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La homonimia,2 en que a formas idénticas corresponden significados muy diversos (río, papel, tomo, canto, planta...) también da cuenta de la arbitrariedad de la relación significante-significado (o expresión-contenido) en los signos lingüísticos: un mismo significante puede corresponder a dos o más significados diversos. Analicemos, por ejemplo, la palabra bajo:
En este coro es un excelente bajo
Mañana bajo para Puerto Aysén
Es un tipo más bien bajo
Utiliza un lenguaje bajo y soez
Habla demasiado bajo y no se le escucha
Obsérvese que incluso se trata de categorías morfológicas diferentes (sustantivo, verbo, adjetivo, adjetivo, adverbio), que cumplen funciones sintácticas distintas y que remiten a significaciones y categorías conceptuales diferentes. En este ejemplo específico, sin embargo, las variadas manifestaciones del término bajo comparten algún rasgo semántico común. No comparten rasgos semánticos, en cambio, los homónimos llama (animal), llama (fuego) y llama (verbo llamar). Todo lo anterior no podría ocurrir si se tratara de relaciones naturales, necesarias, es decir, si a un determinado concepto le tuviera que corresponder forzadamente una etiqueta lingüística.
Es de interés destacar que el mismo de Saussure, de acuerdo a lo recogido por sus discípulos en el Curso de lingüística general, distinguió entre signo (con las características ya enunciadas) y símbolo, en el cual siempre hay, al menos, un rudimento de vínculo natural entre significante y significado. En el símbolo nunca dicho vínculo es totalmente arbitrario. La "balanza", por ejemplo, puede ser símbolo de la "justicia", porque la posición de equilibrio de sus brazos se asemeja, de algún modo, al contenido básico de dicho concepto.
SIGNOS, SEÑALES Y SÍMBOLOS
No siempre hay acuerdo entre lingüistas, psicólogos, filósofos, etc., en la elección de los términos que designan las diversas modalidades de relaciones significante-significado o las modalidades de representación simbólica. Por ejemplo, la manera en que los lingüistas definen el término signo corresponde a lo que muchos filósofos y psicólogos consideran un símbolo, quienes a veces reservan la palabra signo (equivalente a indicio o índice) para aquellas situaciones en que el significante es parte de lo designado. (El humo es signo o indicio de fuego).
Cassirer (en su Antropología filosófica) va incluso más allá y considera los signos como "propios de los procesos semiósicos animales" (entendidos, en realidad, como "señales") y los símbolos, como característicos del universo humano.3 De hecho, define al hombre como animal simbólico.
Recuérdese que Bühler, en el modelo de funciones del lenguaje anteriormente examinado, señala que todo signo (o mensaje) lingüístico implica una triple relación (lo que se grafica en la fig. 4.1):
• SÍNTOMA o INDICIO del sujeto hablante (función expresiva).
• SEÑAL para la persona del oyente (función apelativa).
• SÍMBOLO de las cosas, de aquello de que se habla o asunto (función representativa).
El modelo de Bühler muestra la manera original e influyente en que este autor utilizó la terminología sígnica. El filósofo, lógico y físico estadounidense Peirce, considerado uno de los fundadores de la semiótica, desarrolló varias clasificaciones de los signos. La más conocida por los psicólogos, atiende a la relación entre el signo y el objeto significado,4 distinguiendo tres clases de signos:
• Íconos o signos icónicos: tipos de signos que tienen una semejanza física directa con lo designado (fotografías, dibujos, modelos a escala, imágenes fílmicas, planos, etc.)
• Índices o indicios: signos con una relación de efecto a causa o que son parte de lo designado (humo, como signo del fuego; luz roja en el tablero del automóvil, como signo de un problema en el motor; huella en la arena, signo de un pie, etc.)
• Símbolos: signos cuya relación con lo designado es fruto de una norma convencional (signos lingüísticos; la bandera, símbolo de la patria; la luz roja del semáforo, que por convención simboliza "peligro", obligando a detenerse).
Piaget, a diferencia de varios psicólogos y filósofos, utiliza el término signo para aludir a lo que estos -como es el caso de Peirce- definen como símbolo. Esto se debe a que ya en su obra El nacimiento de la inteligencia en el niño comienza a utilizar en la notación de su sistema semiótico los aportes de la escuela de Saussure.5 Distingue entre significante y significado en todo proceso de significación, desde las etapas más tempranas (Fig. 4.2).

