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Utilizando la geometría euclidiana, von Mises (2012) explica con un ejemplo cómo se plantean las primeras proposiciones de donde parte la deducción y afirma que la selección de las proposiciones es arbitraria y que se hace de acuerdo a una conveniencia o adecuación (p. 45). Sobre la base de estas definiciones, von Mises declara que esto no sucede en la teoría de la acción humana, dado que las primeras proposiciones están en la mente humana, en las ideas y en el pensamiento, y, por tanto, estas tienen contacto con el mundo real y perceptible mediante la acción de las personas (Hoppe, 2012). En este sentido, las categorías a priori son el equipamiento mental para pensar y experimentar sin que sea necesario la comprobación empírica ni las pruebas estadísticas para elaborar la teoría de la acción humana.
Von Mises explica que las ciencias naturales basan su conocimiento en la experiencia y los experimentos. A esto se le conoce como el empirismo o la metodología positiva, como explicamos anteriormente. El empirismo desconfía de los sentidos, dado que plantea que la captura de la realidad por lo seres humanos es imperfecta, que es imposible razonar a priori y que, por tanto, se hace necesario comprobar mediante evidencia empírica el conocimiento científico. En el caso de la economía, el positivismo, al no poder efectuar experimentos en tiempo real, recurre a los datos estadísticos, la información fechada o, como se le conoce, la historia.
El problema del empirismo cuando se aplica en las ciencias sociales, en especial en la economía, es que el investigador percibe parte de la realidad que le permite sus sentidos y razonamiento, y parte del resto de la realidad no la percibe, como la conducta de las personas, sus preferencias y los procesos económicos que se dan en el mercado libre. En otras palabras, se infiere sobre lo no observado estando sujetos al problema de muestreo y a los errores de medición (von Mises, 2012).
Una importante diferencia de las ciencias naturales y sociales, según von Mises, es que “en las valoraciones humanas y consecuentemente en la acción humana, no se encuentra la regularidad que caracteriza a los campos investigados por las ciencias naturales” (p. 59).
Sobre la base de la cita anterior, una característica de las categorías de las ciencias naturales es que no existen fines, es decir, no hay conductas deliberadas para lograr un objetivo. En la ciencia de la acción humana existen las ideas, el pensamiento, el razonamiento y, finalmente, la acción, cuyo objetivo es lograr el fin propuesto. Luego la razón y la acción son como las dos caras de una moneda.
Von Mises afirma que “todo teorema de la praxeología es deducido mediante el razonamiento lógico a partir de la categoría de la acción” (p. 81), y agrega: “en el ámbito de la acción humana no existen relaciones constantes entre ninguna de las variables, consecuentemente, no hay medición ni cuantificación” (p. 105).
En la cita anterior, el autor afirma que las mediciones estadísticas no pueden ser fijas dada la subjetividad de la acción humana; en tal sentido, la teoría es general y es imposible hacer mediciones para casos particulares; también al autor nos enseña que las estimaciones estadísticas se relacionan con un periodo y lugar determinados, por lo que los resultados estadísticos no se pueden generalizar para todos los periodos ni regiones geográficas.
Una importante contribución de la praxeología y de la teoría general de la acción humana es que se pueden predecir cualitativamente efectos cada vez que el gobierno adopta una política económica, si los efectos serán positivos o negativos. Así, la economía no es historia, sino una rama de la praxeología.
Von Mises agrega que “el economista no basa sus teorías en investigaciones históricas sino en razonamiento teórico como el del lógico o matemático” (p. 119). En tal sentido, la historia económica necesita de la teoría económica para interpretar los hechos acontecidos. La teoría implica una causa y un efecto, y esta relación se basa en la lógica económica y no en la historia; es decir, ni de datos históricos ni de estadísticas se pueden deducir proposiciones teóricas.
PREGUNTAS
1. ¿Qué es la epistemología de la economía?
2. ¿Cuál es la metodología de Milton Friedman para investigar y elaborar teorías económicas?
3. ¿Qué es la economía positiva y normativa? Plantee las diferencias.
4. ¿Qué es una teoría, un modelo y una hipótesis? Plantee un ejemplo.
5. ¿Cuál es la característica de una hipótesis según Friedman?
6. ¿Qué son los supuestos? ¿Deben ser reales? ¿Por qué?
7. ¿Cuál es el procedimiento para que una hipótesis sea aceptada siguiendo la metodología de Popper y Friedman? ¿Estas deben ser verdaderas? Explique.
8. ¿Cuál es el comentario de Zanotti respecto a la importancia que Friedman le da a la predicción?
