Estructura formal y no formal de la interacción transfronteriza de población, bienes y recursos naturales en la frontera México-Guatemala

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En el apartado Vértice y meridiano de El Ceibo (Tabasco): Puerto fronterizo El Ceibo y ejidos de Arroyo, El Triunfo, la Lic. Regina López Luna y el M.C. Holger Weissenberger, asistente de investigación del departamento de Sociedad y Cultura del Colegio de la Frontera Sur, unidad Chetumal y Coordinador Unidad de SIG de El Colegio de la Frontera Sur, respectivamente, mencionan que, en El Ceibo, sus cerca de 500 comerciantes mueven alrededor de 60 millones de pesos semanales, provenientes del comercio informal y generados por los más de 7.000 visitantes de Campeche, Quintana Roo, Veracruz, Chiapas y Tabasco. Sin embargo, la importancia de El Ceibo como cruce fronterizo no radica únicamente, ni por completo, en su auge e importancia comercial, sino en su ubicación geográfica en relación a Tenosique de Pino Suárez y la estación tabasqueña del tren de carga conocido como “La Bestia”. Por otra parte, en este apartado, queda plasmado el aumento en el número de mujeres migrantes, marcando una diferencia con el “modelo migratorio tradicional” en el que, los hombre jóvenes y cabeza de familia, eran los que migraban en busca de nuevas oportunidades.
En el apartado referente a la Zona transfronteriza de la Biosfera Maya-Calakmul (Campeche): Localidades de Pioneros del Rio Xno-Ha, Arroyo Negro y Dos Lagunas Sur, Santana Navarro-Olmedo, Dr. en Ciencias en Ecología y Desarrollo sustentable, departamento de Conservación de la biodiversidad, Colegio de la Frontera Sur y el M.C. Holger Weissenberger nos plantean que durante la década de los ochenta, en el área fronteriza que colinda con Calakmul, Campeche, predominó el tráfico de marihuana, la extracción de madera preciosa, que se sacaba desde la frontera con Guatemala, y el saqueo de piezas arqueológicas. Esta franja fronteriza también ha sido una importante vía de transito de migrantes procedentes de Guatemala. En los ochenta, durante la guerra civil de Guatemala, cientos de personas se vieron obligadas a huir del conflicto. La gente de Arroyo Negro recuerda que, poco más de cuatrocientos inmigrantes guatemaltecos, llegaron a la comunidad y cruzaron la selva del Peten en busca de apoyo del gobierno mexicano. Ante esta migración masiva de guatemaltecos en la frontera sur, el gobierno mexicano reaccionó trasladando contingentes de migrantes al estado de Quintana Roo, donde creo comunidades como Mayabalam y Cuchumatan, en el municipio de Bacalar. Después de este acontecimiento, el lugar se volvió lugar de tránsito de migrantes centroamericanos.
La tercera parte de la investigación, Expresiones de la estructura productiva formal e informal en la región transfronteriza México-Guatemala, se divide en dos apartados.
En el primero, La estructura informal en las características de ocupación en la RTMG, elaborado por el Dr. Jorge Enrique Horbath Corredor, la Dra. María Amalia Gracia y el M.C. Holger Weissenberger, se presenta un listado de 466 categorías de ocupación para el 2010, del Censo de Población de México. Allí, la tabla que muestra las 25 principales categorías, y que concentra al 66.86 por ciento de la ocupación municipal mexicana de la RTMG y reúne al 85.21 por ciento de la ocupación de guatemaltecos muestra que hay, al menos, cinco categorías de actividades informales, que representan el 4.7 por ciento de la ocupación total y, a dichas actividades, se vincula el 23.65 por ciento de la fuerza de trabajo guatemalteca. De ese listado de 2010 sobresale la categoría de trabajadores domésticos, cuya ocupación atrae al 13 por ciento de los trabajadores guatemaltecos. La información de la Encuesta Intercensal de México para 2015, igualmente presenta las 25 categorías más importantes de la ocupación. Estas 25 categorías concentraron 22.53 por ciento de la ocupación de la RTMG en los 22 municipios mexicanos fronterizos y representaba el 44.93 por ciento de la ocupación de guatemaltecos. Dentro de esas 25 categorías hay al menos ocho que se pueden identificar como ocupaciones informales, llegando a ser el 2.11 por ciento de la ocupación total y el 11.7 por ciento de la ocupación guatemalteca. La principal categoría de ocupación informal en 2015 vuelve a ser la de trabajadores domésticos, con una representación del 11.05 por ciento de los guatemaltecos respecto al total en esa categoría. Pese a que hay una limitante entre ambas bases de datos por el número tan disímil de categorías que hay en una y otra, estos resultados muestran que hay una persistencia de ocupaciones informales a las que se incorpora la población guatemalteca en la RTMG.
