Mal que sí dura cien años

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Foucault también se refiere a los intelectuales, la relación que sostienen entre teoría y praxis, y la forma como asumen el concepto de verdad. Parte del contexto de mayo del 68 para afirmar que la idea del intelectual como “agente de conciencia”, situado al margen de la sociedad, se ha desdibujado desde el momento en que las masas descubren que no necesitan de ellos para saber54. Este intelectual era por excelencia el escritor, aquel que se situaba fuera de la esfera del Estado y defendía una verdad universal. Pero a partir de la segunda mitad del siglo XX, se produce una politización del intelectual en cuanto se aleja de aquella universalidad mencionada y da un giro hacia la especificidad de su saber. Se convierte entonces en un “intelectual específico”, que deriva sus rasgos de su condición de científico-experto, y que defiende un régimen de la verdad que es reglamentado desde las instancias de poder55. En el transcurso de esta biografía se demuestra que la transformación del intelectual que explica Foucault se presenta de manera mucho más temprana en el caso de Jorge Bejarano.
Para entender las estructuras cognitivas de la clase dirigente con respecto a la higiene, en esta investigación se consultó al historiador Carlos Ernesto Noguera, quién logró plasmar con claridad los postulados foucaultianos a la realidad colombiana. Según Noguera, los asuntos higiénicos no eran necesariamente una cuestión técnica ni médica. Estaban vinculados a intereses políticos y concepciones ideológicas. El control de las clases obreras y campesinas trató de imponerse por medio de lo que identificó como el dispositivo higiénico, es decir, una forma de mecanismo de poder en el que antes que el mejoramiento de las condiciones de vida prima un interés político dominante56. Los acueductos, alcantarillados, la vivienda higiénica, la buena alimentación, la protección materna e infantil, la prohibición de ciertos vicios, la prevención de enfermedades y demás aspectos relacionados formaban parte de una cognición social que, junto con los condicionamientos del desarrollo del capitalismo y el progresivo avance de los movimientos reivindicativos de las clases obreras, se propusieron imponer un prospecto de sociedad moderna que necesitaban las élites nacionales para insertarse en el mundo exterior.
Con respecto al concepto de discurso político se trabajó a partir de los postulados hechos por el sociólogo y semiólogo argentino Eliseo Verón57. Para Verón, el discurso político debe ser tratado como campo discursivo en el que se presentan intercambios (juegos) y en el que interactúan diferentes tipos discursivos y sus variantes. Dichos intercambios, por una parte, ocurren en un sentido diacrónico, lo que hace variar la estrategia discursiva a lo largo del tiempo; por otra parte, se manifiestan de diferentes maneras en cuanto a los medios de difusión en que aparecen —prensa, radio, televisión, etc.—, hecho que debe ser tenido en cuenta. Para el caso de Bejarano, los modos de manifestación del discurso se identificaron con la prensa, la tribuna pública y la academia.
Verón también considera que el discurso político se construye desde la identificación de un “adversario”, lo cual le permite definir tres tipos de destinatarios que surgen desde el enunciador: el primero es el de los prodestinatarios, de carácter positivo, los cuales tienen una relación con el enunciador de “colectivo de identificación”, unidos por un lazo de “creencia presupuesta”. En otras palabras, se está hablando de los seguidores del discurso, del “nosotros”. El segundo es el de los contradestinatarios, de carácter negativo, aquellos excluidos del colectivo de identificación y cuyo lazo de creencia se da en sentido inverso, es decir, el “otro”. El tercero y último es el de los paradestinatarios, aquellos a los que va dirigido todo lo que en el discurso político se encuentra en el campo de la persuasión. En el discurso de Jorge Bejarano se identificaron estos tres destinatarios en diversos contextos.
