Esta no es la vida que pedí

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”Los cirujanos colocaron injertos de piel en mis piernas. Los disparos me habían hecho explotar el brazo derecho, por lo que me insertaron un clavo de acero para mantener unido lo que quedaba de él. El nervio radial de mi brazo estaba dañado, y no podía usar mis dedos ni levantarlo. La primera vez que intentaron ponerme de pie para caminar, me desmayé. Después de estar hospitalizada durante casi dos meses y someterme a diez cirugías, finalmente fui dada de alta y volé de regreso a San Francisco.
”En los días posteriores se sucedió una ráfaga de entrevistas sobre la masacre de Jonestown. No me permitieron quedarme en mi casa, debido a las amenazas de muerte, así que me fui a vivir con una amiga. Todavía tenía en mi cuerpo dos balas, que los médicos consideraron demasiado arriesgado sacar. Nunca aparecí en público sin usar varias capas de ropa, para cubrir lo que había empezado a creer que era un cuerpo repulsivo y desfigurado. En los años que siguieron tuve que soportar meses de fisioterapia para recuperar el uso de mi brazo.
”Tenía veintiocho años. Era una mujer soltera, que apenas podía alimentarse sola, cuyo cuerpo estaba lisiado y marcado. Pero un día me di cuenta de que si iba a superar aquello, de que si alguna vez iba a salir adelante, tenía que encontrar la manera de no quedar atrapada en la autocompasión.
”El momento exacto en que me reconcilié con lo que había sucedido en Guyana ocurrió años después, en una playa llena de gente en Hawái. Aquel cuerpo desfigurado con el que caminaba era el mío; sin embargo, la alegría que sentía por el solo hecho de estar viva, era más grande que mis inseguridades. Había llegado a la conclusión de que el cuerpo de una persona es irrelevante, y que la belleza física es un asunto superficial. Estaba discapacitada, pero no creía que una discapacidad de cualquier tipo me impidiera vivir una vida plena y maravillosa. En todo caso, mi cuerpo desfigurado me había abierto los ojos respecto del prejuicio que solemos albergar hacia aquellos que son diferentes.
”Ese día me puse un traje de baño y crucé la playa de Hawái mientras la gente miraba las cicatrices de mis heridas de bala. Seguí caminando. Y con cada paso aprendí que, por difícil que sea, solo tienes que dar el siguiente. Solo tienes que obligarte a hacerlo. Mi tiempo de morir no había llegado aquel día de noviembre, en la selva. Pero sin duda alguna, este sí era mi tiempo de vivir”.
La vida no ofrece garantías
“Sobreviví a la masacre en Guyana, y terminé casada con un médico de urgencias. También fui elegida para servir en la legislatura de California. Tuvimos nuestro primer hijo, y la vida empezaba a ser tal como la había soñado. Intentamos tener más niños, pero después de dos abortos espontáneos, tratamientos de fertilidad y una adopción fallida, Steve y yo decidimos renunciar a nuestro sueño de incrementar la familia. Me lancé entonces a una campaña estatal para convertirme en Secretaria de Estado de California, pero, milagrosamente, tres meses después supe que estaba embarazada. Los médicos diagnosticaron que se trataba de un embarazo de alto riesgo. En consecuencia, me retiré de inmediato de la campaña, para centrarme en la salud del hijo que esperaba.
”Un lluvioso día de enero, cuando tenía tres meses de embarazo, iba de camino a Sacramento cuando mi secretaria me localizó para decirme que Steve había tenido un accidente automovilístico. Inmediatamente llamé a la sala de emergencias y hablé con el médico tratante. Por su voz, me di cuenta de que las heridas de mi esposo eran graves. Yo estaba a una hora de distancia. Me apresuré a ir al hospital, temiendo lo peor.
”Una vez que llegué, me pareció que pasaron horas antes de que me dejaran ver a Steve. Cuando finalmente pude verlo en la unidad de cuidados intensivos, tenía una válvula en la cabeza y se hallaba conectado a un respirador. Su cuerpo estaba tibio, pero las máquinas indicaban que ya no tenía función cerebral. Lo besé. Lo abracé. Le dije que lo amaba, aunque sabía que no podía oírme. No podía creer que otra pesadilla se estuviera desarrollando frente a mí.
