Esta no es la vida que pedí

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La educación no es suficiente si no va acompañada por la acción. Con esto en mente, cada sección de nuestro libro termina con sugerencias de planes de acción y herramientas para ayudarte a implementarlos. Llamamos a esta sección Estuche met, y esperamos que las ideas que ahí se ofrecen te resulten valiosas. Aún más importante, esperamos que te sientas motivada a adaptarlas y aplicarlas a tu propia vida, para que puedan darte resultados en el mundo real.
Sabemos que estás ocupada. Somos conscientes de que probablemente estés corriendo desde el momento en que te despiertas hasta que te acuestas. Pero también sabemos que tomarse el tiempo para seguir las recomendaciones que se encuentran en el Estuche met puede marcar la diferencia entre simplemente sobrevivir a lo que la vida te ponga delante, o prosperar a pesar de lo que la vida te mande.
Algunas de las acciones descritas en el Estuche met toman solo unos minutos. Otras requieren más tiempo y planeación. Todas ellas pueden ser útiles. Si sientes que la vida te está arrastrando hacia las profundidades, estas acciones pueden ayudarte a mantener la cabeza fuera del agua, y a crear una mejor calidad de vida para ti y tus seres queridos desde ahora, no en el futuro.
DEBORAH COLLINS STEPHENS
MICHEALENE CRISTINI RISLEY
JACKIE SPEIER, JAN YANEHIRO
SAN FRANCISCO, CALIFORNIA, JULIO DEL 2018
Prólogo
En el mundo hay solo quince personas que han ganado un Emmy, un Grammy, un Oscar y un Tony. Rita Moreno es una de ellas. El expresi dente Barack Obama se refirió a Rita, la única latina que ha ganado estos premios, como una pionera con la valentía de romper barreras y forjar nuevos caminos. La jueza de la Suprema Corte estadouniden se, Sonia Sotomayor, dijo: “Cuando era joven, idolatraba a Rita Moreno. Todavía lo hago”.
Rita es un modelo a seguir para los millennials y un ícono de inspira ción para todas las generaciones. Hoy, a los ochenta y seis años, sin que la jubilación corra por su adn, Rita tiene un exitoso programa de tele visión, One Day at a Time, e incluso más premios y reconocimientos: un Kennedy Center Honor, un premio de la American Civil Liberties Union (aclu) y una medalla de honor Ellis Island por su trabajo en derechos ci viles, portadas en las revistas Time, Newsweek, Glamour y una cobertu ra completa en el programa Today Show. Sin embargo, su camino hacia la fama y el éxito no ha sido fácil. Rita ha vivido casi todas las leccio nes incluidas en este libro, y ha salido de ellas más fuerte, más sabia y más realizada. A continuación, un recuento de sus experiencias, en sus propias palabras.
Simplemente enfrenta las cosas
Cuando leí por primera vez Esta no es la vida que pedí, le dije al editor que era una lectura obligada para todas las mujeres y los hombres que las aman. En sus historias y lecciones vi muchos paralelismos con mi propia vida. Cuando Jan me pidió que escribiera el prólogo, de inmediato dije que sí. Estas cuatro mujeres son el perfecto ejemplo de cómo yo, y muchas otras, enfrentamos las situaciones: simplemente lo hacemos. En mi libro, Rita Moreno: Memorias, empiezo con ese consejo: solo enfrenta las cosas. Pasé buena parte de mi vida buscando una identidad que me mantuviera a salvo. No quería ser solo esa “chica latina” con “atractivo sexual”.
No tenía modelos a seguir, así que elegí uno: Elizabeth Taylor. En retrospectiva, todos sabemos que imitar a alguien sencillamente no es posible; no es factible; no funciona. El resultado es que vives una vida muy confusa respecto de tu identidad. Pierdes algo extremadamente valioso e importante: el respeto propio. Esta lucha fue muy dolorosa. Siempre les digo a las mujeres que sean ellas mismas y dejen que la vida fluya.