En el segundo apartado, Análisis de la localización espacial de unidades productivas informales en los municipios de la RTMG, se identificó uno de los subsectores de mayor dinamismo en la actividad informal, el comercio al por menor, en el cual existen varias ramas de actividad económica que son reconocidas como informales. Al desagregar por ramas de actividad económica en los municipios mexicanos de la RTMG se pudo apreciar que, casi todas las unidades económicas, son pequeñas y tienen hasta cinco trabajadores. De ellas, más del 68 por ciento corresponde a tiendas de abarrotes, ultramarinos y misceláneas y, poco más del ocho por ciento, son establecimientos de venta de frutas y verduras frescas, mientras que, las tiendas de venta de carnes rojas y aves representan, ambas, cerca del nueve por ciento. Asimismo, uno de los datos más interesantes corresponde a la fecha de registro de los establecimientos la cual nos puede indicar, de alguna manera, el inicio de actividades de los mismos, apreciándose con claridad dos fechas relevantes: la mitad de año de 2010 y final de año de 2014. En estas fechas se registraon, prácticamente, el total de los establecimientos, la mitad de ellos en cada año mencionado.
La parte IX del trabajo, realizada por Reynaldo Germán Martínez Velasco, Dr. en Ciencias Sociales del departamento de sociedad y cultura del Colegio de la Frontera Sur, y Valentina Estrada Guevara, Dra. en Estudios Regionales de la Universidad Autónoma de Chiapas, estuvo enfocada al Trabajo Etnográfico en 8 cruces fronterizos de 4 regiones: Región 1, Soconusco- San Marcos; Región 2, Huehuetenango- Comalapa- Comitán; Región 3, Frontera Corozal y Benemérito de las Américas; Región 4, Frontera Tabasco- El Petén. En estas 4 regiones se identificaron 8 cruces fronterizos, dos formales y seis no formales, en los cuales se entrevistaron a actores de diversos perfiles y se realizaron recorridos, con el fin de profundizar en el conocimiento de las regiones mencionadas. Asimismo, el trabajo realizado permitió indagar en la relación existente entre las estructuras formales y no formales existentes en estos cruces, analizando las actividades productivas, el comercio, los servicios y el empleo de las personas que los habitan.
La quinta parte de la investigación se orientó a la realización de Recomendaciones de política pública y conclusiones. Las recomendaciones de política pública, realizadas por Rodrigo Alonso Barraza García, Dr. en Estudios interdisciplinares de género y políticas de igualdad por la Universidad de Salamanca y por Ayelén Amigo, Mtra. en Servicios Públicos y Políticas Sociales por la Universidad de Salamanca, se basaron en la consideración de la frontera sur como un continuum sociocultural desregulado, heterogéneo y fragmentado –artificialmente– por una delimitación política arbitraria, pero con gran dinamismo y comunicación a nivel interno. Sin embargo, los procesos de globalización y la profundización del modelo neoliberal, experimentados los últimos años y el modelo de securitización fronteriza, impuesta por Estados Unidos a partir de septiembre de 2001, chocan con la diversidad y el dinamismo de las regiones fronterizas. Así, el accionar impulsado desde las instancias gubernamentales contrasta con las prácticas reales desarrolladas por las comunidades fronterizas. Los Estados nacionales actúan y ejercen poder dentro de un territorio determinado, con límites definidos y, sus políticas se caracterizan por poseer una rigidez difícil de superar, desconociendo qué pasa del otro lado de los propios límites nacionales. De este modo, nos encontramos con instrumentos y políticas que incentivan -o limitan- las interacciones transfronterizas entre personas, bienes y recursos naturales en la frontera sur de México. En base a esto, las recomendaciones de política pública parten de reconocer la especificidad y el dinamismo de las interacciones transfronterizas y, al mismo tiempo, abogan por el reconocimiento y el potencial diálogo entre las estructuras formales e informales que animan la vida en la frontera.
Jorge Horbath Corredor, María Amalia Gracia y Regina López Luna
1.
