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La Primera Guerra Mundial permitiría a los Illuminati eliminar el poder de los zares en Rusia dejando el país en manos de los comunistas. Las diferencias instigadas por los agentes de los Illuminati entre los imperios británico y germánico servirían para fomentar esa guerra. Al final de la cual, el comunismo quedaría establecido y utilizado para destruir otros Gobiernos y debilitar las religiones.
Es un hecho que la alianza política de Gran Bretaña y Alemania, forjada entre 1871 y 1898 por Otto von Bismarck, fue un instrumento decisivo para el estallido de la Primera Guerra Mundial.
La Segunda Guerra Mundial tendría a los fascistas a un lado de la línea y a los sionistas en la otra. Para acabar con el fascismo y fortalecer el sionismo político con vistas a la creación del Estado de Israel en Palestina había que ahondar en la sima que separaba a ambos. Durante la Segunda Guerra Mundial, el comunismo internacional tenía que ser lo suficientemente fuerte como para equilibrar el poder del cristianismo, que quedaría controlado y restringido hasta utilizarlo posteriormente para el cataclismo social final.
Acabada la Segunda Guerra Mundial, la fuerza del comunismo se puso de manifiesto con la absorción de Gobiernos más débiles con la connivencia de los aliados occidentales. En 1945, la conferencia de Potsdam, entre Truman, Churchill y Stalin, legalizó la entrega de parte de Europa a Rusia, mientras que las secuelas de la guerra con Japón contribuyeron al desarrollo del comunismo en China.
La Tercera Guerra Mundial debe fomentarse sobre la base de las diferencias ahondadas una vez más por los agentes de los Illuminati entre sionistas políticos y líderes del mundo islámico. La guerra se debe conducir de tal manera que el Islam y los sionistas (Estado de Israel) se destruyan mutuamente. Mientras tanto, las otras naciones, divididas habitualmente sobre este asunto, se verán obligadas a luchar hasta llegar al agotamiento físico, moral y económico. La idea es dejar que los nihilistas y los ateos provoquen un cataclismo social dramático que enseñe a las naciones la consecuencia del ateismo absoluto, origen del salvajismo y el desorden sangriento. Después, en todas partes, los ciudadanos se verán obligados a defenderse contra una minoría global de revolucionarios y exterminarán a estos destructores de la civilización y, desilusionados del cristianismo, recibirán la luz verdadera a través de la manifestación universal de la pura doctrina de Lucifer. Esta manifestación será el resultado del movimiento reaccionario general que seguiría a la destrucción mutua tanto del ateismo como del cristianismo.
Desde los atentados terroristas del 11 de septiembre de 2001, los acontecimientos en Oriente Medio muestran una inestabilidad creciente entre los sionistas y los árabes. La situación en Irak, Afganistán, Palestina y, en un próximo futuro, Irán y Siria podría agravarse hasta tal punto que una Tercera Guerra Mundial sería inevitable.
Números, símbolos y señales
Franklin Delano Roosevelt, presidente de Estados Unidos antes de Truman y masón de grado 33, decía que nada sucede en política por casualidad, tal y como pretendo mostrar en este libro. Casi todas las tragedias orquestadas por los Illuminati ocurren en fechas simbólicas cuyo análisis revela un hilo común relacionado con acontecimientos anteriores.
Veamos, en primer lugar, el simbolismo y los números especiales incorporados en el diseño del billete de un dólar.
La mitad izquierda del anverso del billete muestra el «gran sello de Estados Unidos», formado por una pirámide truncada, encima de la cual se sitúa un triángulo rodeado de luz con un ojo abierto en su centro. Tradicionalmente la forma de la pirámide ha sido considerada como símbolo esotérico cuyo significado es la convergencia hacia lo alto, la fuente de la iluminación suprema y el punto de la no-dualidad, es decir, lo Absoluto. Una pirámide truncada y coronada por un triángulo, parece indicar que el camino de la humanidad hacia Dios esta cortado; existe una separación entre la parte superior de la pirámide y la base del triángulo haciendo que lo Absoluto sea inalcanzable. Ese triángulo isométrico con un ojo también aparece en los blasones de las logias masónicas de todo el mundo, aunque no es un símbolo masónico propiamente dicho. Su introducción fue posterior a la infiltración de los Illuminati en las logias masónicas a finales del siglo XVIII. Los Illuminati lo llamaban su delta resplandeciente. El ojo alude a la capacidad de los Illuminati de verlo todo, como el Gran Hermano de la novela de George Orwell, 1984. El delta resplandeciente representa el esclarecimiento mental, así como la letra griega «delta» alude a la transición. La base de la pirámide y el lado occidental están en sombra. Según el escritor británico, Simon Cox, en su libro Diccionario de ángeles y demonios, algunos investigadores afirman que dicha sombra representa la oscuridad en el oeste del país, que no había sido explorado todavía en aquellos momentos. También el sol, que es un símbolo muy importante de la logia de los Illuminati, se pone en el oeste abriendo el camino hacia la oscuridad. En un universo dual existen los opuestos, como son la oscuridad y la luz. El triángulo, sin embargo, no tiene zona sombreada. Esto es intencional, ya que el dios de los Illuminati resplandece también en la oscuridad.
