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Existe una macabra leyenda asociada a esta capilla. Parece ser que el masón encargado de construirla recibió un patrón de una columna, de diseño exquisito, que había de ser levantada a la entrada de la catedral. No quiso empezar hasta ver el original, bien en Roma o donde quiera que fuere. Por lo tanto, viajó al extranjero y, durante su ausencia, el aprendiz construyó la columna, según se cree, después de soñar cómo era. Cuando el masón regresó le invadió la envidia al comprobar la perfección y exactitud del trabajo de su sencillo aprendiz y, preso de cólera, le asestó un golpe de mazo provocándole la muerte. Desde entonces, a unos metros del suelo, hay un busto de piedra del aprendiz con una herida en la cabeza, concretamente en el hemisferio derecho.
Para Tim Wallace-Murphy, coautor, junto a Trevor Ravenscroft, de The Mark of the Beast (La marca de la bestia), la cabeza herida de este masón simboliza el cambio de conciencia de la humanidad desde lo espiritual e intuitivo a lo racional, que es lo que ocurrió a partir del siglo XV. Desde el asesinato del aprendiz, la columna que fuera la causa de su desgracia, se llamó «columna del Aprendiz», cuyas tallas representan el Árbol de la Vida y equivale a la Boaz del Templo de Salomón y los templos masónicos. La otra columna, que debería representar a Jaquin, no está en Rosslyn, y se cree que debe estar en alguno de los lugares de Europa visitados por el maestro masón, al final de un alineamiento de catedrales que representan la Tierra como un templo.
Conocedores del significado de las columnas del templo de Salomón y del Alto y Bajo Egipto, el arco sobre la columna desconocida y la del Aprendiz sería una constelación de estrellas: la Vía Láctea. Es curioso observar que en la capilla de Rosslyn hay una gran profusión de lilas talladas en la bóveda, encima del coro. En el templo de Salomón, el arco sobre Boaz y Jaquin había sido decorado con lilas como símbolo de las generaciones futuras de la línea de sangre de Israel. Al lado de las lilas de Rosslyn hay muchas estrellas, talladas como imagen de la Vía Láctea.



En su búsqueda de la otra columna, Ravenscroft y WallaceMurphy indagaron en toda la documentación que pudieron encontrar sobre William Sinclair, a fin de averiguar la fuente utilizada para dibujar el patrón de la columna que había proporcionado a su constructor. Parece ser que Sinclair poseía los registros nórdicos de los primeros viajes vikingos por el Atlántico hacia el continente americano, y los dos investigadores concluyeron que no sería descabellado pensar que el noble escocés hubiera enviado estos registros a Portugal para ayudar a este reino en sus expediciones transoceánicas.
Esta deducción movió a Ravenscroft a visitar Portugal siguiendo el rastro de la otra columna, el Árbol de la Sabiduría. Después de cruzar Inglaterra, Francia y España en coche, llegó finalmente a su destino. Buscó la columna en Sagras, Lisboa y Coimbra, sin éxito. Finalmente, por pura casualidad, estando atrapado en un atasco, descubrió la columna en la plaza de Cintra, una pequeña ciudad cercana a Lisboa. La columna tiene casi tres metros de alto y está tallada con cuatro espirales dobles de follaje en relieve que giran alrededor de la columna en dirección contraria a las manecillas del reloj. Además de este detalle, la columna de Cintra es idéntica a la de Rosslyn. De todos modos, esta nueva columna parecía no tener relación ni con una catedral ni con una iglesia y se desconocía su origen. Sólo se sabe que fue construida a principios del siglo XV. A pesar de este detalle, Ravenscroft intuyó que había descubierto la columna Jaquin del templo apocalíptico en piedra.
El número siete se repite continuamente en el Apocalipsis de san Juan: siete estrellas, siete candelabros de oro, siete mensajes, siete ángeles de las siete iglesias, siete sellos, siete trompetas y siete viales de ira.