Marco teórico: enfoque de la investigación
Jorge Enrique Horbath Corredor
María Amalia Gracia
La presente investigación expone el análisis de la estructura formal y no formal dentro de las interacciones transfronterizas de la población, así como las cuestiones territoriales, de migración, bienes y recursos naturales existentes en la frontera sur México-Guatemala.1 El estudio ampliado de la frontera sur se aborda desde una perspectiva interdisciplinaria, que nos permite observar las interacciones transfronterizas, partiendo de aspectos culturales, sociales, económicos y políticos, para comprender la realidad de los agentes que en ella intervienen desde las estructuras formales y no formales.
Antes de adentrarnos en las estructuras de la zona fronteriza de estudio, es necesario dilucidar algunos conceptos que estarán presentes a lo largo de la investigación y que serán de utilidad para su comprensión. Siguiendo el orden establecido en el trabajo, se parte de las acepciones que hacen referencia a frontera, territorio y regiones, guiando la investigación de lo general a lo particular, pasando por las definiciones de flujos de personas, bienes, servicios y recursos naturales, para adentrarnos en el papel del Estado-nación, en los aspectos públicos y privados, desde la interacción con las estructuras y los instrumentos internacionales que las rigen.
Asimismo, es indispensable percibir la sutil diferencia entre las estructuras formal, no formal e informal, para poder entender los procesos en las zonas transfronterizas y la manera en que, los individuos, se desarrollan en su entorno natural y obtienen los bienes y servicios necesarios, involucrándose con el sector público y privado. De esta manera, la investigación, nos llevará a rectificar la validez de las estructuras y su utilidad en el quehacer transfronterizo y los flujos migratorios que se suscitan de manera constante en la frontera, desde la perspectiva de los actores locales, así como las estrategias de adaptación a los cambios y sus modos de participación.
1.1. Frontera, territorio y región
La frontera sur es comprendida como “un territorio donde coexisten diferentes ámbitos regionales que son el resultado de procesos sociales […] que conforman un continuum cultural junto con el resto de América Latina” (Gutiérrez citando a Fábregas, 2017, p. 166-167). En esta investigación nos centraremos en la frontera México-Guatemala, la cual abarca la mayor parte de la frontera sur de México y que adquirió gran relevancia para las ciencias sociales en los años ´80.
Vislumbrando las fronteras
Las fronteras pueden ser entendidas como espacios en donde existe un tránsito social entre dos culturas “separadas” por un límite territorial, ya sea natural o restringido a un ámbito político, que ofrecen al individuo la capacidad de trascenderlas y/o explorarlas. La frontera, a su vez, adquiere una doble significación. Entendida como border, se refiere a la frontera internacional o al límite entre estados, y, como frontier, hace referencia al espacio flexible de articulación entre sistemas con dinámicas socioeconómicas heterogéneas donde uno se expande sobre el otro (Grimson, 2005).
Así, existen fronteras naturales compuestas por ríos, montañas que, como su nombre lo indica, son límites creados por la misma naturaleza, que restringen el tránsito del hombre (Matthai, 1991) que, a su vez, coexisten con las fronteras artificiales como las políticas, lingüísticas económicas u otras.
Canela y Rincón, definen la frontera como:
(…) el espacio que permite la inflexión de una sociedad distinguirse de otra, donde los capitales culturales y sociales se muestran con una identidad que la diferencia de otro grupo humano, esto nos arroja a pensar a la frontera como un espacio simbólico en movimiento donde se permite estructurar las redes de significantes al interior de una nación […] La frontera es límite del espacio social y del soporte cultural de las interacciones humanas representadas en la política y la economía que construye un juego de alteridades. (2016, p. 66)
Es así como el concepto de frontera se desenvuelve en el margen de procesos sociales y migratorios que implican cuestiones económicas, culturales y simbólicas (Peña-Piña, 2015, p. 63), necesarias para el análisis de la conformación y control de un territorio.
1.2. Conceptualización del territorio
El territorio comprende un fragmento de tierra perteneciente a un país o región, delimitado por una población. Es decir, el espacio apropiado por un grupo social para asegurar su reproducción y la satisfacción de sus necesidades vitales (Giménez, 2001)
El territorio explica “el desenvolvimiento espacial de las relaciones sociales que establecen los seres humanos en los ámbitos cultural, social, político o económico” (Llanos-Hernández, 2010, p. 207). Dicho concepto ayuda a la interpretación y comprensión de las relaciones sociales vinculadas con la dimensión espacial, ya que ésta se transforma en la representación del espacio, el cual se encuentra en constante alteración como resultado de la acción social de los seres humanos y su cultura.
1.3. La región y los asentamientos humanos
El concepto de región, también permeado por aspectos sociales y culturales y por procesos históricos, se entenderá “a partir de los diferentes territorios, imaginaciones, discursos, representaciones y proyectos de grupos de actores sociales” (Fletes Ocón, 2009, p. 167), ya que éstas surgen de convenios entre actores locales.