En la base de la pirámide viene la fecha de 1776 en números romanos, el año de nacimiento de los Illuminati de Baviera, concretamente el 1 de mayo; 1776 es también el año de la declaración de Independencia, aunque el día es el 4 de julio.

La transición representada por la mencionada «delta resplandeciente» está reflejada en las palabras latinas al pie de la pirámide, NOVUS ORDO SECLORUM, es decir, el «Nuevo Orden Seglar». Hay que recordar que para los Illuminati las religiones son un estorbo en el camino del esclarecimiento científico. Las palabras IN GOD WE TRUST («en dios confiamos») pueden parecer contradictorias, aunque su significado es que Dios está más allá de las religiones y es la energía común que aglutina a todos. Estas palabras coronan a otra en el centro del billete, ONE que significa «uno». Es decir, dios es uno y no patrimonio exclusivo de una religión. Por encima del triángulo se ven las palabras, ANNUIT COEPTIS, cuya traducción viene a decir, «ha favorecido a nuestra empresa». La referencia apunta hacia los que habían colaborado y colaboran para que se produjera esa transición hacia la luz. Si consideramos los objetivos de los Illuminati, el dios que veneran es Lucifer, portador de la luz para ellos y sombra para el resto de la humanidad.
Los Illuminati y el número 13
Es interesante reproducir unas palabras de Simon Cox sobre el número 13 en relación con el dólar:
En la pirámide del Gran Sello hay 13 escalones; 13 letras en ANNUIT COEPTIS; 13 letras en la frase E PLURIBUS UNUM («una nación formada por muchos pueblos») que sostiene en el pico el águila del Gran Sello; hay 13 estrellas encima del águila; 13 hojas en la rama del olivo que sostiene ésta; 13 barras en el escudo detrás del cual esta el águila; 13 penachos de plumas en cada tramo del ala del águila y 13 flechas sujetas en la otra garra. Además en la firma de la declaración de Independencia había 13 firmantes y 13 colonias; también hay 13 franjas en la bandera de Estados Unidos.
Conclusiones
Se dice que la orden de los Illuminati de Baviera desapareció oficialmente tras la persecución de sus miembros en la Alemania de 1785, pero la verdad es bien distinta. Algunos de sus miembros huyeron a otras zonas de Europa y a Estados Unidos. A finales del siglo XIX no quedaban Illuminati en Europa, aunque encontraron su refugio ideal en Estados Unidos, donde han seguido operando desde entonces y donde gozan de la situación ideal para continuar y crecer en ese Nuevo Mundo. El Gran Sello y otros diseños en el billete de un dólar, así como varias cartas reveladoras, son pruebas de ello. En el mismo año del destierro de Weishaupt y la prohibición de la secta, se constituye la logia Colombia de los Illuminati, en Nueva York, y de ahí la orden de los Illuminati de Estados Unidos, conocida como la logia Rockefeller desde principios del siglo XX. Fue Albert Pike quien propuso un plan diabólico para implantar al Nuevo Orden Mundial a través de tres guerras mundiales y de la entrega del planeta a Lucifer. Muchos de los sucesos políticos trágicos de los últimos cien años han sido provocados por esta siniestra secta y es muy posible que durante este siglo sigan la misma política para alcanzar su objetivo.