Por otra parte, se usó el concepto de comunidad epistémica de Teun van Dijk y los planteamientos que presenta este autor con respecto al análisis de la prensa, medio de expresión por excelencia de Jorge Bejarano. Van Dijk parte del hecho de que la noción de episteme —saber o conocimiento verdadero según su acepción clásica— no debe entenderse simplemente como un “conocimiento compartido”, sino que dicho concepto debe definirse en términos socioculturales a partir de los criterios y estándares que la comunidad construye sobre ese conocimiento. Lo anterior significa que una comunidad epistémica es una agrupación social poseedora de un conocimiento al que se aplican ciertos criterios de valoración propios de dicho grupo. Esos estándares de conocimiento que identifican a una comunidad epistémica son desarrollados por expertos e instituciones en diferentes sociedades y momentos, lo cual implica que los discursos manejados por ellos no deben ser analizados solo desde la estructura discursiva per se, sino también, desde las relaciones de poder de quienes los emiten y hacia quienes son emitidos58.
En relación con lo anterior, para el lingüista holandés el análisis de las opiniones —editoriales, columnas de opinión, etc.— debe hacerse desde un triángulo que relaciona la cognición, la sociedad y el discurso59. Esto lleva a entender la opinión como una representación mental y como una creencia evaluativa, es decir, un conocimiento que puede estar sujeto a criterios de verdad o falsedad, compartidos social y culturalmente. Más importante aún es la diferenciación que hace Van Dijk entre opiniones mentales —representaciones y valoraciones de algo— y opiniones discursivas —opiniones localmente emergentes o fabricadas que se expresan, de manera verbal o escrita, en un contexto específico—60, pues son estas las que se tomaron como uno de los referentes para el análisis de Jorge Bejarano. El discurso de opinión se caracteriza por una estructura argumentativa y una construcción semántica particular de su contenido, a lo que se agrega un estilo de entonación específico según la intención del discurso o sus destinatarios. En palabras de Van Dijk, “[…] a menudo las opiniones no se expresan tanto por lo que se dice, sino por cómo se dice”61.
Para finalizar, se tuvieron en cuenta los planteamientos de Mijail Bajtín con respecto a los géneros discursivos, con el fin de identificar y describir el o los estilos discursivos utilizados por Bejarano62. Bajtín plantea la existencia de construcciones semánticas a las que llama “enunciados”, en las cuales se conjugan diferentes factores —principalmente culturales y lingüísticos— para dar forma a estilos de discurso o géneros discursivos. Dichos géneros pueden ser simples (primarios) o complejos (secundarios), de acuerdo con la forma en que los enunciados sean presentados o las cargas ideológicas (culturales) que traigan tras de sí. Otro elemento importante de los enunciados es que generan una relación activa entre diferentes sujetos discursivos, es decir, provocan respuestas y construcciones adicionales a los enunciados. Además, Bajtín identifica un rasgo esencial de los enunciados que es la entonación expresiva, la cual representa una expresividad típica del género discursivo del hablante o se trata de un eco del matiz expresivo, ajeno o individual, que hace que la palabra muestre la totalidad del enunciado ajeno como determinada posición valorativa63. En este sentido, se identificaron en el estilo retórico de Bejarano esos matices que permiten ver la intencionalidad de un discurso o una manera de dirigirse a sus destinatarios.
La biografía como género histórico se ha rescatado desde hace varias décadas64. Frente al rechazo y deslegitimación procedente de la consolidación de los temas estructurales de la historia social en los años sesenta en Colombia, se presentan ahora iniciativas para adecuar este tipo de investigación a los parámetros de la disciplina histórica. El historiador Gilberto Loaiza ha tratado de plantear algunos elementos para tener en cuenta al abordar un personaje histórico por medio del esquema biográfico:
[…] la biografía contemporánea trata de reconstruir la vida de individuos en situación. Si la biografía no sitúa al individuo, si no construye en su relato un diálogo intenso entre contexto normativo y el microproceso existencial del individuo, el resultado será muy cuestionable.65
Por otra parte, la biografía
[…] debe estar precedida de un proceso que abarca la definición de criterios de selección del personaje biografiable; la precisión de cuál debe ser el acervo documental que no suele restringirse (y no puede restringirse) a la documentación que proporcionen herederos o albaceas; el aparato teórico interpretativo acompañado de un conjunto de hipótesis; las decisiones sobre la mezcla de narración y explicación en la organización del relato; la conciencia de la continua tensión entre contexto normativo y libertad individual limitada.66
Aunque todos los aspectos destacados por Loaiza son relevantes, vale la pena resaltar lo que menciona sobre el hecho de no restringirse a las fuentes otorgadas por herederos. En primer lugar, la investigación sobre Jorge Bejarano se realizó sin intervención de sus herederos, debido a diversas dificultades que se presentaron para rastrearlos. Hacia comienzos de 2010 se logró encontrar a uno de sus nietos, el señor Juan Manuel Saiz, hijo de Blanca Bejarano Martínez, quien tras una breve entrevista permitió corroborar algunos de los datos obtenidos mediante las fuentes escritas.
