los firmantes del Tratado de Benegas aunque se encuentre en inferioridad de condiciones respecto a ellos. Su vehemencia lo lleva a aliarse con una “mala yunta”, el chileno José Miguel Carrera que en ese entonces había logrado sublevar a los indios ranqueles del oeste de la Provincia de Buenos Aires que malonearon a su antojo causando grandes pérdidas a los porteños.
Ramírez inició su última campaña en mayo de 1821. Al comienzo tuvo algunos pequeños éxitos y hasta logró vencer al General Lamadrid en la Primera Batalla de Coronda el 24 de mayo de 1821 pero ésta fue una victoria pírrica ya que le costó casi la mitad de su tropa.
Su situación era desesperante pues el Coronel Mansilla quien debía desembarcar con la infantería en Santa Fé lo traicionó, tal como él mismo relata en sus memorias. Así fue que la infantería no se unió a Ramírez y la flota que debía transportarla fue destruida. De esta forma quedó sin medios para retornar a su provincia, obligado a combatir en Santa Fe y a abrirse paso hacia el norte siempre en inferioridad numérica.
Para empeorar aún más su situación, apenas dos días después, el 26 de mayo de 1821 fue derrotado por Estanislao López en la Segunda Batalla de Coronda hecho que redujo aún más sus escasos efectivos y lo obligó a dirigirse hacia el oeste ya que había sido bloqueado por el norte el camino hacia Córdoba.
Pocos días más tarde, pudo reunir sus fuerzas a las de Carrera en Córdoba pero el 16 de junio de 1821 fueron derrotados por el General Juan Bautista Bustos en la batalla de Cruz Alta. Carreras huyó y fue arrestado en Mendoza mientras que Ramírez huía hacia el norte siendo perseguido por una partida de López.
Finalmente, el 10 de julio de 1821 el Comandante Juan Luis Orrego lo derrotó en una breve batalla en Chañar Viejo (cerca de la Villa de Santa María de Río Seco y de San Francisco del Chañar).
Según los apuntes proporcionados por el Coronel Anacleto Medina al General Antonio Díaz y que fueron escritos por su secretario Antonio Machado ya que Medina era analfabeto, la muerte de Ramírez se produjo de la siguiente manera:
“El día que marchamos sobre el Arroyo (Río) Seco - narra el autor, nos dirigimos a un paraje llamado San Francisco, donde acampamos, y allí amanecimos. Era éste un valle, entre un palmar y una cañada. Cuando aclaró el día, salió de entre el palmar una fuerte guerrilla con un escuadrón de protección, por el lado donde yo estaba. Inmediatamente pasé el parte al general (Ramírez), que estaba como a veinte cuadras de distancia con la poca fuerza que tenía; cuando estas guerrillas salieron del palmar, se vinieron sobre la vanguardia a mis órdenes cuyo número no alcanzaba al completo de un escuadrón; las cargué, derrotando las guerrillas y arrollando la protección. “En ese momento salieron de entre los palmares dos fuertes divisiones, las cuales se interpusieron y me cortaron de modo que me impidieron la incorporación con el general. Estas fuerzas se fueron sobre él, mientras que tres escuadrones se vinieron sobre mí y empezaron a perseguirme; pero yo siempre logré sostenerme en mi retirada, sin que consiguiesen deshacerme, cruzando un algarrobal ya no me quedaban sino cincuenta y tantos hombres. Entretanto, yo no podía saber cuál había sido la suerte del general, cuando se me presentó un soldado de su escolta y, acercándose a mí, me dijo; “Comandante, póngase a la cabeza de la fuerza, que a nuestro general lo han muerto”. La persecución sobre mí cesó desde que yo me interné en el algarrobaI. En seguida aparecieron cuatro soldados más de los nuestros, que traían a la mujer que acompañaba al general, a la que habían salvado de entre los enemigos”.