”Más tarde me enteré de que un conductor sin frenos ni seguro de auto se había pasado una señal de alto a toda velocidad, y después de perder el control, chocó de lado con el vehículo de Steve. Su negligencia mató a un hombre talentoso, cariñoso y lleno de vida. Ahora yo era una viuda, embarazada y con un hijo pequeño.
”La pérdida de mi esposo fue traumática. Ni siquiera quería salir de la cama. Pero en realidad, no tenía opción. Yo era el único sostén de dos niños, uno de ellos todavía por nacer. Steve no tenía seguro de vida, por lo que su muerte fue un desastre emocional y económico. Tuve que vender todo, incluyendo mi casa. Pasé los siguientes ocho años criando a dos hijos como madre soltera.
”Hoy, muchos años después, tengo la suerte de llevar una vida alegre y feliz. Estoy casada con un hombre maravilloso, Barry Dennis, a quien conocí en una cita a ciegas. Él era un soltero empedernido; sin embargo, cinco meses después, ¡estábamos comprometidos! Mis hijos son unos adultos felices, bien adaptados y saludables.
”Quiero que las mujeres recuerden que cuando la vida las deje solas, tiradas a media pista, ya sea por la devastadora pérdida de un ser querido, el desmoronamiento de un sueño de toda la vida, la pérdida de un trabajo, o por eventos que ponen nuestro mundo de cabeza, siempre pueden aprender a caminar de nuevo. Soy una prueba viviente de que las mujeres pueden reinventar y reconstruir sus vidas, sin importar las adversidades que hayan enfrentado”.
04

Cuando la vida no sea lo que pediste, comienza de nuevo
Una de las cosas más difíciles que alguna vez
tendrás que hacer, querida mía,
es llorar la pérdida de una persona que aún está viva.
ANÓNIMO
Muerte y divorcio
“Han pasado veintitrés años desde que mi esposo, John Zimmerman, murió de glioblastoma en etapa 4, el tipo más agresivo de cáncer cerebral”, dice Jan Yanehiro.
“John tenía cuarenta y seis años; yo, cuarenta y siete. Habíamos estado casados por veintidós años. Nuestros hijos tenían doce, diez y seis años cuando lo perdimos. Me complace decir que los niños crecieron y se convirtieron en adultos extraordinarios, y a los setenta, yo todavía trabajo (y me encanta).
”Y para que conste: sí, pienso en John con frecuencia. Lo extraño sobre todo cuando me doy cuenta de cuántos momentos especiales se perdió en la vida de nuestros hijos: licencias de conducir, bailes de graduación, actuaciones en obras escolares y competencias de natación, empleos de verano, graduaciones del bachillerato, graduaciones de la universidad, empleos después de la universidad y la boda de nuestra hija. Las lágrimas brotan de mis ojos en momentos inesperados, como este, mientras escribo.
”Dos años y medio después de la muerte de John, me volví a casar. El matrimonio duró diez años y terminó en divorcio. Alguien me preguntó una vez qué era más difícil, perder un esposo por muerte o por divorcio. Sin vacilar, respondí: ¡por divorcio! Está bien, tal vez sin el signo de exclamación, pero el divorcio fue más difícil.
”La muerte es definitiva. No hay nada que puedas hacer al respecto. John no quería morir. Estaba seguro de que vencería el cáncer cerebral. No pudo. En contraste, el divorcio es hiriente, mordaz y traicionero. La traición lastima tan profundo que, incluso diez años después, apenas estoy empezando a sentir que las heridas no son tan profundas. Creo que eso significa que estoy sanando. Una persona me preguntó con curiosidad por qué me había divorciado. Mi respuesta fue simple: me engañó.
”Si ahora parezco tan firme, tan segura, tan clara mientras escribo sobre esto, en aquel entonces no lo era. Me llevó años (y años) procesar el divorcio. ¡Todavía me da vergüenza decir que estoy divorciada! Me resulta difícil incluso admitir quién solicitó el divorcio. Él lo hizo. ¡Me siento tan cobarde por no haberlo hecho primero!
