Estructura formal y no formal de la interacción transfronteriza de población, bienes y recursos naturales en la frontera México-Guatemala

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La manera en que el gobierno interactúa en el mercado está descrita por la relación de los agentes en dicho mercado. El gobierno se relaciona con las familias, en la medida que éstos le ofrecen factores productivos, tales como mano de obra y se relaciona, al mismo tiempo, con las empresas a través de la adquisición de bienes y servicios necesarios para su funcionamiento. Los flujos de bienes y servicios de la economía real se mueven en sentido contrario al flujo de valores. Esto posibilita que el gobierno absorba los impuestos y distribuya beneficios a la población.
A nivel local, tratándose de los municipios, la Constitución establece en su artículo 115 que “tendrán a su cargo las siguientes funciones y servicios públicos: agua potable, drenaje, alcantarillado, tratamientos y disposición de sus aguas residuales; alumbrado público; limpia, recolección, traslado, tratamiento y disposición final de residuos; mercados, centrales de abasto; panteones; rastro; calles, parques, jardines y su equipamiento; seguridad pública”. Asimismo, de acuerdo al artículo 21, entre sus funciones y servicios se contempla la policía preventiva municipal y policía de tránsito. Los demás servicios serán determinados por las legislaturas locales, según las condiciones territoriales y socio-económicas de los municipios mediante su capacidad administrativa y financiera (Cámara de Diputados, 2017).
De acuerdo con lo anterior, son los municipios quienes se encargan de los servicios públicos de limpieza general de la ciudad, y son quienes articulan los mercados y definen (a través del Plan de Desarrollo Urbano –PDU–) las actividades económicas que pueden ser llevadas a cabo en todo el municipio.
Sin embargo, en lo que respecta a la seguridad, responsabilidad del sector público, las personas migrantes se enfrentan a numerosos peligros, especialmente cuando el país es utilizado únicamente como tránsito. Claro ejemplo es el caso del tren conocido como “la Bestia” en el cual las personas sufren accidentes, extorsiones, asaltos, secuestros y, algunas veces, muertes (Carrasco, 2013, p. 176-177). Estos abusos son realizados por parte de grupos delictivos y –muchas veces– por los funcionarios públicos quienes, aprovechándose de las necesidades económicas de los migrantes indocumentados, han cometido ciertos abusos (Ibídem, p. 182).
Lo mismo sucede en el caso de la sanidad. La legislación establece que los puestos de salud deben contar con los insumos básicos de medicamentos y equipos para la atención hospitalaria, sin embargo, la falta de recursos e inversiones convierten a esto en una utopía.
1.7.3. Sector privado
La estructura formal del sector privado está conformada por los productores y consumidores en un mercado determinado. Los agentes privados se relacionan en el mercado de factores de producción y también en el de bienes y servicios.
La economía mundial se encuentra inmersa en el fenómeno conocido como globalización, el cual, da lugar a la apertura de los mercados y fronteras (de manera informal en algunos casos) dando paso a cambios en el orden social, tanto material como simbólicamente. (Peña: 2012. p. 17). Giordano P., Mesquita, M. y Quevedo, F.: 2004 citado en Oddone, N. y Quiroga, M.: 2016, establecen que las dificultades estructurales se determinan por el tamaño económico, la posición geográfica, el acceso a la infraestructura regional, la calidad de las instituciones o grado de desarrollo, elementos que determinan la capacidad de las economías de favorecerse de la integración de los mercados (p. 20).
La frontera en donde se presentan los intercambios económicos, se encuentra asociada a la frontera mercantil y burocrática en las interacciones y representaciones simbólicas que se entrelazan y comparten las personas que allí habitan. Medina (2006) lo relaciona de la siguiente manera:
El nivel de los intercambios materiales transfronterizos está condicionado en gran parte por las leyes que regulan las transacciones comerciales transnacionales, las cuales se aplican mediante reglamentos técnicos y administrativos, mecanismos de vigilancia y de control, registros y fiscalización de las operaciones, etc. (p. 19)
Los intercambios fronterizos están condicionados a ciertas reglas del juego para que la interacción se lleve a cabo de una forma regulada y ordenada.