Se sabe que casi todas las grandes catedrales de Europa fueron construidas sobre antiguos emplazamientos druidas y, tras localizar las columnas de Boaz y Jaquin en los dos extremos del pórtico del templo apocalíptico en la tierra, Trevor Ravenscroft esperaba encontrar siete catedrales sobre dichos emplazamientos. Los druidas creían que los siete chacras no sólo se hallaban en el ser humano, sino también en el cuerpo del planeta. El conocimiento de estos centros telúricos y su funcionamiento, era parte importante de la sabiduría mística. Por esta razón, existe una secuencia de siete oráculos planetarios entre la península Ibérica y Escocia. El oráculo del Sol, el más importante, estaba situado en Carnuntum, entre el Loira y el Eure, documentado por Julio César en De Bello Gallico. Sobre esta gruta de iniciación solar, se construyó la catedral de Notre-Dame, en Chartres. El oráculo de la luna se localizó en Galicia, y, sobre él, se levantó la catedral de Santiago de Compostela. Los oráculos de Mercurio y Venus se situaron en los chacras de la tierra donde actualmente están las ciudades de Toulouse y Orleans, y sobre las grutas druidas en cuestión se construyeron las catedrales respectivas. Además, la catedral de Notre-Dame de París, junto al río Sena, está situada en el antiguo emplazamiento del oráculo de Marte, y la de Notre-Dame de Amiens, sobre el oráculo de Júpiter. Finalmente, la capilla de Rosslyn, originalmente diseñada para convertirse en una gran catedral, se levanta sobre el oráculo de Saturno.
Parece ser que antes del cristianismo, los peregrinos druidas que veneraban a la diosa de la tierra, viajaron desde Iberia hasta Escocia, pasando por estos oráculos planetarios y de ese modo, sincronizaban los siete chacras humanos con el alineamiento correspondiente de los siete chacras de la tierra. La gran configuración de las dos columnas en cada extremo y las siete catedrales entre ellas, bajo el arco real de las estrellas, no representa un monumento estático. Cada vez que hay un alineamiento de los siete planetas mencionados, el conjunto de columnas y catedrales se aviva creando un aura en forma de arco iris sobre los extremos. El último gran alineamiento se dio el 5 de mayo de 2000 y marcó el principio del «final de los tiempos» descrito por san Juan en su Apocalipsis.
Dicho alineamiento se dio el mismo año en que astrónomos de todo el mundo informaron al público sobre el descubrimiento de un gran destello de luz en el centro del universo —quizá, el acontecimiento comunicado a las niñas del pueblo español de San Sebastián de Garabandal, cuando el 8 de junio de 1961, fueron testigos de una aparición mariana—. En uno de los mensajes recibidos, María decía que después de un gran acontecimiento de luz y justo cuando la Nueva Jerusalén empezara a vislumbrarse entre el cielo y la tierra, empezarían los grandes desastres vaticinados. Menos de un año y medio después del gran alineamiento del 2000, las dos columnas que simbolizaban el poder económico del mundo fueron derribadas por un ataque terrorista en Nueva York, una señal más antes del cumplimiento de las revelaciones de san Juan y el establecimiento de un nuevo templo espiritual uniendo el cielo y la tierra.
Conclusiones
La persecución de los templarios durante la Inquisición obligó a esta orden de caballeros a construir sus iglesias y templos o bien siguiendo una geometría sagrada basada en estrellas de 5, 6 o 7 puntas desplegadas sobre grandes superficies de terreno o bien erigiéndolos sobre antiguos santuarios druidas, llamados «oráculos planetarios» que concentraban las energías telúricas en los chakras (ruedas de energía) de la tierra.
El diseño templario de unas estrellas sobre el terreno podría corresponder a un lenguaje matemático aún sin descifrar donde esconder su botín de oro, reliquias varias y manuscritos o quizá son estrellas simbólicas del cielo del Nuevo Jerusalén que promete la paz continua y el amor incondicional del dios andrógino. Debajo de este cielo están siete grandes templos distribuidos por España, Francia y Escocia, flanqueados por dos columnas que representan las energías femeninas y masculinas en Escocia y Portugal. Es la representación simbólica del Nuevo Jerusalén prometido después de los acontecimientos apocalípticos descritos en las Revelaciones de san Juan.