Figura 4.1
Los tres modos de ser del signo, según Bühler
De acuerdo a lo que afirma J. Hierro Pescador,6 Piaget "distingue entre signo y símbolo en los mismos términos que Saussure, aunque acentuando aún más el carácter icónico del símbolo". Añade, además, los conceptos de índice o indicio y señal para referirse a las etapas más tempranas. En El nacimiento de la inteligencia en el niño, cuando explica el "reconocimiento de los indicios y su utilización en la previsión" por parte del niño, en el cuarto estadio del período sensorio-motriz, analiza con finura indicios y señales. Afirma que, en tanto que estas impulsan simplemente a la acción, los indicios permiten al niño pequeño una previsión independiente del acto. Como ejemplo, a los 11 meses y 15 días
"Jacqueline llora cuando su mamá se pone un sombrero. No se trata ya del temor o de la inquietud, como antes, sino de la seguridad de la marcha" (p. 188).
De todo lo anterior, puede derivarse que de los diferentes términos sígnicos, el más genérico, el que los incluye a todos, es el término SIGNO. Sin embargo, el uso corriente de este término, compartido también por psicólogos -como se indicó- admite el sentido restringido equivalente a "indicio", en que el significante es parte de lo designado: las lágrimas son signo de pena; el enrojecimiento es signo de vergüenza, etc.

Figura 4.2
Diferentes modalidades evolutivas de significación según Piaget. Adaptado de Battro. Los signos son convencionales y colectivos. Los símbolos refieren a pre-conceptos individuales y dependientes del objeto. Cada esfera muestra una relación significante-significado.
Los psicólogos utilizan frecuentemente el término señal como un tipo de signo que tiene una relación causal con lo designado y que tiene "sentido" incluso en ausencia del objeto. Los estímulos condicionados son señales que dan lugar a un comportamiento "como si" el objeto (el estímulo incondicionado) estuviera presente.7
Signos y señales, en el sentido recién expuesto, no alcanzan la categoría de símbolos, según son definidos en la clasificación de Peirce, y como los conciben la mayoría de los psicólogos.
Entendidos así estos términos, se logra una adecuada comprensión de la impactante referencia al caso de Helen Keller que hace el psicólogo D. Child (1975), en el capítulo dedicado al lenguaje y el pensamiento, cuando dice:
Un inusitado ejemplo de una transición de signo y señal a sistemas simbólicos lo describe brillantemente Helen Keller en The story of my life (Doubleday. Nueva York, 1917). Sorda y ciega desde la infancia, había hecho pocos adelantos hasta que, a los siete años, se le dio como institutriz a la señorita Annie Sullivan. Durante los primeros días ésta le hizo palpar objetos mientras le dibujaba las letras del nombre de esos objetos en la palma de la mano. Pero no se daba cuenta de que las formas que se le "dibujaban" en la palma eran rótulos que designaban los objetos que tocaba. De hecho, Helen ni siquiera se desprendió de los signos que la rodeaban. Llegó el momento de la verdad cuando" (y aquí comienza el relato de la misma Helen):
"Caminábamos por el sendero hacia la casita donde se hallaba la bomba de agua, atraídas por la fragancia de la madreselva que la cubría. Alguien estaba sacando agua, y mi preceptora me colocó la mano debajo del chorro. Mientras la fresca corriente se me vertía sobre una mano, ella me deletreaba en la otra la palabra agua, primero despacio, después rápidamente. Yo me detuve quieta, toda mi atención fijada en los movimientos de sus dedos. De repente sentí como un nebuloso reconocer de algo que había olvidado, la emoción de un pensamiento que volvió. Y de alguna manera se me reveló el misterio del lenguaje. Entonces sabía que 'a-gu-a' significaba ese algo maravillosamente fresco que me corría sobre la mano...
Salí de la casita ávida de aprender. ¡Todas las cosas tenían un nombre!, y cada nombre dio lugar a un nuevo pensamiento.