En cuanto al mercado de servicios del sector privado, la oferta se integra por diferentes organizaciones y empresas que, a su vez, se dividen en dos grandes grupos: las instituciones no lucrativas y las empresas de servicios con fines de lucro. Como ejemplo de las primeras podemos mencionar a los museos, las iglesias, las fundaciones, los orfanatos, los asilos para ancianos, etc. Las segundas se subdividen en dos: las empresas que ofrecen servicios a negocios (estudios de mercado, publicidad, transporte, préstamos bancarios, seguros, servicios jurídicos, servicios contables, consultorías) y las empresas que ofrecen servicios de consumo (renta de viviendas, recreación, entretenimiento, ayuda temporal, reparaciones, etc.) (Thompson, 2006). En esta última, podríamos adicionar las empresas que ofrecen bienes de consumo, como los mercados, supermercados, tiendas departamentales, entre otros.
Existe en contraparte, una economía invasiva en la que rige, no sólo la economía informal, sino una que, se ensambla con lo ilegal, en la que intervienen nuevos actores, pasando de contrabandista a traficante. La economía de frontera se compone de dos o más economías desiguales, en la que se debaten cuestiones como:
(…) lo que es legal acá es ilegal allá, lo que existe acá no existe allá o, lo que tiene mayor precio acá es menor allá; por ello hay un flujo mercantil que genera un sistema de ilegalidades donde la economía de un lado se riega sobre la otra, a la manera de vasos comunicantes. Por eso, mientras más factores diferenciadores existan (muros, aranceles) mayores asimetrías habrán, aumentando los riesgos, los precios y las violencias. (Carrión, 2013, p. 17)
El sector privado favorece la creación de oportunidades de empleo para las personas del otro lado de la frontera. Sin embargo, no todo es bien visto desde este aspecto dado que, la oferta de trabajo en esta zona, se asocia a la mano de obra abaratada y sin los beneficios laborales que un empleo formal conlleva, sobre todo al tratarse de individuos indocumentados. La presencia de estos sujetos en el mercado laboral está rodeada de miedo e inseguridad ante la presencia de agentes migratorios o cualquier otra autoridad, lo cual, es beneficioso para algunos agentes de la economía y desfavorable para quienes desean ofrecer la mano de obra en un mercado laboral cada vez más competitivo.
Es necesario mencionar que, la globalización económica involucra, no sólo a la región urbana sino, también, a la zona rural, siendo esta última la más afectada por la constante competencia interterritorial que la acompaña, manteniéndola en constante retraso económico. Este fenómeno ha contribuido a la estandarización del consumo a nivel internacional. En este proceso, internet ha sido un gran aliado poniendo modas y habilitando a las grandes firmas internacionales homogeneizar los gustos, usos y costumbres. La apertura comercial, aunada al acceso global de la información, deberían ayudar a que los agricultores, situados en las zonas más desfavorecidas, tengan un verdadero acceso a la comercialización de sus productos, incluso a la exportación, dependiendo del nivel de apertura que se tiene con la política nacional (Jiménez, 2014).
La globarruralización, hace referencia al “proceso contemporáneo mediante el cual el medio rural se ve sometido a las transformaciones impuestas por la globalización, teniendo en cuenta su reciente adaptación a los conceptos de nueva ruralidad y multifuncionalidad” (Jiménez Abad, 2014). Estos términos hacen referencia a una nueva visión del sector rural que introduce la actividad turística a los territorios, provocando la diversificación y tercerización de sus actividades, pasando de la agricultura pura a la provisión de servicios.