”Han pasado once años desde que me mudé de nuestra casa, decisión que tomé en contra del mejor consejo de todos, incluido mi abogado de divorcio. Mi exesposo solicitó la separación legal, y se mudó a la casa de huéspedes. Cada día, cada noche, cada semana, yo era un desastre, hasta que mi autoestima tocó fondo. Jackie me dijo que estaba actuando como una esposa maltratada emocionalmente. Por supuesto, lo negué. ¿Yo? No, yo no. Tenía una carrera en televisión, tres hijos y tres hijastros. Pertenecía al consejo de un corporativo. ¿Maltratada?
”La respuesta corta es sí, lo era. Solo para aclarar: no hubo abuso físico, pero abuso emocional sí. Cuando recibía un correo electrónico de mi ex, sentía náuseas y hasta miedo de abrirlo. Podía notar cómo mi corazón latía con fuerza. ¿Qué quiere ahora? ¿Cuál es su nueva exigencia? ¿El divorcio judicial? ¿Un arreglo económico? ¿Qué hice mal en este matrimonio? Cuando tu autoestima cae bajo cero, es sorprendente lo que un simple correo electrónico puede provocar.
”Han pasado nueve años desde que mi divorcio se consumó definitivamente. Tardé dos años en obtener el divorcio, y me costó 250,000 dólares (yo no tenía esa cantidad de dinero, así que pedí prestado). Y ni siquiera estaba pidiendo pensión alimenticia. Habíamos firmado un acuerdo post-nupcial aproximadamente un año antes del divorcio, porque según él, quería proteger su empresa. Tontamente, lo firmé. Durante el divorcio, su abogado mencionó que los negocios no iban bien, y que mi ex estaba considerando pedirme una pensión alimenticia.
”Hace un año pagué todo el dinero que debía por mi divorcio a abogados, mediadores, contadores y valuadores de bienes raíces. Al final, solo quería terminar con aquello. Acabar con el dolor, la incertidumbre y la ira. Un buen amigo de la familia, Larry Howell, me dio un gran consejo: ‘Si quieres que se termine, tú haz que se termine’.
”¿Perdí dinero? Probablemente. ¿Siento que todo fue justo? No.
¿Qué obtuve? La mitad del valor de la casa en la que había invertido. Pero llegué al punto en que podía decirme a mí misma: me siento condenadamente bien. Al fin. La mayor parte del tiempo me siento como la mujer soltera más feliz de todo San Francisco. Cumplí setenta años siendo más sabia. No puedo decir que setenta años más vieja, porque no me siento vieja. Quiero decir, no vieja como pensamos que seríamos… almas arrugadas, grises, encorvadas, tambaleantes y balbuceantes. Claro, tengo arrugas y estoy canosa. Sin embargo, mi estilista se asegura de que vuelva a mi color ‘natural’ cada cinco semanas.
”Siento que apenas estoy agarrando mi paso. Dios, se siente bien decirlo, y también experimentarlo. Mis tres hijos ya son adultos. Y estoy enormemente orgullosa de ser su madre. En la mañana en que John murió, hice dos promesas. Le prometí a John que me aseguraría de que nuestros hijos crecieran felices, recibieran una educación y vivieran sus vidas. Y me prometí a mí misma que mis hijos no usarían la muerte de su padre como excusa para no vivir.
”Mi primera hija, Jaclyn Mariko Zimmerman, tiene treinta y seis años, y vive y florece en Berlín, Alemania. Jaclyn es una de las mujeres más valientes que conozco. Vive sin temores en un país extranjero, y crea sus propias oportunidades de trabajo. Mi primogénita va a toda velocidad.
”Jenna Reiko Zimmerman tiene treinta y cuatro años. Después de pasar diez en la ciudad de Nueva York, produciendo programas para Food Network, trabajó en siete programas que fueron nominados al Emmy; ella misma fue nominada a un Emmy como productora de Guy´s Big Bites, programa de televisión sobre gastronomía, después de lo cual regresó a San Francisco. En su segundo día ahí conoció a un joven llamado John Robinson, a quien adoro, y que encaja a la perfección como otro miembro de nuestro ‘Clan-J’. (Mi difunto esposo John y yo pusimos a todos nuestros hijos nombres que comienzan con la letra J).