Nadie muere por no caerle bien a los demás
Siempre fui la niña linda, del tipo “por favor quiéreme”. Es el síndrome del inmigrante; es resultado de ser puertorriqueña, de no sentirme parte del juego. A mí, como a tantas mujeres, se nos dice de manera sutil y no tan sutil: “No hagas olas; no hagas ruido”. Mi madre era muy consciente de ello. Crecí tratando de complacer al mundo. Quería gustarle al mundo. La mayor lección que he aprendido es esta: nadie muere por no caerle bien a los demás. Sin embargo, hay una pequeña voz, una presencia oscura que permanece contigo todo el tiempo. Es la que hasta el día de hoy dice cosas como: “Ja, ja, te dije que no podrías hacerlo”. Esa pequeña criatura todavía existe en mí, y tengo la sensación de que también en muchas otras mujeres. No piensan en ella como una entidad, pero yo sí. La llamo “mi Rosarita”, y la envío a su habitación todo el tiempo. Es imposible deshacerse de ella, pero he aprendido a no dejar que dirija mi vida.
Perseverancia
Había ganado el Oscar y un Globo de Oro por Amor sin Barreras (West Side Story). De verdad creí que después de eso iba a tener mucho trabajo, y que todo iba a ser color de rosa, pero sucedió lo contrario. Me resultaba imposible encontrar trabajo. No lo podía creer. Me rompió por completo el corazón. Hoy, a los ochenta y seis años, miro hacia atrás y considero esos eventos como una recompensa por todos los años difíciles en una profesión que desafió mi sentido de dignidad y autoestima a cada momento. Me recuerdan, en este tercer acto de mi vida, que caerse y levantarse constituyen una gran parte del sueño americano.
Esta no es la vida que pedí está lleno de historias sobre caer y volver a levantarse. Lo que le digo a mi gente es que resistan y recuerden quiénes son. Siéntete orgullosa de quién eres y sigue hablando; sigue quejándote. Y nunca, nunca, te des por vencida. Sé perseverante. No hay nada más poderoso que una mujer que encarna la perseverancia. Las lecciones de este libro, y las mujeres que lo escribieron, evidencian perseverancia en todo lo que hacen. Lo maravilloso de la perseverancia es que está disponible para todos, sin importar nuestros antecedentes o estatus socioeconómico.
Mi buena amiga, la brillante autora Amy Tan, dijo que Esta no es la vida que pedí da a las mujeres la inspiración para sobrevivir a la peor suerte y a las más difíciles circunstancias, y para escalar hacia una nueva vida de felicidad inesperada. Eso es lo que le deseo a cada mujer: la capacidad de sobrevivir y prosperar.
RITA MORENO

01

Convoca a una reunión de amigas en torno a la mesa de cocina
Eres el narrador de tu propia vida. Puedes crear una leyenda... o no.
ISABEL ALLENDE
ESCRITORA CHILENO-ESTADOUNIDENSE (1942-)
Encuentra un lugar seguro para contar tu historia
La primera y más importante forma de mantener la cabeza fuera del agua cuando la vida amenaza con arrastrarte hacia las profundidades, es crear un lugar seguro, en donde tu historia pueda ser escuchada: una reunión de amigas en torno a la mesa de cocina. Reunirnos alrededor de una mesa de cocina y contar nuestras propias historias nos dio poder. No lo sabíamos en ese momento, pero estábamos “validando el testimonio” mutuo al hablar de nuestras experiencias en un entorno confiable. Los psicólogos dicen que “validar el testimonio” es un ingrediente vital en el proceso de sanación.
Esperábamos con ansias nuestras reuniones, porque sabíamos que nos proporcionaban el único lugar en nuestras vidas donde seríamos escuchadas, que eran un espacio y un momento en el que otras mujeres nos escucharían sin juzgar. No tenemos duda de que poder contar nuestras historias salvó nuestra cordura y, en algunos casos, nuestras vidas. Creemos que cada mujer necesita crear para sí misma un lugar seguro donde su historia pueda ser escuchada. Sabemos, por experiencia propia, que permanecer conectadas entre nosotras ha hecho toda la diferencia en cuanto a nuestra capacidad para lidiar con los desafíos que hemos enfrentado.