3. Los Illuminati y los saboteos
En el capítulo 6 («Las elites del dinero»), me extenderé en explicar como Adam Weishaupt, fundador de la sociedad secreta de los Illuminati de Baviera, recibía ayudas económicas de M. A. Rothschild, creador de la dinastía banquera más poderosa del mundo. Ahora quiero mostrar cómo esta sociedad secreta ha influido directamente en la política y la mayoría de las tragedias históricas de los últimos cien años.
En la segunda mitad del siglo XVIII, la población de la región de Baviera era de mayoría católica y contaba con una aristocracia ampliamente asentada. La ciudad de Ingolstadt, donde residía Weishaupt, está ubicada en las orillas del Danubio, a unos setenta kilómetros al norte de Múnich. Por entonces, Baviera contaba con más de 25.000 iglesias para 40.000 habitantes, además de 19 conventos y monasterios. En este escenario, el poder de los jesuitas era evidente en todos los lugares y Baviera era un opositor radical a la Reforma. A pesar de este talante religioso, Weishaupt afirmó que el ateísmo, la apostasía y el deísmo eran más frecuentes en Baviera que en cualquier otro lugar.
Influencia jesuita
Weishaupt empezó a formar los Illuminati de Baviera cuando era profesor de derecho canónico en la universidad de Ingolstadt. Por entonces estudiaba para hacerse sacerdote jesuita. Sin embargo, cuando en 1773, el papa Clemente XIV prohibió los Illuminati, su disgusto le llevó a romper con la Iglesia católica. Sin embargo, no declinó su interés por la teología jesuita. Otra influencia importante en su vida fue la del mercader Kolmer. Algunos investigadores, como Jim Marrs, sostienen que, en su trayecto a Francia y Alemania, hacia 1770-73, Kolmer se encontró con Cagliostro en la isla de Malta, antigua sede de los caballeros templarios. Al parecer, Cagliostro, el futuro revolucionario francés, se involucró entonces en actividades masónicas, así como también lo hicieron Giovanni Giacomo Casanova (el eterno amante veneciano) y el enigmático conde de Saint-Germain. Habría sido Kolmer quien, en Alemania, transmitiera sus conocimientos secretos a Weishaupt, quien empleó muchos años en trabajar para consolidar los distintos sistemas ocultos en su sociedad secreta, los Illuminati. Marrs argumenta que la adopción del calendario persa por los Illuminati de Baviera evidencia su respeto por los antiguos misterios de Mesoptamia.
El estudio profundo de los secretos de Kolmer y del conocimiento que poseía de los jesuitas fueron la base para que Weishaupt estableciera una estructura piramidal para sus iniciados, situando a personas claves dentro de los nueve grados superiores. Para sus compañeros de los Illuminati, Weishaupt era conocido por su nombre de iniciación, Espartaco, en memoria del esclavo que lideró la famosa revuelta contra los romanos en el año 73. Según Paul H. Koch, autor del libro Illuminati, Weishaupt se veía a sí mismo como un nuevo héroe rebelde en contra del orden establecido, tanto en el ámbito material como espiritual..., una especie de Lucifer humanizado.
Por otra parte, Jim Marrs sostiene que Weishaupt estudió las enseñanzas del líder de los Hassasins (los Asesinos), una sanguinaria secta musulmana contemporánea de las cruzadas en Tierra Santa, que recibió este nombre porque, antes de sus hazañas, los miembros solían consumir hasish (hachís) para iluminarse. Probablemente, por esta razón, el mismo Weishaupt consumía este narcótico para alcanzar la «iluminación» durante los rituales de la orden.
En total, el llamado Rito de los Iluminados de Baviera contaba con trece grados de iniciación. A saber: 1.º) Preparatorio; 2.º) Novicio; 3.º) Minerval; 4.º) Iluminado menor; 5.º) Aprendiz; 6.º) Compañero; 7.º) Maestro; 8.º) Iluminado mayor; 9.º) Iluminado dirigente; 10.º) Sacerdote; 11.º) Regente; 12.º) Mago; 13.º) Rey. Si un miembro llegaba al grado de sacerdote podía asumir los poderes del Estado y debía actuar en consecuencia.