4. El gran secreto de la masonería
La mayoría de los masones del mundo no progresan más allá de los primeros tres grados de iniciación, a pesar de la existencia de otros treinta grados superiores en el llamado Rito Escocés y once más en el Rito de York. En su libro ...And the Truth Shall Set You Free (Y la verdad os hará libres), David Icke dice:
Los hombres que van a su logia local en tu ciudad no tendrán ni la más remota idea de cómo su organización los utiliza. Para que el plan funcione, hay que mantenerlos a oscuras y qué mejor manera de lograrlo que mediante los distintos niveles de iniciación. Sólo los «aceptables» progresan a los niveles superiores y averiguan lo que realmente ocurre. La gran mayoría de los masones ocupan los tres niveles inferiores. Son la carne de cañón de la organización. Entre los grados cuatro y treinta y tres, encontrarás a los que «piensan correctamente» y que tienen influencia en la sociedad hasta los presidentes de Estados Unidos. Después del grado 33 existen los «grados Illuminati». Algo que no se menciona en ningún manual de la masonería. Estos últimos son los que controlan el espectáculo y son agentes de la secta del «Ojo que todo ve». La masonería global es una enorme pirámide de manipulación.
Morales y dogma
Que las logias masónicas tienen una agenda secreta es algo en lo que coinciden muchos investigadores. Los análisis de los libros escritos por masones sobre la masonería muestran, sin ningún género de duda, que el objetivo final de la masonería es destruir el cristianismo para abrir el camino hacia un Nuevo Orden Mundial, inspirado por una única religión: el luciferismo. El sostén de la masonería superior es un libro de Albert Pike, titulado Las enseñanzas de la masonería que recoge las opiniones de célebres escritores masónicos como Albert G. MacKay, de grado 33 y autor de los dos tomos de Una Enciclopedia de masonería, donde declara que Pike fue uno de los escritores masónicos más importantes de todos los tiempos. Otro masón del mismo grado, Arthur Edward Waite, también autor de una enciclopedia sobre la masonería sostiene que Pike fue un gran genio de la masonería. Por su parte, el escritor Carl Claudy, de grado 33, se refiere a Pike como «uno de los genios más grandes de la masonería [...]. Fue un místico, un experto en simbología y profesor de las verdades ocultas de la masonería».
En Las enseñanzas de la masonería, Pike alude a un «secreto» escondido en el libro que sólo pueden encontrar los adeptos de grado 32 o 33 (los que tienen un poder mental superior), y afirma que otros masones o personas fuera de la masonería se engañan en relación con el uso de los símbolos masónicos y, especialmente, con el verdadero significado de la Luz, vinculado con el Gran Arquitecto del Universo, el dios masónico. Para Pike, la verdad es relativa y se equivocan los que dicen que la Biblia está inspirada en lo Absoluto. En la Biblia se dice que matar es un crimen, pero, para Pike, con frecuencia un hombre debe sacrificarse si su muerte beneficia a otros. Franklin D. Roosevelt, un masón del grado 33, creía en ese principio de Pike, aplicándolo al caso del ataque de Pearl Harbour. Aunque ese presidente de Estados Unidos sabía al menos una semana antes que Japón iba a atacar, no hizo nada para evitarlo. El sacrificio de cientos de hombres inocentes benefició a su país ya que proporcionó la excusa ideal para declarar la guerra a Japón y, a la vez, participar en la guerra contra Alemania, contrariando sus promesas electorales. Las palabras exactas de Pike dicen: «[...] el interés e incluso la vida de un hombre debe sacrificarse por los intereses y bienestar de su país y de la mayoría».
Después de Roosevelt ha habido muchos otros casos de presidentes y primeros ministros masones que han recurrido al principio del sacrificio de Pike para justificar la muerte de inocentes en conflictos y guerras de todo tipo. Algo que veremos más adelante en este libro.
La masonería como religión
Como toda religión que se precie, la masonería tiene su propio dios. Sin embargo, el segundo nivel de una logia no quiere que los masones inferiores sepan que se venera a un dios distinto del suyo. De modo que ocultan intencionalmente a sus hermanos el significado del sol en los distintos ritos. Pike explica que las logias se sitúan en dirección este-oeste, porque el Maestro representa el sol naciente. Aquí no está hablando del astro rey, que aparece al amanecer y se pone en el ocaso. Habla de un dios oculto cuyo símbolo es el Sol y que nos remite al dios Osiris de los egipcios que, según afirma Pike, tenía un dios rival, Adonai (uno de los nombres que se da a Yahvé en el Antiguo Testamento). Consecuentemente, en todos los grados se pide al iniciado que busque la Luz. Así, el neófito ha de buscar esa Luz. En todas las culturas, la luz simboliza la inteligencia, el conocimiento y la verdad, en oposición a la oscuridad que simboliza la ignorancia y la maldad. De modo que los masones son los buscadores de la luz cuya fuente es el «secreto» o «parte del secreto» en Las enseñanzas de la masonería.