¿Crees que no tienes tiempo para tus amigas? Te exhortamos a que lo pienses de nuevo. Si en este momento piensas que no tienes la energía para hacerlo, es precisamente por eso que deberías hacerlo. Si tu energía está baja, se debe a que estás tratando de hacer todo por ti misma. Te estás quedando vacía, y necesitas llenar tu tanque emocional con el apoyo y el aporte de las mujeres que son importantes para ti. Tu propio grupo, reunido alrededor de una mesa de cocina, alimentará tu alma. Puedes comenzar hoy mismo, siguiendo estos siete simples pasos para crear una maravillosa red de amigas.
Siete pasos para formar un grupo en torno a una mesa de cocina
1. Invita. No importa cuán mal esté tu vida en este momento. Organiza una reunión con mujeres que admires. No es necesario que sean famosas, ricas o fabulosamente realizadas. Tampoco que las conozcas bien, aunque sí deben ser personas a las que respetes y con las que compartas valores y prioridades similares: mujeres íntegras que estén dispuestas a escuchar, alentar y ser honestas. Muchas mujeres se sienten tan aisladas como tú. Este es el momento perfecto para conocer a esa mamá que comparte su auto para llevar y traer a los niños. ¿Qué hay de esa conocida en tu trabajo, a quien solo has saludado con un movimiento de cabeza, pero con quien siempre has sentido una chispa de conexión? En muchos de los ámbitos que frecuentas puede haber alguien a quien admires, alguien que te parezca confiable.
2. Elije el lugar de la reunión. Trata de que sea un ambiente cómodo y que brinde privacidad. Puede ser el rincón de una cafetería o la sala de tu casa. En nuestro caso, las mesas de cocina de nuestras diferentes casas nos han funcionado bien todos estos años.
3. Cita a una primera reunión. No tienes que hacer nada elaborado. Solo levanta el teléfono, envía un correo electrónico o haz la invitación en persona. Empieza por decir a tus invitadas que sabes que están ocupadas, que el propósito de esta reunión es crear una red de apoyo que se reúna con regularidad, para expresar lo que está sucediendo en sus vidas en un entorno confidencial. Las participantes son bienvenidas a hablar sobre sus trabajos (o la falta de ellos), sus familias, su salud, sus finanzas o cualquier otra cosa que haya en sus mentes y sus corazones. Den un nombre a su grupo y comprométanse a reunirse regularmente (cada dos semanas, o al menos cada mes). En nuestro propio grupo nos reunimos cada mes, aunque a veces, cuando una de nuestros miembros está pasando por una crisis, convocamos con mayor frecuencia.
4. Establece reglas básicas. Las primeras reuniones de tu grupo de mesa de cocina podrían beneficiarse de cierto tipo de estructura. En nuestras reuniones grupales siempre comenzamos con algunas preguntas esclarecedoras:
Entonces, ¿cómo va tu vida?
¿Cómo podemos ayudar?
¿A quién conocemos que pueda ayudar?
¿Qué podría alegrarte en este momento?
¿De qué podrías reírte?
Al terminar la reunión de hoy, nos comprometemos frente a las demás a hacer tres cosas por nosotras mismas. ¿Cuáles son?
5. Mantente positiva. No permitas que tu grupo se convierta en el “club de la queja”. La queja constante te roba el espíritu y no hace nada para empoderarte. El propósito de la reunión debe ir más allá. No te limites: expresa lo que te está molestando, lo que te está preocupando, lo que te está lastimando, y luego pide consejo. Hagan una lluvia de ideas sobre posibles soluciones y estrategias para los problemas que enfrentan.
6. Usa el Estuche met. Las sugerencias incluidas al final de cada sección de este libro pueden ayudar a que tus reuniones tengan un punto focal. Creamos el Estuche met a propósito, para darte herramientas con las que puedas trabajar en grupo en tus propias reuniones de mesa de cocina. Comenten los temas y las preguntas entre ustedes.