El siguiente esquema, que incluye ejemplos sencillos, resume algunos de los conceptos definidos anteriormente. Nótese que "signo" denomina tanto a la categoría general como a subcategorías:

SEMIOSIS, SEMIÓTICA Y CIENCIA
Según el semanticista conductista Charles Morris,8 el proceso por el cual algo funciona como signo puede denominarse semiosis. Este proceso implica tres (o cuatro) factores:
• Lo que actúa como signo o vehículo del signo..............[ S ]
• Aquello a lo que el signo se refiere, lo designado o designatum..........[ D ]
• El efecto producido en algún intérprete en virtud del cual la cosa en cuestión es signo para él. Conducta "interpretante"............ [ I ]
• El "intérprete" mismo.
Algunos ejemplos del mismo Morris aclaran estos conceptos, que no son tan complicados como pareciera:
• Un perro (el "intérprete") responde con el tipo de conducta [I] requerido para cazar ardillas [D], ante un determinado sonido [S]
• Un viajero (el "intérprete") se prepara para enfrentarse adecuadamente [ I] a la región geográfica [D], en virtud de la carta [S] que le escribió un amigo.
Se habló más arriba de tres o cuatro factores ya que "intérprete" y su conducta "interpretante" se suelen considerar en conjunto. La caracterización más eficaz de un signo es, para Morris:
S es un signo de D para I,
en la medida en que I toma en cuenta a D
en virtud de la presencia de S.
Por lo tanto, en la semiosis, algo toma en cuenta a algo distinto de él mismo, de forma mediata, es decir, a través de un tercero. La semiosis es, entonces, "una toma en cuenta mediada". A partir de los tres elementos anteriores (S, D e I) y de sus relaciones, se pueden obtener las dimensiones de la semiosis:9
• Dimensión semántica de la semiosis: estudia las relaciones de los signos con los objetos a los que los signos pueden aplicarse.
• Dimensión sintáctica de la semiosis: estudia la relación de los signos con otros signos, ya que "todos los signos están potencial o realmente relacionados con otros signos".10
• Dimensión pragmática de la semiosis: estudia la relación de los signos con los intérpretes.
Esas tres dimensiones explican las tres partes principales o ramas de la semiótica, como se verá en el apartado que sigue. Por otra parte, en lo concerniente a las relaciones entre ciencia y semiótica, afirma Morris:
Ciencia y signos están inseparablemente vinculados entre sí, ya que la ciencia ofrece al hombre signos más fidedignos, a la vez que incorpora sus resultados a un sistema de signos. Toda la civilización humana depende de los signos y de los sistemas de signos, sin que pueda separarse la mente humana del funcionamiento de aquellos (si es que no deben identificarse las propiedades de la mente con dicho funcionamiento)...
La semiótica tiene con las ciencias una relación doble: es al mismo tiempo una ciencia más y un instrumento de las ciencias.
La significación de la semiótica como ciencia reside en el hecho de ser un peldaño para su unificación, puesto que suministra las bases a todas las ciencias especiales de los signos, tales como la lingüística, la lógica, las matemáticas, la retórica y (al menos, hasta cierto punto) la estética...
Pero bien, si la semiótica es una ciencia coordinada con las demás ciencias, por cuanto estudia cosas o propiedades de cosas en su papel de signos, es también un instrumento de las ciencias, pues toda ciencia se vale de signos y expresa sus resultados en términos de signos. Por lo tanto, la meta-ciencia (la ciencia de la ciencia) debe utilizar la semiótica como un "órganon". 11
SEMIÓTICA, LINGÜÍSTICA Y PSICOLOGÍA DEL LENGUAJE
La semiótica o semiología es la ciencia que tiene por objeto el estudio de los signos. Se considera al lingüista suizo Ferdinand de Saussure como uno de sus fundadores, ya que había planteado la posibilidad de una ciencia, de la que la lingüística sería parte, destinada a estudiar la existencia de los signos en sociedad. Propuso denominarla semiología (semeion = "signo", del griego) y estimó que debía ser parte de la psicología social y de la psicología general.