Por otra parte, encontrar fuentes críticas sobre un personaje como Jorge Bejarano, identificado como una de las figuras más importantes en el campo de la medicina y la higiene durante la primera mitad del siglo XX, fue bastante difícil, sobre todo desde los ámbitos académicos mencionados. Y desde el ámbito político, la cuestión de la crítica al intelectual se tornó un poco más difícil de rastrear, si se tiene en cuenta que él no es percibido como una figura política. Esto obligó a extender la búsqueda de información a la prensa conservadora de varios lugares del país y a los debates políticos registrados en fuentes como los Anales del Concejo y los Anales del Congreso. El trabajo que se presenta a continuación, aunque se enfoca en un aspecto particular del personaje, trata de mantener la línea crítica y contextual que permite dar una dimensión histórica explicativa de Jorge Bejarano.
Notas
1“Comentarios Médicos”, El Tiempo, septiembre 4 de 1957, 4.
2DANE, Boletín Técnico Pobreza Monetaria en Colombia 2018 (Bogotá, 3 de mayo de 2019). https://www.dane.gov.co/files/investigaciones/condiciones_vida/ pobreza/2018/bt_pobreza_monetaria_18.pdf. Consulta realizada el 10 de julio de 2020.
3https://www.rtve.es/noticias/20200427/virus-desigual-ricos-pobres-coronavirus-afectaforma-desigual-ricos-pobres/2012876.shtml. Consulta realizada el 10 de julio de 2020.
4https://uniandes.edu.co/es/noticias/desarrollo-regional/covid19-sus-efectos-de-pobrezay-desigualdad-en-colombia. Consulta realizada el 10 de julio de 2020. El dato que revela la Universidad de los Andes en el estudio publicado en mayo de este año indica que se puede retroceder a los niveles de pobreza monetaria de 2002, que afectaban al 49,7 % de la población.
5En el anexo A se puede apreciar una síntesis gráfica de la producción escrita de Jorge Bejarano por periodo estudiado.
6Para una mejor apreciación de los elementos mencionados se pueden consultar los siguientes trabajos: Carlos Noguera E., “La medicina y la cuestión social la politización de la medicina o la medicalización de la política en Colombia (1900-1940)” (tesis de grado de la Maestría de Historia, Bogotá, UNAL, 1998). Mario Hernández Álvarez, La Salud Fragmentada en Colombia 1910-1946 (Bogotá: UNAL, 2002). Del mismo autor: La Organización Panamericana de la Salud y el Estado colombiano: Cien años de historia 1902-2002 (Bogotá: OPS Oficina Regional, 2002). Historia Social de la Ciencia en Colombia (Bogotá: COLCIENCIAS, 1993. Vols. VII y VIII Medicina.). Oscar Iván Calvo Isaza y Marta Saade Granados, La ciudad en cuarentena: Chicha, patología social y profilaxis (Bogotá: Ministerio de Cultura, 2002). Christopher Abel, Ensayos de historia de la salud en Colombia 1920-1990 (Santa Fe de Bogotá: CEREC, 1996). También se han intentado acercamientos desde la historia social y la historia económica: Mauricio Archila Neira, Cultura e identidad obrera. Colombia 1910-1945 (Santa Fe de Bogotá: CINEP, 1991).
7Se diferencia el cuerpo médico universitario de aquel que practicaba la medicina, pero no era profesional, los llamados “teguas”, contra los cuales luchaban los titulados en la universidad.
8Medófilo Medina, “La historiografía política del Siglo XX en Colombia”. En La historia al final del milenio. Ensayos de historiografía colombiana y latinoamericana (Bogotá: Editorial Universidad Nacional de Colombia, vol. II, 1994).