”Mi hijo, JB (John Blake) Zimmerman, tiene treinta años y lleva vida de soltero en Santa Mónica, California. Se graduó en la Universidad de Arizona, y siempre supo que quería una carrera en televisión y producción de películas. Al igual que a su padre (quien era contador público), le encantan las películas. Desde que JB tenía aproximadamente dos años, ambos veían películas juntos en el despacho de mi marido. JB trabaja para varias compañías de producción que están definiendo lo que los millennials y centennials quieren ver: formato corto, en línea y con disponibilidad permanente.
”El lado positivo de mi divorcio son mis dos hijastros, Meredith y Christopher Eves. Puedo estar divorciada de su padre, pero elegí no divorciarme de ellos. Meredith está casada con una persona maravillosa, Conor Flynn. Tienen dos hijos adorables, Kieran y Gigi, y viven en Connecticut. Chris está trabajando en Los Ángeles, tratando de darse a conocer a través de sus videos musicales”.
Seguir adelante
“Mucha gente dio por hecho que, dado que trabajé en radio y televisión durante más de veinticinco años, tendría una buena posición económica. ¡Ay, cómo desearía que eso fuera cierto! Sí, viví bien, pero la vida se complicó. Ahora necesito trabajar para asegurarme de que podré ser autosuficiente cuando me retire. Detesto pensar que podría tener que depender de mis hijos.
”Creo firmemente que uno debe pedirle al universo lo que necesita. En 2008, necesitaba un trabajo. La diosa del trabajo escuchó mi súplica y un gran empleo me cayó del cielo. La presidenta de la Academia de Arte de la Universidad de San Francisco, la doctora Elisa Stephens, me llamó y me ofreció la oportunidad de abrir un departamento totalmente nuevo: una Escuela de Tecnología y Medios de Comunicación.
”En dos meses (y con mucha ayuda), construimos un estudio, contratamos profesores y diseñamos un programa de cuatro años, así como un programa de maestría. Es realmente sorprendente la manera en que los estudiantes pueden hacerte sentir joven e inspirarte a reinventarte a ti misma. Como directora-fundadora del departamento, ¡me la estoy pasando en grande! Por supuesto, he tenido que aprender un nuevo idioma, que incluye conceptos como ‘currículum’, ‘plan de estudios’ y ‘boleta de calificaciones’. He cometido errores: malas contrataciones, aceptar las excusas de los alumnos con mucha facilidad, atiborrar demasiada información en un solo semestre. Pero esta es la buena noticia: puedes transferir tus habilidades de una carrera a otra. Soy una reportera calificada; siempre estoy haciendo preguntas. Y ahora, estoy haciendo preguntas a mis alumnos: ¿qué pasó con esa tarea? ¿Por qué no arriesgarse? ¿Qué es lo que realmente quieres lograr?”
¿Estoy saliendo con alguien… o no?
“No.
”A estas alturas, si tengo una noche libre, prefiero pasarla en casa viendo una buena serie de televisión, en lugar de sentarme frente a un hombre en un restaurante y tener que acariciar otro ego masculino. Como dice mi amiga Mary Les Casto (fundadora de Casto Travel, una compañía internacional): ‘No hay hombre suficientemente bueno para mí’. Yo soy lo suficientemente buena para mí.
”¿Mencioné que rediseñé mi anillo de matrimonio después de mi divorcio? Decidí que merecía cada quilate de ese anillo de diamantes que me regaló mi segundo esposo, y realmente quería usarlo a diario. Pero no deseaba que fuera la misma argolla que cuando él me la dio. Me traía demasiados recuerdos desagradables, y mal karma también. Así que lo rediseñé, y lo uso con mucho orgullo en mi dedo derecho, todos los días.
”Puede que esté sola, pero no estoy en soledad. La vida es plena. Y yo a propósito la mantengo así. Continúo sirviendo en la junta directiva de la fundación de Kristi Yamaguchi Always Dream (“Sueña Siempre”), y en la Asociación de Ciudades Hermanas San Francisco-Osaka. De hecho, acabo de ir a Osaka a celebrar el sexagésimo aniversario de la asociación de ambas ciudades. También fungí durante seis años como presidenta del Proyecto de Representación, cuya misión es la igualdad de género, y seis años en el Consejo Americano-Japonés. Y después de diez años y medio, cedí el puesto en la junta corporativa del Bank of Marin.