9. ¿Cómo se dividen las ciencias de la acción humana según Von Mises? ¿Qué es el apriorismo praxeológico?
10. ¿En qué se diferencia la metodología de Von Mises respecto de la de Friedman?
11. ¿Qué son las categorías a priori de la mente humana según Von Mises y Hoppe?
12. ¿Cuál es el problema del empirismo cuando se aplica a las ciencias sociales y, en especial, a la ciencia económica?
SEGUNDA PARTE
LA TEORÍA DEL CONSUMIDOR Y DEL INTERCAMBIO
INTRODUCCIÓN
Adam Smith (1997) manifestó algo muy importante: “El consumo es la finalidad exclusiva de la producción, y únicamente se deberá fomentar el interés de los productores cuando ello coadyuve a promover el del consumidor” (p. 588). Esta expresión sigue vigente en nuestros días. Cualquier industria siempre produce bienes que acabarán siendo comprados. Algunos bienes son finales, ya no son transformados y son adquiridos por los consumidores; otros bienes son intermedios, se utilizan como insumos en los procesos productivos, pero formarán parte de la cadena de producción que finalmente acabará en un bien final cuando el consumidor los use para satisfacer una necesidad. Cuando las personas consumen alimentos, lo hacen para evitar el hambre que causa la escasez de estos; necesitamos de bienes y servicios para dar fin a una situación de malestar. El consumo nos da utilidad y esta varía en intensidad a medida que vamos consumiendo un bien. Normalmente tenemos un ingreso monetario, definimos las prioridades en las actividades que nos permitirán satisfacer nuestras necesidades y luego actuamos comprando y consumiendo.
En este capítulo, investigamos la valorización de los bienes y servicios que da lugar al principio de la utilidad marginal, explicado por economistas del siglo XIX. Este principio cambió para siempre la ciencia económica ya que nos explica que el valor de los bienes depende de la utilidad que da su consumo, lo que significa que el valor de las cosas no se define en la fábrica, sino en el mercado, dada la subjetividad de los individuos. El principio de la utilidad marginal destronó la teoría del valor trabajo, que explica que el valor de los bienes depende de los costos de producción, siendo el trabajo el principal costo. Lo paradójico es que la teoría antes mencionada fue planteada por el economista liberal Adam Smith en el siglo XVIII y utilizada por el marxismo en el siglo XIX para fundamentar la teoría de la plusvalía que fue el sustento económico para promover el comunismo.
1. LA LEY DE LA UTILIDAD MARGINAL DECRECIENTE EN EL CONSUMO DE UN BIEN: LA LEY DE GOSSEN
Cuando consumimos cualquier bien, por ejemplo, agua, asumiendo que tenemos mucha sed, el grado de satisfacción de la necesidad, el que llamaremos a partir de ahora utilidad, aumenta hasta un máximo nivel y de allí en adelante se mantiene, aunque puede disminuir y ocasionar un malestar si seguimos bebiendo agua. Sin embargo, a medida que el consumo aumenta, las variaciones de la utilidad son cada vez menores hasta que prácticamente se vuelven insignificantes. Si bebemos agua, la utilidad total aumenta, lo que significa que la necesidad se está satisfaciendo, pero cada trago adicional que tomamos nos da una utilidad cada vez menor. En esto consiste la ley de la utilidad marginal del consumidor, conocida como la ley de Gossen, que podemos definirla de la siguiente manera: cuando consumimos un bien, la satisfacción de la necesidad aumenta en términos totales, pero es decreciente en término marginales; en otras palabras, el entusiasmo por el consumo va disminuyendo a medida que consumimos más de un bien hasta llegar a un punto en que un consumo adicional es irrelevante, al que podemos definir como punto de saturación.
Esta ley se cumple en todo tipo de consumo y está siempre relacionada con un tiempo determinado. Veamos el caso de la alimentación diaria: una persona desayuna, almuerza y cena todos los días. Supongamos que desayuna a las 8 a. m., almuerza a la 1 p. m. y cena a las 7 p. m. Asumimos que no come nada entre dichas horas. Sin embargo, cada una de estas actividades tiene un rango de duración hasta que el individuo nuevamente tiene hambre. Incluso el caso es más complejo para cada tipo de alimento. El típico almuerzo está compuesto por una entrada, un segundo y un postre; en cada uno de estos se llega a un punto de saturación relativo, en el sentido de que nadie come solamente entrada ni los otros alimentos. La persona se satisface de comer entrada y sigue teniendo hambre, pero no le provoca comer más de esta; igual sucede con el segundo. Ahora bien, si come mucho, quizá no le provoca ningún dulce como postre. Luego, la ley de la utilidad marginal en el caso de la alimentación no solamente se aplica a la necesidad como un todo, sino que esta puede ser compartimentada. Igual sucede con otras actividades que dan placer a las personas, como ver televisión, escuchar un tipo de música o conversar de un tema específico. En cada una de las actividades se cumple la ley de la utilidad marginal porque siempre existirá un nivel de saturación del uso de un bien o de su respectivo consumo. Los economistas han desarrollado un gráfico que explica esta ley de manera que visualmente podamos comprender más este concepto.