Por su parte, la zona, puede ser entendida como una extensión de terreno con dimensiones considerables, con límites establecidos administrativa y políticamente, que presenta una franja o encuadre que la demarca.
Estos conceptos revisten central importancia al momento de definir lo que compone lo urbano y lo rural, tarea compleja por la falta de unanimidad en torno a su categorización. Estos conceptos, al ser escuchados, rápidamente se analizan de manera dicotómica, remitiéndonos al campo y a la ciudad.
Se intentarán dilucidar estos puntos para su mejor comprensión en torno a las cuestiones fronterizas para las cuales, la categorización de espacios rurales y urbanos, depende de delimitaciones basadas en el tamaño de los municipios o del peso de la población activa.
Dinámicas de lo rural
El concepto de zona rural está vinculado a un territorio con un bajo número de habitantes en el cual, la principal actividad económica, se relaciona con lo agropecuario. En este sentido, el tamaño de la comunidad y la densidad poblacional, están determinadas por la ocupación agrícola. La utilización de la tierra para cultivos, impide la concentración de agricultores o cultivadores en comunidades de gran extensión provocando que, las comunidades rurales se constituyan a partir de poblaciones mucho menos diversas, con un campo de desempeño similar, y un mayor grado de homogeneidad en sus costumbres y hábitos.
Sorokin y Zimmerman diferencian lo rural de lo urbano a partir de los aspectos del empleo, el medio ambiente, tamaño de la comunidad, densidad poblacional, sistemas de interacción y diferenciación y movilidad social (Villalvazo Peña, et al citando a Clóut Hugh).
Al interior de las zonas rurales, la movilidad es menor que al interior de las zonas urbanas, debido a la predominancia del trabajo en relación al campo, lo que sujeta a los habitantes al territorio. Otra consideración que define a lo rural, es el trazado de calles, el equipamiento básico de infraestructura y servicios públicos, así como la ausencia de actividades productivas secundarias y terciarias (Matijasevic Arcila y Ruíz Silva, 2013, p. 32). Además de esto, su paisaje es natural al carecer de edificios y no contar con una red de transportes desarrollada.
Dinámicas de lo urbano
Cuando se habla de población urbana, se hace referencia a aquella con más de 2.000 habitantes, que posee la infraestructura necesaria, industria y servicios suficientes.
Lo urbano, desde la frontera, adquiere una connotación particular como consecuencia de las acciones coordinadas por las entidades existentes a ambos lados de la misma. Dilla (2015) propone el concepto de Complejos Urbanos Transfronterizos (CUT) para referirse a las relaciones que se forjan en ambos lados de las líneas fronterizas a partir de ciertas “condiciones”. Entre estas destacan la existencia de recursos naturales compartidos; las articulaciones espaciales, que hacen referencia a los roles de intermediación que se dan en estos espacios y que garantizan la continuidad transfronteriza de la zona; la interdependencia económica, que refiere a la relación mutua que involucra a las localidades a ambos lado de la frontera, sus actividades así como los empleos y las redes que se crean e impactan la vida local. Asimismo, hace mención a la existencia de relaciones sociales intensas que se dan entre los pobladores de las localidades, creando cruces e intercambios, no solo económicos sino, también, culturales.
La percepción de mutua necesidad se convierte en otra condición para las CUT dado que ambas localidades, a pesar de estar “separadas”, saben que son imprescindibles la una para la otra, por los lazos que han creado. Por último, menciona la construcción de relaciones instituciones formales, desde el Estado y la sociedad civil, que se manifiestan en dos niveles. El primero, la formalización binacional, que se refiere a los acuerdos o arreglos en torno a 4 claves que rigen la frontera: el comercio, la migración, la seguridad y el medio ambiente, indispensables para crear entendimiento en la sociedad. El segundo nivel es el nivel local o lo propiamente transfronterizo, que alude a la formalización legal e institucional de las fronteras. Esto nos lleva a pensar la organización y la gestión de esos espacios, así como el flujo compartido que se dan en las fronteras, como algo que va más allá de las instituciones.
1.4. Región transfronteriza
Hablar de región transfronteriza nos remite en forma básica al territorio contenido en ella, compartido por dos Estados-nación. Bob Jessop (2004) concibe, primeramente, a los espacios transfronterizos como continuidades (redes, interacciones) y, luego, como divisiones político administrativas de países distintos. Jessop analiza, desde la economía, el auge de la transfrontera como fenómeno a nivel mundial y concomitante al fortalecimiento de actores regionales, en paralelo a la desestructuración de los Estados nacionales.