9Véase el trabajo de Fernán González, Para leer la política. Ensayos de historia política colombiana (Bogotá: CINEP, 1997), sobre la relación entre cultura y política; César Augusto Ayala, El populismo atrapado, la memoria y el miedo: el caso de las elecciones de 1970 (Medellín: La Carreta, Universidad Nacional de Colombia, 2006), sobre las elecciones presidenciales de 1970 y el trabajo Resistencia y oposición al Establecimiento del Frente Nacional. Los orígenes de la Alianza Nacional Popular (Anapo), Colombia 1953-1964 (Bogotá: Colciencias, Cindec, 1996); Medófilo Medina, Historia del Partido Comunista (Bogotá: CEIS, 1980), o Fabio López de la Roche, Izquierdas y cultura política. ¿Oposición alternativa? (Bogotá: CINEP, 1994), sobre la historia de la izquierda en los años 60 en adelante.
10Gilberto Loaiza, “Los intelectuales y la historia política en Colombia”. En: La historia política hoy; sus métodos y las ciencias sociales, editado por César Augusto Ayala Diago (Bogotá: Universidad Nacional de Colombia, 2004). Otros acercamientos a la relación de los intelectuales colombianos con la política se presentan en trabajos como: Gonzalo Sánchez Gómez, Los intelectuales y la política (Bogotá: Instituto de Estudios Políticos y Relaciones Internacionales IEPRI, UNAL, 2003). Andrés Botero Bernal, El papel del intelectual: Pasado, presente y futuro inmediato (Medellín: Editorial ISB, 2002). Miguel Ángel Urrego, Intelectuales, estado y nación en Colombia. De la Guerra de los Mil Días a la Constitución de 1991 (Bogotá: Siglo del Hombre Editores, 2002).
11Uno de los trabajos que ha tratado de adentrarse en el estudio de los intelectuales de rango medio dentro de la política es el de Gilberto Loaiza Cano, Manuel Ancízar y su época. Biografía de un político hispanoamericano del siglo XIX (Medellín: Editorial Universidad de Antioquia, 2004).
12Al respecto, los últimos trabajos del historiador César Augusto Ayala abordan la relación entre los aspectos discursivos de la clase política y sus prácticas. Véase: Exclusión, discriminación y abuso de poder en el tiempo del Frente Nacional: una aproximación desde el análisis crítico del discurso (ACD) (Bogotá: Universidad Nacional de Colombia, 2008). Desde el género biográfico tenemos como referente la obra El porvenir del pasado. Gilberto Alzate Avendaño, sensibilidad leoparda y democracia (Bogotá: Fundación Gilberto Alzate Avendaño, 2007), la cual aborda al intelectual conservador desde una perspectiva que integra la historia, la sociología y la antropología de la política colombiana. (tesis para optar al título de historiador, Universidad Nacional de Colombia, 2005).
13Rodrigo Ospina Ortiz, “Jorge Bejarano. El intelectual, la política y la medicina, 1888-1996”
14Ospina Ortiz, Jorge Bejarano. Un intelectual orgánico….
15Humberto Cáceres y Zoilo Cuellar Montoya, Academia Nacional de Medicina de Colombia. Sus miembros 1873-1997 (Santafé de Bogotá: Academia Nacional de Medicina, 1998), 118-119.
16Gerardo Molina, Las ideas liberales en Colombia 1915-1934 (Bogotá: Ediciones Tercer Mundo, 1974, tomo II), 67.
17Oliverio Perry, Quién es quién en Colombia (Bogotá: Oliverio Perry & Cia., 1948. Segunda edición).
18Herbert Braun, Mataron a Gaitán: vida pública y violencia urbana en Colombia (Bogotá: Universidad Nacional de Colombia. Centro Editorial, 1987), 342 y 366.
19Daniel Pécaut, Orden y violencia. Evolución socio política de Colombia entre 1930 y 1953 (Bogotá: Grupo Editorial Norma, 2001. Segunda edición).
20Medina, Historiografía política del siglo XX en Colombia…, 471.
21Abel, Ensayos de historia…, 12.
22Ibíd., 39.