Pike también relaciona el Sol (con mayúscula) con el «Ojo que todo ve» de las logias masónicas y con la serpiente cornuda, el jeroglífico de un dios egipcio. En la Biblia, la serpiente representa a Lucifer o a Satanás. En otras palabras, Pike vincula un dios «Solar» distinto al Dios de la Biblia con una «serpiente» y el «Ojo que todo ve». Además, en su libro Mágnum Opus, afirma que el Dios Solar no creó nada. Esta revelación de Pike significaría que los masones reconocen a dos dioses en el universo, un Dios Creador y un Dios Solar que recibe el nombre de Gran Arquitecto del Universo, que, como tal, diseña pero no crea.
Volviendo a la luz que busca el masón, Pike identifica su fuente como un «portador de luz». En Las enseñanzas de la masonería, se puede leer: «¡LUCIFER, el portador de luz! ¡Un nombre extraño y misterioso para dar al espíritu de la oscuridad! ¡Lucifer, el Hijo de la Mañana! ¿Es el que porta la Luz...? ¡No hay duda!».
Con estas aseveraciones queda claro que los masones de alto grado reconocen que la Luz que piden viene de Lucifer, el portador de Luz, también conocido como Satanás o el diablo. Lucifer es el nombre de Satanás antes de su caída. Si las Escuelas de Misterio hubieran creído que este ser «caído» era un dios, habrían creado y mantenido una religión para venerarlo. Posiblemente se la conociera como «la religión misteriosa de los antiguos».
La Estrella del Oriente
Existe otra forma para que un masón llegue a saber que Lucifer es el dios de su organización global: mediante el estudio del símbolo de la Estrella del Oriente, un grupo auxiliar, básicamente para «las mujeres, hijas, madres y viudas de los masones del tercer grado». El símbolo de esta estrella es una figura con una punta hacia abajo y dos hacia arriba. Esto quiere decir que la estrella es la inversa de la de cinco puntas que vemos normalmente. En un libro escrito por ochenta masones en 1890, History of Freemasonry and Concordant Orders (Historia de la masonería y ordenes concordantes), se dice lo siguiente sobre la estrella de cinco puntas:
Esta estrella representa a Dios, todo lo que es puro, virtuoso y bueno, cuando se representa con una punta hacia arriba, pero, cuando se invierte, representa el MAL, todo lo opuesto a lo bueno, puro y virtuoso; en otras palabras representa al CABRIO MACHO DE MENDES.
Para estos ochenta líderes masónicos, la Estrella del Oriente representa a Satanás. Llegados a este punto, interesa mencionar algunas referencias que acusan a Yahvé, el dios de los judíos, de ser negativo. Retrocediendo un poco, señalaremos que, cuando los templarios estaban excavando en el Templo de Salomón, encontraron restos de unos textos en hebreo que enviaron a un tal Etienne Harding para su traducción. Resulta que eran fragmentos de declaraciones de espías mandados por el sacerdocio para que lo tuvieran informado sobre las actividades de Jesús y de su pretendida blasfemia contra el Dios de Israel. El contenido de estos informes discrepa del que se predicaban habitualmente en las iglesias medievales. Según los espías, Jesús llamó Satanás al Dios hebreo Yahvé y reprochaba a los judíos que consideraran al diablo como su único dios. En este contexto es interesante notar que en Juan 8:44 podemos leer: «Vuestro padre es el diablo y vosotros queréis cumplir los deseos de vuestro padre». Para entender el asombro y la decepción de los templarios ante este descubrimiento es necesario apelar a su fuerte fe. El Dios que la Iglesia les había mostrado como «Padre de Cristo» era, en palabras de Jesús, el diablo, con quien tenían que luchar y motivo de su encarnación en la Tierra. Pronto se dieron cuenta de que las enseñanzas de Jesús eran totalmente opuestas. Es más, los judíos nunca se dirigen a Dios como «Padre», sino como YAHVÉ y EL SHADDAI. Este ultimo era Sheitan, el ángel caído.