“Respecto de lo que se dijo, que la muerte del General Ramírez fue por salvar a la mujer que lo acompañaba, es incierto: porque, después de deshecho, cuando se retiraba con seis u ocho hombres buscando mi incorporación, lo persiguió una mitad de tiradores al mando de un oficial porteño que, siendo su ayudante, lo había traicionado pasándose al enemigo. Conociéndolo el general, les dijo a los pocos hombres que le acompañaban “Volvamos cara y carguemos a ese pícaro traidor que nos viene persiguiendo”. Así fue, pero en la carga que les dio, los perseguidores hicieron una descarga resultando él solo herido y como a las dos cuadras de distancia cayó del caballo. Esta fue la declaración de los soldados del piquete que lo acompañaban, información que resultó exacta”.25
La mujer que menciona Medina en su relato era la concubina del General Ramírez y se la conocía como La Delfina. Esta mujer fue rescatada por el Coronel Anacleto Medina quien salvó su vida y cruzó las provincias de Santiago del Estero, autorizado por Felipe Ibarra, el Chaco y Corrientes para regresar con ella a Arroyo de la China 26 medio muertos de hambre y de sed. La Delfina sobrevivió 18 años a Ramírez y falleció en Concepción del Uruguay en el año 1839 a la edad de 35 años.
Francisco “Pancho” Ramírez fue decapitado y la partida que lo venció puso rumbo a Santa Fé para entregar el macabro trofeo al General Estanislao López quien había anunciado que colocaría la cabeza de Ramírez en una jaula cuando la obtuviera.
Para que se conservara de manera “presentable” López ordena embalsamarla y la tarea recae en el médico Manuel Rodríguez. Cuando finalizó el proceso, entregó la cabeza embalsamada junto con un documento donde se detallan sus gastos y honorarios y cuyo contenido a continuación se transcribe:
“RELACION DEL GASTO OCASIONADO PARA PRESERVAR DE CORRUPCION LA CAVEZA DEL FINADO SUPREMO DE ENTRE RÍOS FRANCO RAMIREZ, EL QUE HE VERIFICADO POR MANDATO DEL GOBERNADOR SUBSTITUTO DE ESTA PROVINCIA.”
“Por doze pesos de estrato de Vino ratificado............................12
Más de diez pesos de iodo alcanforado....................................10
Por veinte pesos de mi trabajo personal por las operaciones que he executado con la expresada Caveza, como son la del Trépano i demás Cirúrgicas cuyo valor es sumamente ínfimo como lo descontará qualesquiera Facultativo en el dicho Ramo............20
IMPORTA PESOS...................................42.
Por manera que según la Cuenta que precede asciende esta a la cantidad de cuarenta y dos pesos y por ser así firmo el presente documento en la Ciudad de Santa Fe a 23 de julio de 1821.
Manuel Rodríguez.”27
Posteriormente, según orden de López, la cabeza embalsamada del caudillo entrerriano pasó a ser exhibida en la Iglesia Matriz, frente a la bandera, en una jaula “… para perpetua memoria y escarmiento de otros que, en lo sucesivo, en transporte de sus aspiraciones, intenten oprimir a los heroicos y libres santafesinos”. 28
Al morir Ramírez, se terminó La República de Entre Ríos. El coronel Mansilla quien traicionara a Ramírez en mayo de 1821, se levantó en armas contra el Gobernador Ricardo López Jordán y se hizo elegir gobernador en 1823. Como consecuencia de este acto recuperó la autonomía la provincia de Corrientes y, a fines de octubre de 1823, López Jordán se exiliaba en Paysandú lugar donde nacería su hijo del mismo nombre quien sería el último caudillo federal de Entre Ríos y del país. Mansilla, por su parte, se alió con Santa Fe y Buenos Aires y el 22 de enero de 1822 se firmó el Tratado del Cuadrilátero, que convocaba un nuevo congreso en Buenos Aires.
El historiador César Pérez Colman recuerda así la figura del Supremo: “El hombre, que durante una década había ocupado los más altos cargos en el ejército y gobierno de su provincia; no tenía en propiedad ni un centímetro de tierra para dejar como herencia (…) En cambio legó a su pueblo el caudal de su limpia foja de servicios a la Patria por cuya grandeza, cohesión y unidad luchó hasta el último aliento de su vida”.