1.7.4. Las estructuras formales desde la región transfronteriza
Las estructuras formales en regiones transfronterizas podrían concebirse como las instituciones de gobierno que engloban la parte del sector público y privado en las que, la participación de las personas, se ve reflejada en el continuo flujo migratorio y en la necesidad de adquirir bienes y servicios, por la vía legal o no, para satisfacer sus necesidades.
Las estructuras formales están fuertemente ligadas a los conceptos de sector privado y sector público que se desarrollan en un contexto de Estado-Nación en donde, éste último, juega el papel de protector de la seguridad de sus habitantes y de su territorio, salvaguardando sus fronteras y poniendo barreras para que, personas sin documentos oficiales y sin haber pasado por alguna autoridad migratoria, no logren penetrar en el Estado. Es por ello que, su rol es proteger los intereses de sus habitantes, colocando límites y controles de seguridad para no permitir que ajenos atraviesen la frontera.
La economía de las regiones fronterizas provoca un desarrollo regional con grandes inequidades, niveles altos de emigración y aumento considerable de la violencia. La economía de frontera se respalda en la desigualdad entre los Estados aledaños y se desarrolla en forma de una ‘economía de enclave’ especial. Esto es debido a que no explota un solo producto o servicio sino que, más bien, es un conjunto de intercambios comerciales, legales e ilegales, que cuentan con vínculos mayores a los territorios transfronterizos (Carrión, 2013, p. 16).
La globalización juega un papel importante que conjunta a todos los agentes involucrados. Está presente en el sector público, en las interrelaciones que se dan entre los países y en los aspectos diplomáticos y comerciales. También, se encuentra presente en el sector privado en los flujos de bienes, servicios y mano de obra, incluyendo a las zonas urbanas y a las rurales, aunque ésta ultima un tanto desfavorecida por el rezago de que es objeto per sé y las condiciones de desventaja en cuanto al acceso de información e inversión.
1.8. Estructuras no formales e informales en los procesos de movilidad
Podría parecer que los conceptos de estructuras no formales e informales tienen el mismo significado pero, cada uno, posee características que los diferencian.
Se entiende como informalidad como la condición social en la que se desarrollan actividades económicas que, si bien, no están reguladas mediante una intervención estatal, sí lo están por mecanismos basados en la confianza mutua, solidaridad o amenaza de exclusión social si las normas socialmente establecidas se trasgreden (Portes y Haller, 2004). De este modo, podemos diferenciar a las estructuras no formales, aquellas que surgen fuera de la institucionalidad pero que cuentan con una organización, de las informales, que se dan de manera no intencional, a partir de las interacciones cotidianas y de la confianza.
En la transfrontera lo que hace región es la distancia entre lo formal y lo no formal, entre lo formal y lo informal. Ahí lo informal no es necesariamente ilegal, lo legal no es necesariamente justo, lo político no es necesariamente jurídico y el orden no se deriva necesariamente de lo jurídico, ni es dictado desde un centro de mando alejado geográficamente aunque ejerza cierto poder a la distancia,. Por esto, el subordinado del aparato de Estado asignado a la región, reinterpreta su función en razón de los límites que imponen los actores empoderados y se adapta a las circunstancias para ejercer cierto control. A este estado de cosas es a lo que Saúl Rojas (2014) denomina como orden negociado.
El control del comercio fronterizo no se direcciona exclusivamente desde los poderes del Estado, ni se concibe sólo por vías clandestinas. La autoridad gubernamental de la frontera está presente, pero maniobra con criterios contingentes, y en ocasiones, a través de negociaciones entre empleados de diferentes niveles político-administrativos y poderes fácticos. El funcionamiento de la frontera dista de los procedimientos aduanales, cercos fitosanitarios y migratorios que supuestamente deberían acatar su personal operativo. Lo que se percibe es un ambiente donde hay acuerdos implícitos, tolerancias y un orden negociado en cuanto al cruce mercantil. (p. 25)
Lo informal es visto desde diferentes ópticas por quienes lo realizan y por quienes lo visualizan.