7. Compartan sus experiencias. Visiten nuestro sitio de internet, www.kitchentablefriends.com, y cuéntenos sus historias.
Nuestro grupo en torno a la mesa de cocina se reunió durante más de diez años; a lo largo de ese tiempo contamos muchas historias, resolvimos muchos problemas y reparamos muchos corazones rotos. A continuación, comenzaremos por presentarte los momentos decisivos que nos unieron como amigas para toda la vida.
02

Trasciende los eventos desafortunados
Aunque pueda haber tragedia en tu vida,
siempre existe la posibilidad de triunfar.
No importa quién seas o de dónde vengas.
La capacidad de triunfo comienza contigo.
Siempre.
OPHRA WINFREY
PRESENTADORA DE TELEVISIÓN (1954-)
Encuentro en la selva
“Pesadillas. Todavía invaden mis sueños cuarenta años después. Las pesadillas me recuerdan que la vida es un recurso precioso que debemos agotar, disfrutar, vivir. Soy Jackie Speier, y mis pesadillas me llevan a un fatídico día de noviembre de 1978. Tenía veintiocho años y estaba preparándome para comprar mi primera casa. Era asesora legislativa de un congresista estadounidense, ¡y lo tenía todo! También tenía un fuerte presentimiento de que el viaje que estaba preparando a Sudamérica podría ser el punto final de mi vida. ‘Son ideas tontas’, me aseguró mi amiga Katy. ‘Después de todo, viajarás con el cuerpo de prensa y un congresista estadounidense. ¿Qué podría salir mal?’
”Enclaustrada en una oficina del Congreso durante horas, estuve leyendo los informes del Departamento de Estado sobre una comunidad religiosa creada por el reverendo Jim Jones. Investigábamos numerosas denuncias de personas que alegaban que sus familiares estaban siendo retenidos contra su voluntad en un escondite de la selva, conocido como Templo del Pueblo. Mientras revisábamos las entrevistas grabadas con los desertores, me invadió una escalofriante sensación que no podía apartar de mí. Un exmiembro nos había dicho que las personas estaban siendo obligadas a suicidarse en un ejercicio que Jones llamaba la Noche Blanca.
”El congresista Leo Ryan, mi jefe, ya había escuchado suficiente. Decidió ver personalmente la difícil situación de los ciudadanos estadounidenses en Guyana. Pero incluso aunque la cia (Agencia Central de Inteligencia) y el Departamento de Estado habían dado el visto bueno en cuanto a la seguridad del viaje, yo tenía mis dudas.
”Volamos a Georgetown, la capital de Guyana, cambiamos de avión, y continuamos hacia Puerto Caituma, una remota pista de aterrizaje en lo profundo de la selva sudamericana. Un convoy de varias camionetas nos llevó al campamento de Jonestown. Entramos en un claro de la selva, donde vi un anfiteatro al aire libre rodeado de pequeñas cabañas. No podías evitar sentirte impresionado por el asentamiento. En menos de dos años, una comunidad había sido esculpida en la densa jungla. Durante nuestra primera y única noche en el Templo del Pueblo, los miembros nos entretuvieron con música y canto. Recuerdo haber mirado a Jim Jones a los ojos, y lo que vi fue locura. Ya no era el líder carismático que había atraído a más de 900 personas a una remota comuna de la selva; en aquel momento era un hombre poseído.
”El congresista y yo seleccionamos algunas personas al azar para entrevistarlas y determinar si estaban siendo retenidas en contra de su voluntad. Muchos de los individuos eran jóvenes (dieciocho o diecinueve años), mientras que otros eran personas mayores.
Uno por uno confirmaron que les encantaba vivir en el Templo del Pueblo. Era casi como si hubieran sido entrenados para responder a nuestras preguntas. Cuando la noche se acercaba, el corresponsal de noticias de nbc, Don Harris, salió solo a caminar y fumar un cigarrillo. En la oscuridad, dos personas se le acercaron y le pusieron unas notas en la mano. Harris me dio las notas, y tuve entonces la evidencia de lo que había percibido todo el tiempo: aquellas personas sí estaban siendo retenidas contra su voluntad en el complejo sudamericano.