Con el correr del tiempo, la tuberculosis fue limando la salud de López y lo obligó a delegar el mando cada vez con mayor frecuencia en su cuñado Domingo Cullen. Pese a ser atendido solícitamente por el Doctor Lepper, inglés y médico personal de Rosas falleció en Santa Fé el 15 de junio de 1838 a los 52 años de edad.
Se desconoce la identidad del degollador de Ramírez.
El cuerpo de Francisco Ramírez permaneció insepulto luego de su muerte y fue devorado por las aves de rapiña y animales de presa. Su cabeza fue retirada de la Iglesia Matriz y exhibida posteriormente colgada de un gancho en el frente del Cabildo de Santa Fé. Se cree que fue sepultada en esa época en algún lugar del predio de la Iglesia Nuestra Señora de la Merced. En la actualidad, esa misma iglesia, posee el nombre de Nuestra Señora de los Milagros. Los gobiernos de Entre Ríos y Santa Fé han coordinado esfuerzos desde 1999 para tratar de hallar la cabeza del prócer pero hasta el momento los resultados han sido negativos.
CAPÍTULO V
Manuel

Desde el 01 de diciembre de 1828, oportunidad en que fue depuesto como Gobernador de la Provincia de Buenos Aires y, mientras escapa hacia el norte de la misma, el Coronel Dorrego de cuarenta y un años, nacido como Manuel Críspulo Bernabé, cada vez que puede tomarse un resuello, piensa y rememora.
No reniega de haber abrazado la carrera de las armas luego de abandonar sus estudios de jurisprudencia en la Real Universidad de San Felipe de Santiago de Chile. Eran tan incompatibles con su personalidad como el agua y el aceite.
Reflexiona y acepta que su temperamento díscolo y sanguíneo lo perjudicó. Por indisciplinado no participó en la Segunda Campaña al Alto Perú por orden de Belgrano quien posteriormente lamentó no tenerlo a su lado en Vilcapugio y Ayohuma. ¿Podría haber contribuido a cambiar el destino en esas batallas? ¿Quién podía asegurarlo? Le daba mucho crédito el general Belgrano, no era para tanto, piensa.
También fue sancionado por San Martín por faltarle el respeto a Belgrano durante una reunión de Oficiales para unificar las voces de mando. Lamentó haberse burlado de la voz aflautada del General, pero lo hizo y, por esa broma de mal gusto y la actitud inmadura e irrespetuosa que evidenció, tampoco participó de la Tercera Campaña al Alto Perú.
¡Qué noble fue su General Belgrano!, ¡íntegro como pocos!, él mismo lo ascendió a Coronel y hace diecisiete años que ostenta esta jerarquía y, según entiende, el generalato debe obtenerlo en el campo de batalla y no en un escritorio.
Su carácter poco apegado a la disciplina fue directamente proporcional a su aplomo y valentía en el campo de batalla, recuerda sus heridas en la Batalla de Amiraya y su participación en los combates de Sansana y Nazareno y en las batallas de Marmarajá, Guayabos, San Nicolás de los Arroyos, Pavón y Gamonal que, finalmente, fueron esfuerzos estériles para imponer su ideario federal.
Y recuerda también, amargamente, el día que se entrevistó con Pueyrredón y que desembocó en su arresto y posterior destierro. ¡La pucha, que ingrato! Terminar de ese modo por cantarle las cuarenta a quien presume de ser un soldado y por el temor que tiene de que se levante contra su autoridad. El diálogo entre ambos se habría producido, de forma entre altanera e irónica, más ó menos así:
-“La alternativa en que estamos es cruel, Yo declaro, señor, que nunca he de hacer armas contra el gobierno con los soldados que el gobierno a puesto bajo mis órdenes. Pero declaro también que si V.E. insiste en que marche hacia Mendoza, puede nombrar desde luego otro jefe para el batallón N° 8, porque yo no iré con él.”