La guerra masónica
Entre los grados 4 y 32 del Rito Escocés se deja claro que el masón está en guerra con un enemigo y que la victoria será del primero. Según Pike, este enemigo es la Iglesia y el Gobierno. En el ritual del grado 30 se habla de la necesidad de vengar un crimen terrible; no mediante el castigo de los responsables sino a través de la destrucción de aquella instancia que mandó cometer la fechoría a los criminales, instrumentos de un poder arbitrario, irresponsable, parcial e intolerante. El «crimen terrible» no es otro que el juicio y ejecución de Jacques Molay, el Gran Maestre 22 y último de los templarios, el 11 de marzo de 1314, delante de Notre-Dame de París. Al parecer, esta fecha fue elegida por su significado simbólico. Marzo es el tercer mes del año y si multiplicamos su número de orden (el 3) por 11, que fue la fecha de ejecución, obtenemos el número 33, número clave para los masones. Casual o intencionadamente, esta fecha fue también la elegida para los atentados ferroviarios de Madrid en 2004.

Aunque la ejecución de Molay fue vengada con las muertes del papa Clemente V y de Felipe IV de Francia, la del primero en 40 días y la del segundo en menos de un año, la venganza total aún no ha sido cumplida, ya que, según Pike, hay que destruir la Iglesia y los Gobiernos.
Parece razonable pensar que la evidencia final de que los masones quieren destruir el cristianismo yace en el significado de la simbología del sombrero que llevan los miembros de los Shriners, el grupo masónico más visible, gracias a sus obras benéficas en favor de la infancia, sobre todo en Estados Unidos. En su libro Conspiracy Against Christianity, el investigador de la masonería A. Ralph Epperson dice: «Tanto los masones del grado 32 del Rito Escocés como los de grado 13 del Rito de York pueden unirse al Shrine. El sombrero rojo con forma de macetero de cerámica invertida, se llama “fez”, nombre derivado de la ciudad de Fez, en Marruecos. La Compañía de Suministros Masónicos, vende un fez rojo oscuro llamado el “fez noble”. El uso de la palabra “noble” para describir el fez parece referirse al Shriner, llamado noble».
Mike Oxley, un ex masón inglés y estudioso del Islam y del hinduismo, nos dice que unos amigos suyos musulmanes de Egipto, mullahs (profesores islámicos), le contaron la historia del «fez». Según su versión, en la ciudad marroquí de Fez, hacia el año 800, los musulmanes vengaron sus pérdidas durante las cruzadas ejecutando a 50.000 hombres, mujeres y niños cristianos. Contaban que la sangre de los cristianos masacrados corría por las calles de Fez y los verdugos metieron sus turbantes blancos en la sangre de sus víctimas, tiñéndolos de rojo oscuro. Después, se volvieron a poner los turbantes en la cabeza como símbolo de la victoria. Desde entonces estos sombreros recibieron el nombre de «fez». Los Shriners son los que llevan este tocado y lo exhiben con orgullo por ser el «símbolo de una victoria sobre el cristianismo».
La batalla final
Lo cierto es que, hasta la fecha, la masonería internacional no ha destruido los símbolos del cristianismo. Quizá se deba a que, al obedecer a una agenda cronológica propia, el momento de cumplir sus objetivos no ha llegado todavía. En todo caso, la razón de la demora sería sorprendente si consideráramos la manera en que la humanidad registra el tiempo.
En nuestro calendario, las fechas escritas van seguidas por las siglas «a. C.» o «d. C.» (respectivamente, «antes de Cristo» o « después de Cristo»). Considerando que Jesús nació en el «año 0», decir que estamos en el año 2005 supondría que hace 2005 años que nació Jesucristo. Sin embargo, no todos están de acuerdo con este convenio del supuesto año 0. Gene Faulstich, del Instituto de Investigaciones Cronohistóricas de Rossie, Iowa (Estados Unidos), ha introducido todas las fechas registradas en la Biblia en un ordenador para realizar un estudio. Según sus resultados, la fecha más probable de nacimiento de Jesús sería el 21 de mayo del año 6 a. C. Si Faulstich estuviera en lo cierto, el calendario occidental no está relacionado con el nacimiento de Jesucristo.
El historiador masónico Albert Macay, define en su enciclopedia otro concepto del calendario, el Anno Lucis: «Año de la Luz; abreviado, A... L... La fecha empleada en la masonería; calculado al añadir 4000 a la Era Vulgar [es decir, nuestra era]; así [en su ejemplo] 1911 d. C. + 4000 = 5911 A... L...».
El año cero en el calendario A... L... es el año que Lucifer, el portador de la Luz, cayó a la Tierra después de ser expulsado del Cielo. De esta manera los masones registran los años desde el principio de los tiempos. Parece ser que creen en los siete días de la creación del libro del Génesis y por eso han creado un calendario de 7000 años. Para ellos, el hombre controlará la tierra durante 6000 años y su dios, Lucifer, gobernará durante 1000.
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