”Cuando amaneció, entrevisté a las dos personas que le habían dado las notas a Harris, diciendo que querían irse. Se había corrido la voz sobre la oportunidad de dejar ese lugar, y más personas comenzaron a presentarse, afirmando que también querían partir. Entonces, de repente, aparecieron un par de hombres con armas de fuego. El caos sobrevino a medida que más individuos se nos acercaban queriendo salir. Jim Jones comenzó a vociferar y a gritar. Larry Layton, uno de los asistentes más cercanos de Jones, dijo: ‘No piensen mal. Todos estamos muy felices aquí. Miren la belleza de este lugar tan especial’. Una hora después, Larry Layton se había convertido en uno de los desertores, y también solicitó escapar del complejo de la selva”.
03

Cuando te dejen en la pista de aterrizaje, comienza a caminar
El mundo es redondo,
y el lugar que puede parecer el final,
puede también no ser más que el principio.
IVY BAKER PRIEST
EXSECRETARIA DEL TESORO
DE ESTADOS UNIDOS (1905-1975)
A tres minutos de la muerte
“La gente comenzó a gritar y a llorar. Algunos padres se enfrascaron en un estira y afloja con sus hijos, porque uno quería partir y el otro quedarse. Era tanta la gente que había decidido escapar del Templo del Pueblo, que el consulado tuvo que pedir otro avión.
”Partimos hacia la pista de aterrizaje. Vestido con un poncho amarillo que le quedaba grande, Larry Layton, el asistente de Jones, parecía demasiado ansioso por subir al avión de carga. Desconfiaba de él, por lo que pedí que lo registraran antes de abordar. Un periodista lo cateó, pero no encontró el arma que Layton había escondido debajo de su poncho. Al recordarlo me doy cuenta de lo indefensos que estábamos: un congresista, sus asistentes, periodistas y camarógrafos; no había entre nosotros ningún oficial de policía o escolta militar. No teníamos nada que nos protegiera, más que el escudo imaginario de la invulnerabilidad de un congresista y los miembros del cuerpo de prensa de Estados Unidos.
”De repente, escuchamos un grito. Segundos después oí un sonido poco familiar. Vi gente corriendo hacia los arbustos y me di cuenta de que el ruido era de disparos. Me tiré al suelo y me acurruqué alrededor de una llanta del avión, fingiendo estar muerta. Escuché pasos. Sentí mi cuerpo contraerse mientras alguien me disparaba a quemarropa. Recibí cinco disparos.
”Los hombres armados continuaron caminando por la pista de asfalto, disparando a gente inocente. Pronto se hizo el silencio. Abrí los ojos y miré mi cuerpo. Un hueso sobresalía de mi brazo y había sangre por todas partes. Recuerdo haber pensado: ‘Dios mío, tengo veintiocho años y estoy a punto de morir’. Le grité al congresista Ryan, llamándolo varias veces. No hubo respuesta.
”El motor del avión todavía estaba encendido, y pensé que si me las arreglaba para llegar a la escotilla de carga, podría escapar de aquel lugar. Me arrastré hacia la abertura del compartimiento de equipaje, reptando tanto como pude. Un periodista del Washington Post me recogió y me puso dentro del área de carga. Recuerdo haberle preguntado si podía darme algo para detener la hemorragia, y él me dio su camisa. Estaba perdiendo tanta sangre que la camisa se empapó en segundos.
”El avión estaba lleno de orificios de bala, y pronto nos dimos cuenta de que nunca podríamos salir de aquel infierno en la tierra. Alguien me sacó del avión y me puso de nuevo en la pista. Accidentalmente colocaron mi cabeza sobre un hormiguero, y las hormigas comenzaron a subirse a mí. Tirada a mi lado estaba la grabadora de algún reportero. Grabé mi último mensaje para mis padres y hermano, diciéndoles que los amaba.