-“Lo he oído a Ud. con suma atención, señor coronel, y lamento que un oficial tan importante esté sujeto a estos delirios. Le he llamado porque el gobierno y el general deseamos que Ud. coopere.”
- ¡Gracias! ¡gracias! – dijo irónicamente Dorrego – yo no aceptaré, señor, tanto favor”.
-Ud se olvida, coronel, de que habla con el Jefe del Estado, y que tiene también deber de recordar de que habla con un hombre que ha sido su jefe al frente de los enemigos.
-No recuerdo en cual campo de batalla habrá sido eso, señor director. Mis charreteras no son sino las de un coronel; pero no las he ganado convoyando cargas, sino grado a grado en acciones de guerra en que no recuerdo haber tenido jamás el honor de ver a V.E.”
El destierro en Baltimore, no hizo más que robustecer su posición republicana y federal.
El Coronel revisa su apero y sus armas y vienen a su memoria dulces recuerdos, su matrimonio con Angela Baudrix y el nacimiento de sus hijas Isabel y Angelita. ¡Qué daría por pasar un instante junto a ellas!
De repente, se le oscurece el semblante cuando piensa en Rivadavia, ese mulato engreído que ha sido un castigo para la revolución. Nos dejó en pelotas, endeudados, negoció de la peor manera la paz con el Imperio del Brasil, privó a San Martín de los recursos que tanto necesitaba y hasta pretendió expropiar los bienes de la Iglesia Católica y, ¡vaya paradoja del destino! el que dirigió la Revolución de los Apostólicos no fue otro que Don Gregorio García de Tagle, el mismo que junto a Pueyrredón firmó su destierro en 1816. Recuerda también que aunque lo tuvo aprehendido a Tagle, le permite escapar, “no soy un zaino, qué puedo ganar con su desgracia” piensa, “así aprende lo que significa la nobleza”.
El 13 de agosto de 1827, asumió el cargo de Gobernador pronunciando estas palabras:
“Señor presidente, señores representantes: Vuestros votos me han llamado a un honroso pero arduo destino. Mas si algo tiene para mí de lisonjero es porque con él viene envuelta la feliz reorganización de nuestra provincia. Mi primer deber, y en consonancia con mis sentimientos, es felicitaros por tan próspero suceso. La confianza, señores, con que se me distingue es de tan gran peso que yo no me descargaré de ella, sino consagrando mis escasas luces y aún mi propia existencia a la conservación y aumento de nuestras instituciones, y al respeto y seguridad de las libertades. Para arribar a tan altos fines, mis medios de acción serán: religiosa obediencia de las leyes, energía y actividad en el cumplimiento de ellas, y deferencia racional a los consejos de los buenos. Señores Representantes: Para separarme del puesto que me habéis encargado no sólo sería suficiente la sanción vuestra, sino que idólatra de la opinión pública, si no soy bastante feliz para obtenerla, no aumentaré mi desgracia empleando ni la fuerza para repelerla, ni la tenacidad e intriga para adormecerla. Resignaré gustoso un destino que no puede halagar al que se precia de recto, desde que el verdadero concepto público no secunde sus procedimientos. Nada más se puede exigir de mí: el resto es del resorte de la fortuna y de los mismos sucesos. Yo cuento con las luces y cooperación de los señores Representantes y espero la consonancia de todos los amantes del orden y prosperidad de nuestra Patria. Sin tal auxilio mis deseos serían estériles, mis esfuerzos impotentes. La época es terrible, la senda está sembrada de espinas. No es, pues, posible allanarla sin que cada cual concurra con el contingente de conocimientos y recursos contenidos en la esfera de su poder. Felizmente conozco demasiado el patriotismo y virtudes cívicas de todos mis conciudadanos para que ni por un instante pueda hacer lugar a una duda tan injuriosa. Animado con esta esperanza, entro a desempeñar el cargo con que habéis tenido a bien honrarme” 29
Y reanuda su huida el Coronel, con la frustración de saber que ha servido a su patria sin reservas y le han dado vuelta la cara. De nada sirvió impulsar el derecho a voto de quienes no lo poseían, ni el apoyo a los habitantes del campo en su lucha contra el indio, ni su ideario republicano y federal en beneficio de las provincias. El estado calamitoso de la economía, controlada por capitalistas ingleses y sus acaudalados socios locales sumada a la presión diplomática y militar ejercida por Inglaterra lo obligaron a firmar la paz con el Brasil. ¡Cómo explicar a las futuras generaciones de argentinos que pese a los triunfos militares obtenidos por nuestras tropas se independizaba de las Provincias Unidas del Río de la Plata, la Banda Oriental del Uruguay, como consecuencia de una diplomacia negligente y traidora a nuestros intereses!.