Otro de sus fundadores es el lógico y científico Charles Sanders Peirce (1839-1914),12 uno de cuyos sistemas de clasificación de signos citamos anteriormente. Consideraba este filósofo e investigador (quien hizo, además, importantes contribuciones en física) que la semiótica era la base de la lógica, a la que describió como la ciencia de las leyes necesarias generales de los signos.

Figura 4.3
Las ramas o parte de la semiótica, comunes a los diferentes sistemas de signos. (La fonología es exclusiva de la lingüística por lo cual no se incluye.)
En contraste con la concepción diádica del signo de Saussure (significantesignificado), Peirce considera que los signos son signos para alguien que los interpreta como tales; no lo son en sí, aisladamente, por tanto, su concepción es triádica, añadiendo a los dos elementos anteriores (con otras denominaciones) el de "interpretante".
Sus ideas filosóficas contribuyeron al desarrollo del pragmatismo (la validez o verdadera importancia de los objetos o conceptos estriba en los efectos prácticos de su uso o aplicación), que desarrollaron más extensamente W. James y J. Dewey.
Semiótica13 y semiología son prácticamente sinónimos, aunque, como lo precisa Boyle (1977), la semiología europea adoptó inicialmente más bien una perspectiva lingüístico-cultural; en cambio, la semiótica anglosajona, una orientación lógico-epistemológica. El término semiótica se ha impuesto ampliamente. Semiología continúa asociado a uno de sus usos más antiguos: los signos o "síntomas" de las enfermedades, tanto en medicina como en psicopatología.
Charles Morris, seguidor y sistematizador de las ideas de Peirce, ha ejercido una gran influencia en el desarrollo de la semiótica en una perspectiva conductista, que ha sido criticada, ya que sería insuficiente -a juicio de sus detractores- para dar cuenta de la complejidad y sutileza de la actividad semiótica humana. Del análisis de signo y dimensiones de la semiosis recién expuestos, deriva Morris las ramas o partes de la semiótica. La fig. 4.3 las presenta, de la manera como suelen ser definidas actualmente.
La lingüística, una de las ciencias que se ocupa de signos, los signos del lenguaje verbal, tiene su propia sintaxis, semántica y pragmática (o pragmalingüística). Incluye, además, la fonología, que no poseen -por su naturaleza- otros sistemas de signos. La fig. 4.4 ilustra las relaciones entre ambas ciencias (Las proporciones deben ignorarse).

Figura 4.4
Lingüística y semiótica
Como ya se ha adelantado en páginas anteriores, desde su preocupación casi exclusiva por la estructura, la lengua, los lingüistas se han interesado cada vez más (al empeñarse también en la descripción de sus funciones) por el uso de la lengua en contexto y en relación a sus usuarios. Esto se manifiesta en el gran interés en estas últimas décadas en la pragmática, compartido por semiólogos que cubren otras áreas, fuera de la lingüística.14
Engelkamp (1981) explica que "a diferencia de la sintaxis, centrada en el aspecto combinatorio, y de la semántica, que se fija sobre todo en los contenidos de la lengua, la pragmática investiga la parcela que se propone como objeto de estudio la lengua en relación con las personas que la hablan y con los contextos socioculturales y de actuación en que esto acontece".
Algunos lingüistas y gramáticos en la tradición de Saussure están en desacuerdo con que la pragmática, por su acento en lo contextual, en la actuación, en el habla, forme parte de la lingüística. Otros, muy por el contrario, reconocen el enriquecimiento que supone la inclusión de dicha perspectiva. Mey (1985, citado en Bertucelli Papi, 1996) defendió con entusiasmo "la función de la pragmática en la liberación de la opresión que sufre el lenguaje"...
La psicología del lenguaje, en su expresión en las últimas décadas como psicolingüística, ha seguido en su devenir este orden en el foco de intereses: sintaxis -semántica - pragmática. En el apartado dedicado al "dominio del significado", en el capítulo "Unidades y niveles de análisis lingüístico" ahondaremos en las relaciones entre semántica y pragmática.
A fin de que el lector sin conocimientos previos se forme una idea sobre el punto, hay innumerables ejemplos del lenguaje de la vida diaria que ilustran la diferencia entre el valor puramente semántico y el valor pragmático de un enunciado. Si alguien, por ejemplo, le dice a otra persona: "la puerta está abierta", el contenido semántico se infiere de lo que en el diccionario se entiende por "puerta", "estar", "abrir", "estar abierto"... Sin embargo, dicho contenido puede ser insuficiente para que el intérprete comprenda a cabalidad lo que se quiere dar a entender en una situación dada.