Para las personas que se dedican a las actividades y comercio informal en la zona transfronteriza, está bien visto, dado el supuesto de que se encuentran trabajando para obtener un salario, aunque sean considerados no formales. Este tipo de actividades se realiza bajo el visto bueno de las autoridades locales, las cuales permiten seguir realizando actividades sin sancionar a quienes las realizan, favoreciendo la creación un área de continuo tránsito entre los inmigrantes y las personas de esa “área comercial”.
Una de las posibles razones de la informalidad descansa en la contigüidad de los territorios, históricamente unidos, y en los usos y costumbres, que surgen de la constante interacción entre los individuos, creando lazos culturales y emocionales.
1.8.1. Estructuras no formales
Antes de indagar en este apartado es necesario definir el concepto de estructuras no formales. Martín (s. f.), basado en la estructura no formal de la educación, la describe como,
Todo proceso educativo diferenciado de otros procesos, organizado, sistemático, planificado específicamente en función de unos objetivos educativos determinados, llevado a cabo por grupos, personas o entidades identificables y reconocidos, que no forme parte integrante del sistema educativo legalmente establecido y que aunque esté relacionado con él, no proporcione directamente ninguno de sus grados y titulaciones (Pastor Homs, 1999, p. 184 citado en Martín, s/f, p. 7).
Por ello nos referiremos a aquellas relaciones que tienen una estructura, personificadas por una figura o representante, y que cuentan con una organización no formal, legal, con cierta formalidad y respeto. Un ejemplo de esto son las comunas, organizadas pero sin una institución que las avale o respalde existiendo, a su vez, dentro de las mismas una formalidad, con cada representante jugando un papel de importancia dentro de éstas.
Así, se entenderá como estructuras no formales a las redes de relaciones locales que incluyen familias, amistades y relaciones económicas informales, que permiten a la población local entretejer sus intereses y sus necesidades y, de ese modo, vivir, sobrevivir o prosperar a través de acuerdos de intercambio que mezclan economía, parentesco, coincidencias de modos de vida, cultura y, en ocasiones, afiliaciones políticas, religiosas o ideológicas.
1.8.2. Estructuras informales
El concepto “informalidad” aparece en la literatura en 1971 creado por Keith Hart a partir de un estudio en Ghana sobre la ocupación urbana, donde se utiliza la definición de oportunidades informales de ingreso (INEGI, 2004; STPS, 1993 y STPS, 1994), se señala a lo que es “formal” con lo que se conoce como “empleo asalariado” y se expresa como a lo “informal” con las actividades desempeñadas como empleo por cuenta propia (Hart, 1972). En esas circunstancias, Hart estaba delimitando más al Sector Informal, conocido actualmente como un subconjunto de la Economía Informal. Por lo cual, dicho concepto pretende integrar aquellos modos de producción y empleo cuya lógica de funcionamiento provenía de los hogares como base original (INEGI, 2014, p. 3).
Años más tarde las revisiones desde la Organización Internacional del Trabajo (OIT) y los aportes de la comunidad internacional permitieron diferenciar conceptos más finos como diferenciar el empleo informal del propio sector informal (Hussmanns, 2004), por lo que la informalización laboral define al trabajo cuyas relaciones no son convencionales, asociadas a precariedad e irregularidad que no permite ser fácilmente identificadas desde un enfoque de establecimientos productivos. Sin embargo, pese a que el empleo informal contiene una amplia diversidad de condiciones de empleo, se caracterizan en relaciones contractuales informales con alta vulnerabilidad para los trabajadores (OIT, 2013; Portes, 1995). Desde ese aspecto la teoría económica ha realizado contribuciones substanciales para comprender los orígenes y las dinámicas que se dan sobre la informalidad (Azuma y Grossman, 2002; Portes y Haller, 2004; Cervantes, et al., 2008; Loayza y Sugawara 2009).