Hoy es ampliamente aceptado que el sistema interno de los Illuminati de Baviera, copiaba las técnicas jesuíticas de espiar a otros miembros para probarlos y conocer sus debilidades. Denunciarse unos a otros era también otra técnica para asegurarse de que nadie del último escalafón de la orden trabajaría en contra de los demás. En muy poco tiempo, Weishaupt reclutó para su sociedad secreta, a las mejores cabezas de las finanzas, la industria, la educación y la literatura. Utilizó el soborno y el sexo para controlar a los que iban alcanzando posiciones superiores; posteriormente, el chantaje le garantizaba el mantenimiento de este control. En esta etapa, los Illuminati empiezan a utilizar a sus adeptos (los iniciados de grados superiores) como consejeros de políticos, pero siempre desde una posición discreta sin salir de su anonimato. De esta manera, las medidas adoptadas por aquellos beneficiaban a los Illuminati, que pretendían erradicar las condiciones sociales que fueran un obstáculo para conducir a los hombres hacía lo que consideraban su estado natural y de felicidad. Este «sueño» significaba eliminar a las monarquías y a la Igle-sia, por lo tanto la orden pronto tuvo enemigos muy poderosos.
Infiltraciones, expansión y ocaso de los Illuminati en Alemania
El «Nuevo Testamento de Satanás», que se trata en el capítulo 6, es un calco de la ideología de los Illuminati, cuyo gran objetivo era y sigue siendo crear un Nuevo Orden Mundial. Este plan exigía que el grupo se expandiera haciendo ostensible su presencia en otros lugares. En julio de 1782, varias logias masónicas se reunieron con un grupo dirigente de los Illuminati en el convento de Wilhelmsbad. Weishaupt, considerado su conocimiento y prestigio, aprovechó la ocasión para unificar y controlar todas las ramas europeas de la organización masónica. Hay que decir que sólo obtuvo un éxito parcial, ya que ni la Gran Logia de Inglaterra, ni el Gran Oriente de Francia, ni los teósofos del sueco Emmanuel Swedenborg le apoyaron. Frustrado por este resultado, uno de los seguidores más fieles de Weishaupt, el barón Von Knigge, dimitió, retirándose a Bremen, donde murió en 1796. El fundador de los Illuminati se sentía entre la espada y la pared; por una parte estaba acosado por los masones ingleses y por la otra, tuvo que soportar la traición de un tal Joseph Utzschneider, que, después de salirse de los Illuminati, envió un documento a la gran duquesa Maria Anna de Baviera, advirtiéndola de que los Illuminati eran responsables de organizar una conspiración, con el fin de extinguir el cristianismo y las monarquías europeas.
El resultado de esta grave denuncia fue que, en 1784, el elector de Baviera, el duque Karl Theodor Dalberg prohibió el establecimiento de cualquier sociedad, fraternidad o grupo secreto no autorizado. La situación se hizo tan delicada que, en palabras de Paul Koch, en su libro Illuminati:
Poco después, Weishaupt fue destituido de su cátedra y desterrado, aunque encontró refugio en la corte de uno de sus adeptos, el duque de Saxe, que le nombró consejero oficial y le encargó la educación de su hijo. El resto de los dirigentes de la orden se puso a salvo, refugiándose en la actividad de las logias masónicas europeas y americanas, antes de que, en mayo de 1785, comenzaran las persecuciones, detenciones y torturas de los miembros inferiores de la organización.
En julio del mismo annus horribilis, Weishaupt sufrió un serio revés del destino. Durante la noche de 10 de julio de 1785, el abad Lanz, enviado de Weishaupt, fue alcanzado por un rayo mientras galopaba en medio de una tormenta. Fue la gente del lugar quien encontró el cadáver y lo condujo a una capilla. Entre sus ropas encontraron documentos muy comprometedores para los Illuminati, como «El Nuevo Testamento de Satanás». Debido a este golpe de mala suerte, su conspiración a escala mundial se hizo pública, lo cual vino a marcar a esta sociedad secreta con un tinte de malditismo.