23Los trabajos mencionados al respecto son: Néstor Miranda Canal, “La medicina colombiana de la Regeneración a los años de la Segunda Guerra Mundial”. En Nueva Historia de Colombia (Santafé de Bogotá: Planeta Colombiana Editorial, 1989, Volumen IV); Noguera, La medicina y la cuestión social. Néstor Miranda C., Emilio Quevedo V. y Mario A. Hernández, “La institucionalización de la ciencia en Colombia”. En Historia social de la ciencia en Colombia (Bogotá: Colciencias, 1993). Del mismo autor: La Salud Fragmentada en Colombia 1910-1946 (Bogotá: UNAL, 2002 Tomo VIII). Diana Obregón, “Historiografía de la ciencia en Colombia”. En La historia al final del milenio. Ensayos de historiografía colombiana y Latinoamericana, editado por Bernardo Tovar Zambrano (Bogotá: UNAL, 1994). Hernández Álvarez, La Organización Panamericana de la Salud….
24Calvo Isaza, La ciudad en cuarentena.
25Pedraza, Jorge Bejarano, 391.
26Carlos Aguirre y Carmen McEvoy, “Introducción”. En Intelectuales y poder. Citado por Pedraza, 392.
27Pedraza, Jorge Bejarano..., 392.
28Antonio Gramsci, Los intelectuales y la organización de la cultura (México: Juan Pablos Editor, 1975), 27.
29Pedraza, Jorge Bejarano..., 392.
30Martha Lucía Herrera, Educar el nuevo príncipe ¿asunto racial o de ciudadanía? (Bogotá: Universidad Pedagógica Nacional, 2013). Rubén Ardila, Historia de la Psicología en Colombia (Bogotá: Editorial Manual Moderno, 2013); Ximena Pachón, “La infancia y la antropología en Colombia. Una aproximación”. En Infancia y adolescencia. Análisis desde la antropología, compilado por Maritza Díaz y Mauricio Caviedes (Bogotá: Universidad Javeriana, 2015); Alejandro Salazar Bermúdez, “Visiones sobre el alcohol y la prohibición en los debates médicos y la prensa en Colombia, 1918-1923”, Trashumante. Revista Americana de Historia Social, n.° 9 (2017); Claudia Leal León, “Un tesoro reservado para la ciencia. El inusual comienzo de la conservación de la naturaleza en Colombia (décadas de 1940 y 1950)”, Historia Crítica, n.° 74 (2019); Jairo Gutiérrez Avendaño, “Mens sana in corpore sano: incorporación de la higiene mental en la salud pública en la primera mitad del siglo XX en Colombia”, Historia Caribe XIV, n.° 34 (2019); Michel Faizal Geagea, “La educación médica”, Revista de Medicina 42, n.° 1 (2020); María Alejandra Vallejo Castro, “Para contener a las ‘clases peligrosas’: análisis del discurso liberal. El caso del chichismo en Colombia durante la primera mitad de siglo XX” (tesis de maestría en Historia, Bogotá, Universidad de los Andes, 2013); Joan Manuel López Solano, “El laboratorio de lo social: configuración, trasformaciones y aplicaciones de una ciencia de la sociedad en Jorge Eliecer Gaitán, 1920-1946” (monografía de pregrado en Historia, Universidad Colegio Mayor Nuestra Señora del Rosario, 2016).
31“Discurso pronunciado por el académico Juan Pablo Llinás en la sesión solemne en homenaje al profesor Jorge Bejarano, celebrada en la biblioteca Luis Ángel Arango el 6 de julio de 1966”, Revista Médica 4, n.° 1 (1967): 53-60. En el anexo B se puede apreciar una cronología general de la vida y obra del intelectual.
32Bejarano, La educación física.
33Jorge Bejarano, “Lucha antialcohólica”, Repertorio de Medicina y Cirugía 6, n.° 4 (1914): 164-175 (aparece publicado en enero del año siguiente).