La absorción de mano de obra migrante desde Guatemala a los municipios de la frontera sur de México, acompaña un proceso similar al de migración rural-urbana, así como el lento crecimiento del sector industrial durante el proceso de modernización (Tokman, 1995), siendo una transición de lo rural a lo urbano, ya señalado en la teoría dualista de la economía. La llegada a los espacios principalmente urbanos establece la integración al empleo informal constituido por ingresos no vinculados a lo que significa un trabajo formal, aportaciones a los recursos de la familia o una forma de mantenerse activo y no desempleado (Rodarte, 2003). De allí que en la RTMG las estructuras productivas quedan compuestas por unidades informales y fuerza de trabajo vinculados a una dinámica informal que, como refieren Cota y Navarro (2015) para unos puede ser por elección o no, mientras que para otros por elección inducida.
De esta manera, muchos estudios dan cuenta de la importancia y vinculación de la informalidad con la estructura productiva y las características del mercado de trabajo (Tokman, 2001, Galli y Kucera, 2004; Fields, 2008; Brandt, 2011; Di Giannatale et al., 2016; Dougherty y Escobar, 2013; Farazi, 2014; La Porta y Shleifer, 2014; Samaniego, 2014).
En este sector informal se vinculan jóvenes, trabajadores sin experiencia y mujeres (Freije, 2001; Jacinto, 2006; Van Ham y Büchel, 2006), y los establecimientos informales se clasificaban en dos tipos, las empresas informales de personas que trabajan por cuenta propia y aquellas con empleadores informales (Trejo, 2003; Rodarte, 2003). Esto muestra a la franja de informalidad como un fenómeno urbano con características de flexibilidad de ingreso tanto para organizarse, capacidades y capital, basada generalmente en vínculos familiares de pequeña escala, con intensificación de la fuerza de trabajo, bajo uso y acceso a la parte tecnológica, con baja regulación local (Portes y Haller, 2004). De esta manera estos establecimientos de la estructura informal realmente son los individuos en sí como base del capitalismo, más allá de ser percibidos como entes sociales, son factores productivos (Horowitz, 1990; Tokman, 1994), que le dan dinamismo a la estructura productiva de la RTMG.
En efecto, la ausencia de inversión de capital en fronteras precarias como la frontera sur de México con Guatemala y el flujo migratorio con procesos de llegada y radicación de población migrante en las localidades mexicanas de la RTMG, no se acompaña con gran capital que estimule a la instalación de empresas formales de manera masiva y por el contrario la masificación es la conformación de unidades productivas de pequeño tamaño y cuya especialidad se basa en las carencia de la frontera que son principalmente en el acceso de suministros pero con alta flexibilidad, como base de lo que se conoce como “especialización flexible” (González, 2005; OIT, 2005), cuyo objetivo es la supresión de normatividad proteccionista a la fuerza de trabajo para disminuir las prestaciones sociales y demás costos laborales pero que aviva y reproduce los márgenes de pobreza y estimula la marginación (Horbath, 2003).
Esta incorporación a los establecimientos productivos informales no es homogéneo en toda la RTMG, debido a la segmentación no solamente laboral sino espacial que hay en el discurrir de la línea fronteriza, así como también desde lo regional que hace de la franja sur del país una zona polarizada en desarrollo respecto a otras zonas del país como la región central, el bajío y la frontera norte, producto de una globalización que genera desigualdad regional (Ochoa, 2004; Huesca, 2005) y que favorece aquellos canales de las franjas migratorias que apuntan y conectan los flujos de personas, bienes y recursos naturales, dirigidos al paso del norte, del otro lado del río Bravo.