Figura 1. La utilidad del consumidor
Elaboración propia
En la figura 1 tenemos la evolución de la utilidad del consumidor cada vez que aumenta el consumo de un bien, al que denominamos X. En el eje vertical se tiene la variable utilidad total que es acumulativa, y en el horizontal, la cantidad del bien mencionado. La curva aumenta de manera decreciente volviéndose más plana a medida que se consume más X, es decir, los cambios en la utilidad son menores cada vez que se incrementa en una unidad el consumo de X. Observamos dos triángulos pequeños que se forman cuando aumenta el consumo de X y dos catetos verticales: a y b. El cateto a es más grande que el b. Esto refleja el 'cambio' en la utilidad. La pendiente de la curva también disminuye a medida que se consume más X. Si se sigue aumentando el consumo de X, la pendiente tiende a ser horizontal, por tanto no hay cambio en la utilidad total y la utilidad marginal se convierte en cero.
Podemos también representar este comportamiento en una tabla. Por ejemplo, la primera unidad de X arroja 50 de utilidad, la segunda solo 30 que sumada a la primera da un total de 80, la tercera unidad contribuye con 20 y el total es 100, así hasta que la sexta unidad no contribuye con nada a la utilidad y, por tanto, la utilidad total se estanca.
Tabla 1
La utilidad marginal
Consumo del bien XUtilidad totalUtilidad marginal15050280303100204110105105561050Elaboración propia
En este ejemplo, una persona consume determinado bien hasta que sacia su necesidad o llega al punto de saturación. Podemos concluir entonces que cuando se consume un bien, la utilidad total aumenta, pero de manera decreciente, y que los valores marginales de utilidad disminuyen hasta convertirse en cero.
2. LA LEY DE LA UTILIDAD MARGINAL DE MENGER
Carl Menger, fundador de la escuela austriaca de economía, en su obra Principios de la economía política (1871/1996) desarrolló una teoría del valor completamente diferente a la vigente en aquella época, la teoría del valor trabajo, seguida por economistas clásicos, como Adam Smith, David Ricardo, John Stuart Mill, entre otros, mediante la cual los bienes se valoraban según el trabajo utilizado en la producción de un bien, es decir, el costo definía el valor o el precio de los bienes.
Menger define el valor de la siguiente manera:
Por consiguiente, valor es la significación que unos concretos bienes o cantidades parciales de bienes adquieren para nosotros, cuando somos conscientes de que dependemos de ellos para la satisfacción de nuestras necesidades. Por tanto, aquel fenómeno vital que llamamos valor de los bienes, brota de la misma fuente que el carácter económico de estos últimos, es decir, de la antes descrita relación entre necesidad y masa de bienes disponibles. (pp. 103-104)
También:
El valor de los bienes se fundamenta en la relación de los bienes con nuestras necesidades, no en los bienes mismos. Así pues, el valor no es algo inherente a los bienes, no es una cualidad intrínseca de los mismos, ni menos aún una cosa autónoma. (p. 108)
En estas citas podemos ver cómo la apreciación de una persona respecto al placer que le brinda el consumo de un bien es el meollo de la valorización, que en términos concretos, se convierte en un valor monetario o precio. Como bien dice el autor, es el carácter económico lo que diferencia la valorización de los bienes, y esta, indudablemente, es subjetiva, en el sentido que cada individuo percibe de manera diferente. En síntesis, el valor económico de las cosas no una cualidad intrínseca de estas.
En cuanto la utilidad, la define de la siguiente forma: “Utilidad es la capacidad que tiene una cosa de servir para satisfacer las necesidades humanas…” (p. 107).
Menger utiliza un modelo numérico para explicar el principio de la utilidad marginal y la teoría del intercambio. A continuación, tenemos una tabla de valoraciones de una serie de bienes denominados con números romanos del I al X, y cada uno tiene un diferente grado de utilidad marginal que se hace menor. Siguiendo el ejemplo de Menger, el primer bien es el más necesario de toda la estructura de consumo de la persona; sea este el agua. Analicemos cómo el individuo puede ir cambiando de un bien a otro.