Al publicar los documentos de los Illuminati, el emperador Francisco de Austria supo que todas las monarquías estaban en el punto de mira y, especialmente, la francesa, encabezada por Luis XVI y su hija María Antonieta. Con el destierro de Weishaupt y la disolución de la orden, tanto Francisco de Austria como los reyes de Francia se sintieron a salvo, aunque la realidad era bien distinta.
Alianza con los saboteos
En ese mismo año crítico de 1785, los Illuminati, supuestamente desde la clandestinidad, tuvieron una reunión con los saboteos, creando una alianza que demostraría tener una influencia decisiva en la política mundial desde entonces hasta la actualidad. Pero ¿quiénes eran los saboteos? Este movimiento fue fundado a raíz de las enseñanzas del místico y Mesías judío, Shabbatai Zevi (1626-1676), nacido en la ciudad turca de Izmir (o Esmirna). El primer maestro de Shabbatai fue Isaac di Alba con quien estudió la cábala desde 1650. Seis años después, Shabbatai continuó sus estudios con R. Joseph Eskhapa, uno de los mejores cabalistas de entonces. Es muy probable que éste concediera a su alumno el título de hakham (sabio). Ya antes de 1648, Shabbatai había hecho gala de un comportamiento extraño por lo que se refiere a su desprecio de algunas leyes religiosas y a su proclamación como «Mesías». Tras ser expulsado de Izmir, viajó por Grecia, Tracia, Palestina y Egipto, entre 1651 y 1654. En 1665 conoció a Nathan de Gaza que le confirmó como Mesías, dando lugar a su proclamación oficial el 18 de junio de 1666, año que fue designado como el primero del milenio del Mesías Prometido. Pronto fue reconocido en Palestina y entre los países de la diáspora. Es importante decir que todo el mundo judío de 1665-1666 creyó que Shabbatai no era un mero profeta o maestro si no un Mesías y una encarnación de Dios.

Shabbatai intentó desembarcar en Constantinopla en 1666 pero fue detenido y encarcelado por las autoridades turcas. Se convirtió al islamismo, supuestamente para escapar de una ejecución segura, aunque Nathan y sus otros seguidores interpretaron este hecho de otra manera. Según ellos, su apostasía suponía un descenso voluntario al reino infernal para rescatar las chispas de luz perdidas. Shabbatai murió en el exilio en la población montenegrina de Ulcinj (Yugoslavia). Miles de creyentes saboteos de todo el mundo, pero sobre todo de Asia Menor, le siguen venerando en secreto bajo el disfraz del Islam o del cristianismo. Fue una secta turca conocida como Donmeh la que mantuvo vivo el movimiento, extendiéndolo por toda de Europa un siglo más tarde, a través de un judío polaco llamado Jacobo Frank, otro Mesías que afirmó ser la reencarnación de Zevi. Jacobo Frank fundó la secta frankista o zoharista que sostenía que ciertos elegidos estaban exentos de las leyes morales. Esta secta abandonó el judaísmo sustituyéndolo por «una torá superior», inspirada en la Zohar, la obra más importante de la cábala judía. Sus miembros se hicieron llamar zoharistas. En 1756, sus seguidores abandonaron la secta debido a las prácticas orgiásticas y rituales extremadamente promiscuos. No obstante la orden recibió protección de la iglesia católica que vio en ellos el instrumento para convertir a los judíos. Gracias a esta protección, los zoharistas debatían en público asuntos tan candentes como la naturaleza blasfema del Talmud o el uso de la sangre cristiana durante los rituales de Pascua.