Pese a que Maloney (2004), negara la existencia de segmentación laboral en México como condición necesaria para que lleguen al sector informal y referir que los propios trabajadores se desplazan a él por ser más seductor, lo que ocurre en la RTMG es que la estructura productiva no ofrece mayores y mejores nichos de vinculación para esta fuerza de trabajo. Esta segmentación favorece la incorporación a mercados precarios, pero mejor estructurados en la informalidad dentro de ámbitos urbanos, que se encuentran en la región cercana a localidades del Pacífico mexicano, mucho más que aquellas localidades de la franja cercana a la Península de Yucatán y del Caribe.
Guillermo & Angulo (2016) nos muestran los muchos sinónimos que se usan en la literatura especializada sobre el término de informalidad, entre los que sobresalen economía escondida, economía sombra, economía paralela, sector no estructurado, economía subterránea, economía ilegal y hasta mercado negro. Por lo que habilitan una nueva definición sobre economía informal como “toda actividad en la cual se utiliza al menos un insumo al que no se le retribuye o bien se le retribuye menos de lo que, dada sus cualidades, ofrece el mercado” (Guillermo & Angulo, 2016). En ese sentido, el INEGI señala como los hogares participan ampliamente en la prestación de servicios con baja o nula inversión de capital y beneficios inmediatos, como el caso del comercio al por menor, venta ambulante, transporte de carga y pasajeros por taxis y otros medios, servicios de reparaciones, servicio doméstico, sexo servicio y otros (INEGI, 2005 pág.5), mostrando su evolución en cuanto a la medición de la informalidad con mejores conceptos y mayor refinamiento en instrumentos (INEGI, 2011; Negrete, 2010). De esta forma, los estudios y mediciones toman desde la perspectiva laboral la inscripción de los trabajadores en los sistemas de seguridad social, mientras que desde la perspectiva de las unidades productivas se identifican por el registro en el sistema fiscal y hacendario.
Para tener una noción, y poder tejer las relaciones entre las instituciones de gobierno y las estructuras informales, es importante conocer el concepto de éstas últimas.
Navarrete (2016) hace mención a que, desde el enfoque de la sociología y los estudios sobre la gobernanza, el capital social y la gestión, las instituciones informales son vistas como las redes sociales y las comunidades establecidas en la confianza. High (2005) habla sobre las expresiones positivas de lo informal, las cuales pueden abordarse desde un panorama conceptual formado por las comunidades y las redes, es decir, los patrones sociales comunes en las organizaciones. (p. 293)
Se conocen como instituciones informales a distintos aspectos, como bromear, según Peltier (2007); la corrupción, clientelismo y patrimonialismo, Erdmann y Engel (2006); el caciquismo, Knight y Pansters (2005), Middlebrook (2009); los acuerdos políticos y pactos de caballeros entre caciques, Barrer (2014); o el capital social y la cultura política, Helmke y Levitsky (2004), Stacey (2007) (Navarrete, 2016, p. 296).
En lo que respecta a la actividad económica informal, ésta se presenta en diferentes connotaciones: irregular o cuasi-legal (ilegal por evadir impuestos y otras leyes), más que criminal; oculta, que es la representación criminal de la informalidad, como el robo, malversación, venta de bienes robados, etc.; no oficial, que funciona dentro de lo oficial legítimo a cambio de favores y privilegios como medio de intercambio; y social, que su rama está fuera de lo formal y recurre al trueque como medio de intercambio (Henry y Sills, 2006) (Navarrete, 2016, p. 295).
El mismo autor analiza el comercio informal dentro de la economía informal, definiéndolo como procesos de adaptación a lo social, más que a necesidades económicas. Por ello, en relación a lo formal e informal, con sus aspectos alentadores y destructores, se deriva el desempeño económico (2016, p. 295). Portes y Haller (2004), por su parte, definen al sector informal como “las acciones de los agentes económicos que no adhieren a las normas institucionales establecidas o a los que se niega su protección” (Feige, 1990, pág. 990) o que bien incluyen “todas las actividades generadoras de ingresos no reguladas por el Estado en entornos sociales en que sí están reguladas actividades similares” (Castells y Portes, 1989, pág. 12). (p. 10)