Un diccionario, aun el más completo, no hace referencia a todos los posibles contextos en que cada término puede ocurrir, afectando su significación. Se registran solo las acepciones más frecuentes. El sentido pragmático hace referencia necesariamente a los usuarios y los contextos: quién y por qué lo dijo, cuándo, a quién se le dijo, etc. En un caso determinado, el enunciado "la puerta está abierta" deberá interpretarse como: "cierre la puerta, por favor, que hace frío". En otro: "cierre la puerta, que hay mucho ruido fuera". En otra situación y con un determinado interlocutor: ¡salga! También exactamente lo contrario: "Usted puede venir cuando quiera", etc.
De acuerdo a esto, algunos estudiosos han definido la pragmática como "el estudio de todos aquellos aspectos que escapan a la teoría semántica" (Bertucelli-Papi, 1993.). Lo anterior demuestra que la "competencia comunicativa" exige un adecuado manejo de "habilidades pragmáticas en la comunicación", tema que se tratará en el capítulo dedicado a las habilidades sociales. El gran desarrollo reciente de esta rama de la semiótica se ha hecho sentir claramente en la evolución experimentada por la psicolingüística, que se expone a continuación.
Cerramos este punto señalando que hay varios autores influyentes en el campo de la semiótica o teoría general de los signos, tales como U. Eco y R. Barthes, quienes han hecho valiosas contribuciones a esta ciencia, dentro y fuera de la lingüística (la fotografía, el teatro, medios de comunicación, el vestuario, la pintura, la música, el gesto...). Creaciones artísticas, como la pintura "abstracta", el teatro "callejero", los "cantores" en la locomoción colectiva, extrañas composiciones "musicales", etc., reflejan los alcances inagotables de signos y símbolos en la interacción humana.
PSICOLINGÜÍSTICA: PERSPECTIVA DIACRÓNICA
El estudio del lenguaje desde la perspectiva psicológica es bastante más antiguo que lo que se conoce actualmente como psicolingüística. Sin dejar de mencionar su frecuente abordaje en la historia de la filosofía, una vez constituida la psicología como ciencia autónoma, figuras significativas como Wundt, Piaget, Bühler y Vigotsky, entre otros, hicieron importantes contribuciones, hasta hoy merecidamente valoradas.15
En algunos autores se hizo notar con fuerza el influjo de la lingüística, como en Wundt y Bühler, según Blumenthal (1970) en su interesante (y pionera) historia de la psicología del lenguaje.
Por otra parte, investigadores de campos externos a la psicología (lingüística, antropología) se habían interesado desde los primeros años del siglo pasado en las relaciones entre lenguaje y cognición, entre lenguaje y fenómenos mentales. Whorf y Sapir, por ejemplo, consideraban que el pensamiento y la manera de categorizar la realidad dependían decisivamente del tipo de lengua utilizada. A ello nos referiremos en el capítulo dedicado a las relaciones Lenguaje y Cognición.
La convergencia interdisciplinaria entre psicólogos, lingüistas y otros especialistas en el estudio del lenguaje es lo que dio verdadero origen a la psicolingüística. Su nacimiento "oficial" como ciencia relativamente autónoma se asocia al simposio celebrado en la Universidad de Indiana, EEUU, en 1953, patrocinado por el Social Science Research Council, y en el que participaron expertos en diferentes áreas que tenían en común su interés por la problemática del lenguaje (List, 1977; Peronard, 1978). Las memorias de dicho encuentro las editaron, al año siguiente, Ch. Osgood y T. Sebeok, bajo el título Psycholinguistics. A survey of theory and research problems.
La psicología del lenguaje que caracteriza dicha obra -así como al influyente libro de G. Miller de 1951 Language and communication- está basada en los conceptos asociativos y probabilísticos derivados, respectivamente, del conductismo y de la teoría de la información de la época. Ambos trabajos pueden considerarse representativos de ese período de investigación en la etapa de gestación de la "psicolingüística".