34Véase Jorge Bejarano, La madre y su primer bebé. Consejos útiles y necesarios a las madres (Bogotá; Editor J. Casis, 1919); El libro de la maternidad (Bogotá: Editorial Minerva, 1924); La obra de la Cruz Roja Nacional (Bogotá: Tipografía Regina, 1934); Alimentación y nutrición en Colombia (Bogotá: Editorial Cromos, 1941); La derrota de un vicio, origen e historia de la chicha (Bogotá: Editorial Iqueima, 1950). Nuevos capítulos sobre el cocaísmo en Colombia (Bogotá: Editorial Minerva, 1952); Literatura y tuberculosis (Bogotá: Editorial Iqueima, 1959); Reseña histórica de la higiene en Colombia (Caracas: Multilith ICSS, 1961).
35Ejemplos importantes de estas fuentes son: Jorge Bejarano, “Noticias de Higiene Pública”, El Tiempo, septiembre 6 de 1921, 3. “El Programa Liberal del Doctor Bejarano”, El Tiempo, mayo 8 de 1931, 4; “Higiene”, Revista Semana, febrero 12 de 1949, 11. “Cómo deben resolverse los grandes problemas de Bogotá”. El Tiempo, mayo 4 de 1930, 1 y 14. “Problemas Municipales”, El Tiempo, marzo 26 de 1930, 3.
36Se utilizará el libro de Klauss Krippendorf, Metodología del análisis de contenido: teoría y práctica (Barcelona: Ediciones Paidós, 1990).
37Aquí se utilizó el libro de Van Dijk, Racismo y análisis crítico de los medios; el de Ruth Wodak y Michael, comps., Métodos de análisis crítico del discurso (Barcelona, Gedisa, 2001) y el de Silvia Sigal y Eliseo Verón, Perón o muerte. Los fundamentos discursivos del fenómeno peronista (Buenos Aires: Eudeba, 2003).
38Algunos de los trabajos que se tuvieron en cuenta fueron: François Joutard, Esas voces que nos llegan del pasado (Buenos Aires: FCE, 1999); Thomas Sebeok y Jean Umiker Sebeok, Sherlock Holmes y Charles S. Pierce. El método de la investigación (Barcelona: Editorial Paidós, 1987). Gonzalo Abril, “Análisis semiótico del discurso”. En: Métodos y técnicas cualitativas de investigación en Ciencias Sociales, coordina por Juan Manuel Delgado y Juan Gutiérrez (Madrid: Editorial Síntesis, 1995).
39“Comentarios médicos”. El Tiempo, junio 30 de 1953, 4.
40Van Dijk, Racismo y análisis crítico de los medios, 236.
41Noguera, Medicina y política…, 123.
42Gramsci, Los intelectuales…, 27.
43Ibíd., 16.
44Gramsci, La constituzione del Partito Comunista. Citado en Hugues Portelli, Gramsci y el bloque histórico (México: Siglo XXI Editores, 1979), 101.
45Ibíd., 99.
46Gramsci, Los intelectuales…, 35.
47Giovanni Sartori, La Política. Lógica y método en las ciencias sociales (México: FCE, 1992, segunda edición en español), 10.
48Ibíd., 217.
49Ibíd., 219.
50Ibíd., 221.
51Michel Foucault, Microfísica del poder (Barcelona: Planeta, 1994), 99.
52Ibíd., 151.
53Ibíd., 152.
54Ibíd., 79.
55Ibíd., 185.
56Noguera, La Medicalización de la política..., 139.
57Eliseo Verón, “La palabra adversativa”. En El discurso político. Lenguajes y acontecimientos editado por varios autores (Buenos Aires: Librería Hachette, 1986), 13-26.
58Teun Van Dijk, “Discurso, conocimiento, poder y política. Hacia un análisis crítico epistémico del discurso”, Revista de Investigación Lingüística, n.º 13 (2010): 175.
59Van Dijk, Racismo y análisis crítico de los medios…, 253.
60Ibíd., 271.
61Ibíd., 274.
62Mijail Bajtín, Estética de la creación verbal (Buenos Aires: Siglo XXI Editores, 2005).
63Ibíd., p. 279.
64Franco Ferrarotti, “Las biografías como instrumento analítico e interpretativo”. En La historia oral: métodos y experiencias, compilado por Cristina Santamaría (Madrid: Editorial Debate, 1993).