”El año pasado, Deborah me pidió ir a Indianápolis a su Conferencia de Mujeres en Indiana, para entrevistar a Diane Keaton, actriz y autora ganadora de un Oscar. ¿Entrevistar a Annie Hall, el emblemático personaje de la cinta de Woody Allen? ¡Sí, cuenta conmigo! Al leer los libros de Keaton me enteré de que ella es muy consciente de que su cabello está adelgazando, de que se niega a hacerse un estiramiento facial, y de que adoptó a sus hijos cuando tenía cincuenta y cincuenta y cinco años de edad. En el escenario de la conferencia, compartió además que pronto cumplirá los setenta y dos. ¡Bravo, Diane!
”En una cena reciente, me senté junto a LeRoy Morishita, presidente de la Universidad Estatal de California en East Bay, quien me dijo que no hay miembros asiático-estadounidenses en el Consejo de Administración del sistema de la Universidad Estatal de California. Me sentí escandalizada. Yo me gradué de la Universidad Estatal de California en Fresno, y por ello siento un interés particular, así que pensé: ‘Hmm…, debería poner mi nombre en la lista como una candidata potencial’. Mujeres, no podemos ser tímidas; debemos encontrar la manera de tener un asiento en la mesa. ¡Esperen más noticias!
¡Me siento como si apenas estuviera comenzando!”
05

Aprende los secretos de la dama de cabello azul
Yo estaba muy lejos de una posición de poder,
pero mi ingenuidad jugó a mi favor.
Cuando me dijeron que el estudio había “aprobado”
mi primer piloto, pensé que era algo bueno,
ya sabes, como cuando “apruebas” en la universidad.
LINDA BLOODWORTH-THOMASON,
PRODUCTORA DE TELEVISIÓN Y ESCRITORA (1947-)
Cabello azul los viernes
“Me preguntaba si él había notado su cabello azul. De hecho, aquel hombre no mostró inguna reacción al ver que la anciana que tenía sentada frente a sí, en su opulenta oficina de banquero, portaba el cabello más azul que jamás hubiera visto en su vida. Soy Deborah Stephens, y esa mujer de cabello azul era mi abuela.
”Su cabello azul, combinado con una actitud desenfadada, ojos penetrantes y una calidez provinciana, no dejaban dudas de que el Señor Banquero era tan solo un obstáculo menor entre ella y su objetivo: un préstamo. Nunca se le ocurrió que hubiera razones que le impidieran tener éxito: la falta de garantías (su casa no estaba a su nombre), ningún historial crediticio, y el hecho de que, en aquellos días (hace apenas unos treinta años), en Estados Unidos una mujer ni siquiera podía tener una tarjeta de crédito a su nombre. No obstante, sabía que el Señor Banquero no era rival para la dama de cabello azul.
”Sus mechones plateados eran teñidos de azul una vez por semana: un tinte, un rizado y un peinado todos los viernes por la mañana, invariablemente. El proceso completo la hacía sentirse bella, poderosa y resuelta. En consecuencia, llegué a amar ese cabello azul casi tanto como la amaba a ella. Por otro lado, crecí creyendo que todas las mujeres de cierta edad, seguras de sí mismas, teñían su cabello de azul.
”Aquel día fue decisivo para mí. Sí, mi abuela recibió el préstamo, un crédito de estudios universitarios, para mí. Sus habilidades de negociación podían abrir las puertas de cualquier sala de juntas de un corporativo. Sin embargo, no tenía educación y era pobre. Su riqueza consistía en profundas creencias religiosas y una bondad incondicional. También poseía la tenacidad de un bulldog, ya que nunca dejó que la palabra ‘no’ se interpusiera en su camino.
”Lo que le faltaba en dinero, mi abuela lo compensaba con abundancia de sueños. Creía firmemente en mí, más de lo que yo creía en mí misma. Sin importar las circunstancias o los desafíos, estaba decidida a que alcanzara en la vida aquello que tanto ella como mi madre solo habían soñado. Toda mujer debería tener en su vida una dama de cabello azul como mi abuela. Esa persona que piensa que eres maravillosa, incluso cuando no te sientas como tal. La mujer que siempre cree que todo es posible, sin importar las probabilidades.