El Coronel siempre fue propenso a ganarse enemigos, su temperamento contribuía a aumentar la lista de sus adversarios, así se agregaban políticos, militares, terratenientes, periodistas, día tras día y éstos no eran precisamente santos, ni justos, ni patriotas, mucho menos honestos, sino oportunistas.
Los soldados victoriosos en la Guerra contra el Brasil, a su regreso, pensaron pasarle al Coronel la factura por las penurias padecidas, sin tomar en consideración que fueron Rivadavia, García y Lord Ponsonby los responsables de sus carencias y desgracias.
El coronel no tomó en consideración la advertencia que le hizo Rosas: “El ejército nacional llega desmoralizado por esa logia que desde mucho tiempo nos tiene vendidos; logia que en distintas épocas ha avasallado a Buenos Aires, que ha tratado de estancar en su pequeño círculo, a la opinión de los pueblos; logia ominosa y funesta, contra la cual está alarmada la nación” 30 Cuando leyó su carta no creyó que pudiera concretarse algo semejante. ¡Qué ingenuo fue!, de nada vale lamentarse.
No le queda nada al Coronel, la poca tropa que pudo reunir fue derrotada en Navarro por el General Lavalle. Decide enfilar hacia Salto, buscando la protección de Ángel Pacheco. No logró su cometido y, finalmente, fue arrestado por dos oficiales a quienes creía leales, uno de ellos fue Bernardino Escribano y el otro Mariano Acha.
El 11 de diciembre de 1828, Lavalle informa que Dorrego fue capturado, en estos términos:
“Señor Ministro. En este momento he recibido una nota del teniente coronel de húsares don Bernardino Escribano, dándome parte de haber prendido al coronel Dorrego en las inmediaciones de Areco, y de conducirlo a este punto...
Saludo al señor ministro, repitiéndole mis asentimientos de aprecio”.
“Hasta acá llegamos”, piensa el Coronel. Fue abandonado por los propios federales y condenado por los unitarios.
Prisionero de Lavalle, espera su destino con la ilusión de tener una entrevista con su captor. Su compadre y amigo Gregorio Aráoz de Lamadrid trata de que Lavalle lo reciba pero su esfuerzo es en vano. Mientras tanto, tratan de interceder a su favor José Miguel Díaz Vélez y Guillermo Brown.
El Coronel se entera que Julián Agüero, Salvador María del Carril, los hermanos Florencio y Juan Cruz Varela, Martín Rodríguez, Ignacio Alvarez Thomas y Valentín Alsina han hecho su trabajo como “gorros de lana” influyendo en la decisión de Lavalle quien lo condena a ser fusilado en forma inmediata sumaria y extrajudicialmente.