En la región transfronteriza México-Guatemala -nuestra región de estudio- se han documentado, también, experiencias de continuidad identitaria e interacciones de redes familiares y comunitarias, más allá de las fronteras de los Estados nacionales, al menos en dos casos: la etnia mam (Peña-Piña y Fábregas-Puig, 2015) caso de estudio del ejido Pavencul, Limón (2010), libro sobre el pueblo chuj y sus interacciones sociales y religiosas entre la sierra de Cuchumatanes en Guatemala, y la meseta de Comitán en Chiapas, México, enmarcadas en ciclos de festividades anuales.
Tenemos, entonces, las interacciones locales que provienen de las identidades culturales previas a la conquista, interacciones entre poblaciones mestizas e indígenas diversas, que asumen identidades regionales específicas.
Ahora bien, las continuidades no solamente se dan en relación a lo étnico sino que, también, involucra cuestiones familiares, derivadas de alianzas empresariales e, incluso, institucionales de entidades distintas a los estados, tales como organismos civiles internacionales o religiosos (iglesias), que mantienen influencias históricas entre la población y que, con el tiempo, forman parte de sus ideologías e identidades. Esto genera, a su vez, una especie de continuum entre estructuras formales y no formales, que se expresa cotidianamente.
1.5. Territorios de la frontera y flujos poblacionales
Quedando estipulado que los territorios contienen a las regiones, y que las fronteras delimitan estos territorios, se puede inferir que los territorios de la frontera están determinados por dos factores: la contigüidad y la disparidad económica. Estas diferencias, presentes en el territorio, interactúan estimulando el proceso que permite crear mercados laborales en los centros poblacionales, que satisfagan las necesidades de los individuos.
La migración2 está implícita en el movimiento de las personas dentro de los territorios de la frontera, y se entiende como el desplazamiento de grupos o poblaciones que dejan su lugar de origen para establecerse en otra localidad o país, ya sea por cuestiones laborales, económicas o sociales. Las migraciones se conciben “como aquella condición espacio-temporal de dejar un lugar, por lo general, de residencia y pertenencia, para establecerse en otro” (Osorio-Campillo, et al. 2015, p. 94). Por ello, se entiende por emigrar al hecho de dejar el lugar de origen e inmigrar a llegar a un nuevo territorio. Ante el cambio de residencia, los migrantes deben hacer frente no solo al cambio espacio-temporal y cultural, sino a la creación de nuevos vínculos y nuevas formas de vida (ídem).
En relación a esto, la migración indocumentada se da “cuando una persona ingresa a un país del cual no es ciudadano o ciudadana, violando sus leyes y regulaciones de inmigración” (Castles, 2010, p. 51). Esto sucede como “consecuencia del desequilibrio entre la demanda laboral en los países de destino y la capacidad o la voluntad de los gobiernos a establecer los canales legales de migración” (Castles, 2010, p. 49).
La migración se da manera documentada y no documentada en la frontera, y deja entrever la ineficiencia de la autoridad en varios aspectos. Uno de ellos, la incapacidad de generar un mercado laboral estable y acorde a las necesidades del flujo poblacional. El otro, tiene estrecha relación con las interacciones que se generan cotidianamente y las regulaciones migratorias impuestas por los países, las cuales no han sido eficaces para contener el flujo de migración indocumentada establecido en la zona de estudio.
Concepto de población
Desde la definición tradicional normativa, la población es uno de los tres elementos constitutivos de la nación, junto con territorio y Estado. Sin embargo, igual que lo sucedido con otros conceptos, éste se ha resignificado, se ha pluralizado. “Las poblaciones están constituidas por conjuntos de individuos con sus características fenotípicas y los cambios que se producen en ellas a lo largo del tiempo” (Moya, 2014),. Por su parte, el Colegio de Ciencias y Humanidades la define:
Como un grupo de organismos de la misma especie que viven en un lugar y tiempo determinados y que interaccionan tanto genética como ecológicamente. Las poblaciones pueden sufrir cambios como el aumento o disminución en el número de organismos […] el conocimiento y estudio de esto permite entender la dinámica de las poblaciones, éstas presentan características particulares que las distinguen. (p. 552)
En consideración a lo anterior, el estudio previo de las poblaciones específicas de cada región es necesario para diseñar políticas públicas que respondan, tanto a sus necesidades, como a sus intereses, así como a las formas en que voluntariamente se auto adscriben a una nación.