Tabla 2
Las preferencias de un consumidor

Fuente: Menger (1996)
Supongamos que el agua se consume en vasos al día, y el primer vaso le da una satisfacción de 10; el segundo, 9 y así sucesivamente. Pero el tercer vaso, que le produce una utilidad marginal de 8, lo puede cambiar por el bien III que es carne de res; dividimos este bien en 50 gramos por consumo. La tercera ración de carne le daría una utilidad marginal de 6 y de ahí pasaría al bien IV que podrían ser frutas. Al consumir la cuarta fruta, que le da una utilidad marginal de 4, pasa al bien VI que es el cigarrillo; y así puede seguir estableciendo una serie de prioridades sobre la base de la utilidad marginal que le da al individuo el consumo de diferentes bienes.
En síntesis, al aumentar el consumo de un producto, la persona evalúa la utilidad marginal y la compara con la que le daría otro bien que sigue en la lista de prioridades. También, se observa que mientras más se tiene de un bien, la valoración marginal es menor. Finalmente, en la tabla se puede observar que la utilidad marginal disminuye en dos dimensiones, horizontal y vertical. En la primera está la prioridad de los bienes para el consumidor, y en la segunda, la valoración marginal a medida que se poseen una mayor cantidad de bienes, vale decir, la utilidad marginal que se perdería si el consumidor se deshace de este bien.
3. LA PARADOJA DEL AGUA Y LOS DIAMANTES
La paradoja del agua y los diamantes es tan antigua como la ciencia económica. La solución responde a la pregunta que se formularon los economistas clásicos: ¿por qué damos más valor y estamos dispuestos a pagar más por un bien que no es necesario para la vida y, sin embargo, pagamos mucho menos por un bien que necesitamos para vivir? Esta paradoja se relaciona con la de los diamantes, o el oro y el agua, que los clásicos trataron de explicar durante muchos años. Los clásicos diferenciaban el valor de uso y el valor de cambio sin considerar la marginalidad decreciente en la utilidad, pues no contaban con la teoría de la utilidad marginal; valoraban las cosas en función del esfuerzo laboral, y se inspiraban en la teoría del valor trabajo desarrollada por Adam Smith (1997):
El precio real de cualquier cosa, lo que realmente le cuesta al hombre que quiere adquirirla, son las penas y fatigas que su adquisición supone. Lo que realmente vale para el que ya la ha adquirido y desea disponer de ella, o cambiarla por otros bienes, son las penas y fatigas que lo librarán, y que podrá imponer a otros individuos […]. El trabajo fue, pues, el precio primitivo, la moneda originaria que sirvió para pagar y comprar todas las cosas. (p. 31)
En esta línea continuaron los economistas clásicos David Ricardo (1985) y John Stuart Mill (1996), entre otros, cuyas teorías del valor nos explican que el precio de un bien es formado sobre la base del costo de producción.
Menger (1996), Jevons (1998) y Walras (1987) invirtieron la valoración de las cosas, planteando en sus escritos la innovadora teoría de la utilidad marginal, lo cual originó una revolución en la ciencia económica, que, en términos generales, consiste en dos aspectos: los costos no influyen en el precio de un bien, sino que este es definido por los consumidores con base en la utilidad marginal, y la valoración de los insumos depende del valor del bien final. Tomemos como ejemplo una mesa fabricada con caoba, que, como se sabe, es una madera muy resistente al paso del tiempo, por no decir, eterna. A continuación, definimos algunos atributos de una mesa de caoba: primero, la duración de la mesa e imposibilidad de deterioro; segundo, la distinción que nos da entre nuestros conocidos poseer una mesa de caoba por su elevado precio; tercero, este tipo de mesas son vendidas en tiendas de reconocido prestigio. Y el ebanista que hace la mesa ¿qué piensa de la caoba? Este sabe que en el mercado se paga un buen precio por esta mesa y estará dispuesto a pagar por la madera. ¿Y el vendedor de la caoba? Percibe que la mesa es valorada en el mercado, por tanto, ofrece este insumo a un mayor precio. El ebanista estará dispuesto a pagar un buen precio por la caoba siempre y cuando al vender la mesa obtenga una rentabilidad. Por tanto, la valorización de la caoba depende de la valorización de la mesa. El precio de la caoba no influye en el precio de la mesa, sino al revés: el precio de la mesa es la que predomina en el precio de la caoba. En resumen, la mesa de caoba no es cara por el precio de esta madera, sino que la caoba es cara porque el bien final es valorado por las personas que conocen de los atributos de los muebles fabricados con esta madera.