”Supuestamente el Ejército de Guyana aseguraría la pista de aterrizaje y vendría a rescatarnos. Decidí creer firmemente que así sería; sin embargo, oscureció y seguíamos esperando. Aunque mi dolor era insoportable, me aferré a la vida.
”A mitad de la noche, entre los que estábamos en la pista de aterrizaje se corrió la voz de que había ocurrido un suicidio masivo en el Templo del Pueblo. A la una de la tarde del día siguiente, veinte horas después del tiroteo, llegó la Fuerza Aérea de Guyana. Su arribo coincidió con la transmisión de un mensaje en el que se anunciaba al mundo que más de 900 personas, incluido un congresista estadounidense y miembros de su delegación, habían muerto. Los titulares lo calificaron como el peor suicidio masivo de la historia. Hasta la fecha, todavía me refiero a los eventos de Jonestown como un asesinato masivo.
”La Fuerza Aérea de Guyana transportó a los sobrevivientes a un avión Medivac de la Fuerza Aérea estadounidense que ya estaba esperándolos. En mi memoria está grabado el recuerdo de cómo me sentí en aquel instante: como si alguien me hubiera envuelto en la bandera estadounidense. Me sentí tan agradecida.
”Cargado de sobrevivientes, el avión de la Fuerza Aérea partió hacia Estados Unidos. Mientras avanzábamos por la pista, recuerdo haber mirado mi cuerpo de reojo. Aquello era tan surrealista; era como si el trozo de carne destrozada que veía perteneciera a alguien que no era yo. Meses después me dijeron que el paramédico que me atendió durante el vuelo afirmó que estuve a tres minutos de la muerte”.
Un paso adelante, un día a la vez
“Cuando finalmente llegamos a la Base Andrews de la Fuerza Aérea, donde de inmediato me ingresaron a cirugía, ya había desarrollado gangrena y los cirujanos se debatían entre si debían amputarme la pierna o no. Después de cuatro horas de cirugía, la enfermera me sacó del quirófano; ahí estaba mi madre, que había viajado desde San Francisco para estar conmigo. Le dijeron que tenían que trasladarme al Centro de Traumatología de Baltimore, para intentar detener la propagación de la gangrena. Le supliqué a mi madre y a los médicos que me llevaran en ambulancia, pues temía morir en otro vuelo.
”El Centro de Traumatología estaba iluminado con luces increíblemente brillantes. Me conectaron numerosas sondas intravenosas. Recuerdo haberle preguntado a la enfermera cuántas calorías había en todos los líquidos que fluían hacia mi cuerpo. ‘Tres mil’, respondió ella. Dije: ‘¡Dios mío, voy a engordar muchísimo!’ Es interesante cómo podemos perder la perspectiva en medio del trauma.
”Después de una cirugía más, me llevaron de regreso a mi habitación del hospital. Los cirujanos habían reparado mi cuerpo, pero mi cabello todavía estaba enmarañado con sangre seca, tierra de Guyana y hormigas muertas. En un acto de amor que nunca olvidaré, mi hermano me lo lavó con ternura.
”Los médicos seguían muy preocupados por la gangrena en mis heridas. En un último y desesperado esfuerzo, comenzaron una serie de tratamientos hiperbáricos que requerían que entrara a una cámara parecida a un pulmón de hierro, lleno de microbios antibacterianos y oxígeno. Cada vez que me sacaban de la cámara, vomitaba violentamente. Por desgracia, tuvieron que repetir ese proceso varias veces.
”Confiando en que habían vencido a la gangrena, me transfirieron de regreso al Hospital Arlington, donde me colocaron bajo la protección de oficiales de alto rango de las fuerzas armadas, que se apostaron fuera de mi puerta durante las veinticuatro horas, porque había recibido amenazas de muerte por parte de individuos asociados con el Templo del Pueblo. Ellos culpaban a la investigación del Congreso por las muertes masivas en Guyana, y querían tomar represalias.