“ …Cerca de las dos de la tarde hice detener el carro frente a la sala que ocupaba el general Lavalle, y desmontándome del caballo fui a decirle que acababa de llegar con el coronel Dorrego. El general se paseaba agitado a grandes pasos y al parecer sumido en una profunda meditación, y apenas oyó el anuncio de la llegada de Dorrego, me dijo estas palabras que aún resuenen en mis oídos después de cuarenta años: Vaya usted e intímele que dentro de una hora será fusilado. El coronel Dorrego había abierto la puerta del carruaje y me esperaba con inquietud. Me aproximé a él conmovido y le intimé la orden funesta de que era portador. Al oírla, el infeliz se dio un fuerte golpe en la frente, exclamando: ¡Santo Dios! - Amigo mío, me dijo entonces, proporcióneme papel y tintero y hágame llamar con urgencia al clérigo Castañer, mi deudo, al que quiero consultar en mis últimos momentos …. Como la hora funesta se aproximaba, el coronel Dorrego me llamó y me dio las cartas, una que todo el mundo conoce, para su esposa, y la otra de que yo solo conozco su contenido, para el gobernador de Santa Fe don Estanislao López. Ambas cartas se las presenté al general Lavalle, quien sin leerlas me las devolvió, ordenándome que entregase la dirigida a su señora y que a la otra no le diera dirección.” 31
Apenas tuvo tiempo el Coronel de escribir algunas cartas, entre ellas las dos que se mencionaron precedentemente y otras dirigidas a sus hijas, a su amigo Miguel de Azcuénaga y a su sobrino, Fortunato Miró. Todas son cortas, sencillas, cargadas de gran emotividad y sin atisbo de resentimiento alguno.
Gregorio Aráoz de La Madrid le entregó su chaqueta militar para su ejecución y preservó así la de su amigo para entregársela intacta a la viuda del prócer. El Coronel enfrentó al pelotón de fusilamiento en un corral ubicado en los fondos de la iglesia del pueblo de Navarro.
De dar sepultura a sus restos se ocupó el religioso Juan José Castañer, primo del ejecutado.
Más tarde el General Lamadrid le envió una carta a Doña Angela Baudrix en la que expresa:
“Navarro, Diciembre 13 de 1828.
Sra. Doña Angela Baudrix
De mi mayor aprecio:
Con el comisario D. Pedro Casarino, remito a disposición de Ud. unos apuntes que me entregó antes de morir mi desgraciado Compadre, para que los pusiera en manos de Ud. Lleva también una memoria que me encargó entregase a la hija menor, y unos tiradores para la mayor para que ambas piezas las conservasen en memoria de su Padre, y para Ud. su chaqueta, que me entregó pidiéndome la que yo tenía puesta para morir con ella.
El poncho que también remito me dijo era de su hermano, el Sr. Don Luis, y otros encargos particulares que me hizo se los comunicaré a nuestras vistas.
Yo compadezco a Ud. Señora y le acompaña en su sentimiento su atento S.S.Q.S.P.B.
Gregorio Aráoz de Lamadrid”32
La “espada sin cabeza”, apelativo con el cual era conocido el General Lavalle, informa el 13 de diciembre de 1828:
“SeñorMinistro: Participo al gobierno delegado que el coronel don Manuel Dorrego acaba de ser fusilado por mi orden al frente de los regimientos que componen esta división. La historia, señor ministro, juzgará imparcialmente si el coronel Dorrego ha debido o no morir; y si al sacrificarlo a la tranquilidad de un pueblo enlutado por él, puedo haber estado poseído de otro sentimiento que el del bien público. Quisiera persuadirse el pueblo de Buenos Aires, que la muerte del coronel Dorrego es el sacrificio mayor que pueda hacer en su obsequio. Saludo al señor ministro con toda atención.”33
Su ejecución inició una larga, cruenta y brutal guerra civil.
Como consecuencia de la decisión injustificable tomada por Lavalle, el espíritu de la víctima inmolada en Navarro sobrevolará a su victimario hasta que se produzca su trágico final.
No obstante, no será el único que tenga un trágico final, será cuestión de continuar leyendo para saber cuál fue destino que les esperaba al Teniente Coronel Bernardino Escribano y al Sargento Mayor Mariano Acha, entregadores de Dorrego y también el que le cupo al Coronel Federico Rauch lugarteniente de Lavalle y uno de los jefes militares que encabezaron el golpe contra Dorrego el 01 de diciembre de 1828.