Retornando a la paradoja, Menger señala lo siguiente:
Si nos preguntamos, por ejemplo, a qué se debe que una libra de agua potable no tenga para nosotros, en circunstancias normales, apenas ningún valor, mientras que de ordinario, concedemos un valor elevado a la más pequeña parte de una libra de oro o diamantes, obtendremos la respuesta a partir de la siguiente reflexión: Los diamantes y el oro son tan escasos que la totalidad de las cantidades de los primeros en poder de los hombres pueden guardarse en una caja […]. En cambio, el agua potable abunda tanto que apenas cabe imaginar un depósito lo suficientemente grande para almacenarla en su totalidad. (p. 125)
Sin embargo, Menger explica que si el agua se vuelve muy escasa, a tal extremo de que peligra la vida de las personas, adquiere un gran valor, a diferencia del oro que en términos relativos se volvería muy barato respecto al agua. Por ejemplo, si una persona no tiene agua, pero posee una gran cantidad de joyas, la utilidad marginal del agua aumenta mucho y, en términos relativos, se hace mayor que la utilidad marginal de las joyas lo que significa que la percepción de las personas es que hay abundancia de joyas, pero escasez de agua y la vida está en peligro. En consecuencia, será capaz de entregar todas sus joyas por agua. Pero si la situación vuelve a la normalidad, los productores de agua potable, al haber mucho de este producto, tendrán que venderlo a su precio original y vuelve a ser muy barato. Por ejemplo, si la persona usa el agua para subsistir, la valorará más que si la usa para llenar la piscina de su casa. Sobre esa base, la cantidad que se tiene de un bien y el orden de prioridad en la satisfacción de las necesidades, las personas valoran los bienes según el uso menos importante que les dé. Esta paradoja sigue vigente en todo tipo de bienes, pues constantemente valoramos los bienes que consumimos en función de la cantidad que tenemos y en qué medida satisfacen nuestras necesidades.
4. EL INTERCAMBIO DIRECTO
El intercambio directo al que nos referimos en el acápite anterior es el trueque y es el fundamento para comprender el intercambio indirecto donde se utiliza el dinero, que investigaremos en el siguiente capítulo. Sin embargo, es importante resaltar que la explicación del intercambio directo o el trueque tiene un objetivo didáctico, que es exponer los principios fundamentales de todo intercambio entre individuos donde la valoración marginal es pieza clave.
Menger explica que para que se dé normalmente y sin coerciones un libre intercambio entre dos personas, se deben cumplir tres condiciones: ambas personas deben tener los bienes necesarios para el intercambio, y la valorización marginal debe ser diferente; deben estar conscientes de ambas situaciones antes planteadas, y, por último, deberán tener cierta capacidad de acción para el intercambio (p. 160).
Menger usa un modelo aritmético para explicar el caso de dos personas que intercambian animales y cómo en este proceso se van formando las utilidades marginales de cada bien y los criterios que favorecen estas operaciones, destacándose que, en determinado momento, luego de una serie de intercambios, desaparece el incentivo para continuar con estos.
El modelo consiste en que dos personas, A y B, poseen caballos y vacas para su supervivencia, cada una necesita de ambos animales y transan para intercambiarlos con base en la valoración subjetiva, es decir, la utilidad marginal. En la tabla 3, A tiene 6 caballos y una vaca, y B posee lo contrario. El individuo A valora el primer caballo en 50 de utilidad marginal, el segundo con 40 de utilidad marginal y así hasta llegar al sexto caballo, el cual no contribuye a la utilidad total y por tanto la utilidad marginal es cero. En cambio, como tiene una sola vaca, la utilidad marginal es 50. Menger en su ejemplo nos explica que el primer caballo es para la producción de alimentos; el segundo, para mejorar la tierra de otra finca y contar con más alimentos; el tercero, para trasladar cosas de un lado a otro; el cuarto, para diversión; el quinto, para la reserva, y el último no contribuye a la utilidad dado que no tiene función alguna.
Tabla 3
Momento 1

Fuente: Menger (1996)
En la tabla 4 (momento 2), tenemos el primer intercambio, donde A se deprende de un caballo, que en este caso tiene 0 de utilidad marginal, y recibe una vaca, cuya valoración marginal es de 40. B entrega una vaca por un caballo que lo valora con 40 (utilidad marginal). Ambas personas ganan 40 de utilidad marginal.
Tabla 4
Momento 2

Fuente: Menger (1996)
En la tabla 5 (momento 3), se observa el segundo intercambio. A entrega el quinto caballo que lo valora marginalmente en 10 y recibe una vaca a cambio, a la que valora marginalmente en 30, luego gana 20 en utilidad marginal neta. Lo mismo para B.