”Gracias a ella asistí a la universidad, conseguí un emocionante trabajo en un corporativo y gané más dinero en un año que el que mi madre había ganado en diez. Años más tarde fui cofundadora de un despacho de consultoría gerencial, escribí seis libros y di discursos en todo el mundo. Brindando consultoría a líderes (incluido un presidente de Estados Unidos), tuve la oportunidad de trabajar con algunas de las personas más poderosas del país, en un mundo que había estado cerrado para mi abuela. Sin embargo, ella era mi inspiración.”
Obstáculos y posibilidades
“Los obstáculos y las posibilidades a menudo se combinan para formar momentos decisivos en la vida, que aparecen justo cuando pensamos que tenemos la existencia resuelta. Por desgracia, las vidas organizadas perfectamente en categorías y compartimentos pueden voltearse de cabeza en un segundo. Una situación así tuvo que ver con mi esposo, Mike. Después de jugar un partido de golf, experimentó un dolor repentino que se fue incrementando y que le impedía caminar, mientras su cuerpo sufría espasmos en todos los músculos. Después de seis meses y numerosos viajes al Centro Médico de la Universidad de California en San Francisco, los médicos comenzaron a descifrar la enfermedad que estaba devastando su cuerpo y que, para ese entonces, ya había destruido más de la mitad de su capacidad pulmonar. Su diagnóstico comenzaba con estas palabras: ‘fibrosis pulmonar, causada por dermatomiositis y polimiositis’, términos que no pude pronunciar ni entender. Nos dijeron que le quedaban de cinco a seis años de vida. Nuestros hijos tenían seis y diez años en ese entonces. Los médicos sugirieron un trasplante de pulmón.
”Mientras escribo en el Día de los caídos, fecha en que los estadounidenses honramos a quienes han servido y muerto en las guerras, me doy cuenta de que mi esposo fue veterano de una guerra muy diferente: una guerra contra una enfermedad rara. Han pasado doce años desde su diagnóstico y tres y medio desde su muerte. Mike sobrevivió tantos años al pronóstico de los médicos, que estuvo entre los pacientes más longevos tratados por fibrosis pulmonar. Cuando murió, Jackie honró a este guerrero haciendo ondear la bandera estadounidense a media asta en la capital de la nación.
”Mike, nuestros hijos y yo pasamos más de la mitad de nuestras vidas luchando contra esa terrible enfermedad, al mismo tiempo que intentábamos llevar una existencia normal. Pasamos por momentos de temor y tristeza, y muchos de felicidad. Tuvimos discusiones con las compañías de seguro por medicamentos experimentales, autorizaciones y asignación de responsabilidades. Hubo hospitalizaciones y viajes en ambulancia a mitad de la noche. Nos mudamos de nuestra casa en San Francisco a una pequeña ciudad del Medio Oeste, lo que nos acercó más a la familia de Mike, además de que la lista de trasplantes de pulmón en esa región era más corta. Muchas mujeres tienen historias como la mía. ¿La diferencia? Estoy bendecida con amigas como Jackie, Jan y Michealene, y he sido apoyada por la sabiduría de otras mujeres que me ayudaron a prepararme para un futuro que no quería.
”Mudarse a una pequeña comunidad en el Medio Oeste a los cincuenta años significó dejar atrás mi hogar, los amigos que amaba y un sistema de apoyo en el que siempre había confiado. Para darme valor, llevaba un trozo de papel en mi bolso que decía: ‘¿Qué haría la dama del cabello azul?’ Aunque no conocía a ninguna mujer en mi nueva zona de residencia, sabía cuán importante era la amistad femenina en mi vida. Por lo tanto, traté de encontrar la manera de conocer a tantas mujeres como pude, en el menor tiempo posible. Mi solución fue crear una conferencia de mujeres similar a la que Jackie había comenzado en California. Hoy, esta conferencia está en su octavo año y ha crecido para convertirse en el evento más grande en su tipo para las mujeres del Medio Oeste.