En su libro To Eliminate the Opiate (Para eliminar a los creyentes), el rabino Marvin Antelman advertía que la sociedad de los Illuminati y el CFR (Consejo de Relaciones Extranjeras) estaban instrumentando una guerra oculta contra las religiones, particularmente, contra el judaísmo y en menor medida, contra el cristianismo. Según Barry Chamish, escritor e investigador judío, la importancia de este libro es que prueba que son los judíos las víctimas principales del Nuevo Orden Mundial, y no sus inductores más significativos. En 2002, Antelman publicó la segunda parte del libro donde intenta buscar el origen de la traición contra Israel, encontrándolo en el movimiento saboteo que aglutina a los seguidores de Shabbatai Zevi.
Después de la alianza con los Illuminati, los preceptos saboteos penetraron en los núcleos de poder de todo el mundo, alcanzando Norteamérica e Israel. Antelman se refiere a los seguidores modernos de la secta como frankistas saboteos satánicos. El apelativo satánico se debía a que Shabbatai Zevi promovía el antijudaísmo, contrario a la religión creada por Dios. Mientras que la meta real del judaísmo es la supervivencia de la raza elegida, el objetivo de la secta de los Saboteos era su erradicación y, con ello, la de sus seguidores. Para Antelman, los seguidores de Shabbatai Zevi son mucho más perversos que su instigador y sostiene que los saboteos practicaban el incesto, el adulterio y la sodomía. Conspiraban con los Illuminati para destruir las religiones y pretendían agrupar todas las naciones en una sola.
Albert Pike y su plan del Nuevo Orden Mundial
Adam Weishaupt murió en 1830 a la edad de ochenta y dos años. En 1834, Giuseppe Mazzini asumió el liderazgo de la logia de los Illuminati, manteniendo este puesto hasta su muerte en 1872. Durante su mandato mantuvo correspondencia con el satanista y masón de grado 33, Albert Pike, Gran Comandante Soberano del Rito Escocés Antiguo y Aceptado de los Francmasones, perteneciente a la jurisdicción del Sur de Estados Unidos, y más tarde, fundador del Ku Klux Klan. Mazzini había nombrado a Pike jefe de operaciones de los Illuminati en Estados Unidos, y los dos cooperaron estrechamente. Pike se encargó de los aspectos teosóficos de sus actividades y Mazzini asumió los asuntos políticos. En cierta ocasión, como consecuencia de la mala reputación en Europa de las logias masónicas del Gran Oriente, por las actividades revolucionarias de Mazzini, éste escribió a Pike, el 22 de enero de 1870, presentándole una solución:


Debemos dejar que todas las federaciones sigan igual, con sus mecanismos, autoridades centrales y distintos modos de correspondencia entre los grados altos del mismo rito, organizados como están en la actualidad; pero debemos crear un «súper rito» que permanezca desconocido, para el cual sólo convocaremos a aquellos masones de grado superior a quienes seleccionamos. Con respeto a nuestros hermanos masones, deben jurar mantener sus actividades bajo el más estricto secreto. Mediante este rito superior, controlaremos a todos los masones dando lugar a un único centro internacional, el más poderoso porque su dirección sería desconocida.
Según Jan van Helsing, esta elite procede del grado 33 del Rito Escocés. Al igual que muchos ocultistas, Albert Pike tenía un «guía espiritual» que le orientaba en sus estrategias para implantar el Nuevo Orden Mundial. En una carta que envío a Mazzini, el 15 de agosto de 1871, transcribe uno de los mensajes que recibió de su guía. El contenido de la misiva incluye planes para provocar tres guerras mundiales, describiendo con gran precisión acontecimientos que han ido sucediendo dentro de su macro agenda mundial. Lógicamente, estas coincidencias no deben ser atribuidas a los poderes proféticos del guía espiritual de Pike, sino a los agentes de los Illuminati que se han encargado de manipular los sucesos políticos para hacer realidad dichos planes.
La supuesta exposición de la citada carta en el Museo Británico, en 1925, no está exenta de polémica. Algunos investigadores dan como válida la versión del cardenal Caro Rodríguez, quien sostenía que la carta había sido catalogada y expuesta por el Museo Británico, extremo que niegan los responsables del Museo. Sea como fuere, las siguientes líneas extraídas de la carta en cuestión mostrarían que las tres guerras mundiales habían sido premeditadamente planeadas tiempo atrás:




