- -
- 100%
- +

PIEDRA ROSETTA
La piedra Rosetta será trasladada a Inglaterra tras la derrota de Napoleón ante los ingleses, y pronto se volverá uno de los tesoros que se guardan actualmente en el Museo Británico de Londres. El desciframiento de los jeroglíficos que permite la piedra Rosetta desencadena un proceso que dista de concluir, en el cual se inicia el gran redescubrimiento del Egipto Antiguo a una escala que no tenía antecedentes previos.
No es, sin embargo, la historia social, política o militar de Egipto la que nos interesa en esta oportunidad. Aunque esta sea un contexto quizás imprescindible, lo que realmente nos interesa es el reconocimiento de la influencia cultural que Egipto ejercerá sobre nosotros, a la vez que buscamos explorar, aunque sea de manera muy limitada, la mirada que ellos les daban al mundo y a la vida.
3. LOS MITOS EGIPCIOS DE LA CREACIÓN
A. Dos primeros mitos de la creación: Elefantina (Aswan) y Hermópolis (Khemnu)
Durante la extensa historia del Egipto Antiguo se constituyen distintos centros religiosos de importancia. En una religión de carácter politeísta como era la de Egipto, estos distintos centros albergaban y mantenían el culto dirigido a diferentes dioses, y en cada uno de ellos se desarrollaban corrientes mitológicas diferentes. El mundo religioso de Egipto distaba de ser homogéneo. Sus diferencias se expresaban tanto geográficamente como en el transcurso de su historia, donde algunas de estas corrientes alcanzaban mayor o menor influencia. Toda religión desarrolla sus versiones sobre la creación del mundo y la humanidad; en Egipto encontramos distintos mitos fundacionales, asociados cada uno de ellos con centros religiosos diferentes.
Así por ejemplo en Elefantina –ubicada sobre la ribera opuesta de Aswan, cerca de la primera catarata del Nilo, casi en el límite sur– el dios creador era Khnum, dios del Alto Egipto, el cual era representado por una cabeza de carnero. Su residencia en el sur permitía que los egipcios lo consideraran como el dios que controlaba las corrientes de las aguas del Nilo a través de una manilla o llave que, al girar, permitía el flujo de más o menos agua. Khnum jugaba un rol importante en las crecidas anuales del río, junto con el dios Hapy, que era representado con características fisonómicas bisexuales.
Se sostenía en Elefantina que Khnum habría creado a los demás dioses, al mundo natural y a los seres humanos. Otras fuentes lo hacen sólo responsable de ser el creador de la humanidad. Esta creación se había realizado modelando la arcilla, tal como lo hicieran los antiguos habitantes de la zona. Posiblemente se trate del más arcaico de todos los mitos egipcios de la creación.

KHNUM
Para crear un ser vivo, Khnum producía dos estatuillas de arcilla. La primera representaba el cuerpo de la persona y la segunda –que se ubicaba detrás– su alma o personalidad (ka). Muchas veces esta segunda figura era designada como el doble.
El ka era normalmente representado por dos brazos doblados en ángulo recto, apuntando hacia arriba. Es necesario señalar que el nombre era considerado como parte determinante de la personalidad: sin nombre no era concebible la individualidad i, como veremos más adelante, la posibilidad de resucitar a la vida eterna. Al integrarse estas dos estatuillas del cuerpo y la personalidad nacía el nuevo ser, que integraba sus dos principios constitutivos. Complementariamente, los egipcios sostenían que todo ser humano poseía también una sombra. Esta aparentemente no jugaba ningún papel destacado sino hasta luego de la muerte, cuando la sombra retornaba al cuerpo y se integraba al resto de los elementos de la personalidad.
En Hermópolis Magna (Khemnu), situada en la zona de Egipto Medio (a no ser confundida con la ciudad de Hermópolis en el Delta), existía un mito de la creación muy diferente. Según este, la creación se llevó a cabo a través de una concentración inicial de cuatro elementos fundamentales organizados en pares, integrados cada uno por una dimensión masculina y otra femenina. Estos cuatro elementos eran el agua (integrada por Nun y Naunet), el aire o poder oculto (integrado por Amun y Amaunet), la oscuridad (integrado por Kut y Kauket) y finalmente lo informe, lo indeterminado e infinito, muchas veces interpretado con la fuerza de las crecidas del Nilo (integrado por Huh y Hauhet, divinidades del agua, que eran representadas en forma de rana).
Estas personificaciones divinas de los cuatro elementos básicos del universo eran reconocidas con la expresión egipcia KHUM y la expresión griega OGDOADA (que significa grupo de ocho). Los cuatro dioses masculinos eran representados con cabezas de sapos, mientras que los cuatro dioses femeninos eran representados con cabezas de serpientes. En un cierto momento estos ocho dioses interactuaron de tal forma que produjeron una explosión de energía, con la cual la creación tuvo lugar.

A partir de ese momento encontramos dos versiones diferentes de lo que habría sucedido. En la primera versión, de las aguas emerge una colina de tierra llamada “Isla de la Llama” o “Divina Isla Emergente”, en la cual el dios Thot –dios de la palabra y de la sabiduría–, asumiendo la forma de un ibis, pájaro de gran tamaño, habría puesto un huevo que luego se rompería para que desde su interior saliera el Sol, que de inmediato se eleva al cielo. De este modo, la creación es fruto de la palabra, cuyo poder divino simbolizaba Thot, dios adorado en Hermópolis. Thot era reconocido como el inventor de la escritura y el patrón de los escribas.

THOT
Existe una segunda versión de este mito del origen egipcio, donde lo que emerge del elemento primordial de las aguas habría sido una flor de lotus, personificada en la figura de la diosa Nefertem, que al abrir sus pétalos dejó salir al sol, el cual era identificado con el dios Horus, quién se encarnaba en todos los faraones. Michael Rice nos señala que “el nombre Horus era el nombre más sagrado que un rey podía poseer. Era su fuente de poder, como rey y como dios”.
B. El mito de la creación de Heliópolis (Inun)
Según la cosmovisión del centro religioso de Heliópolis, situado al norte, no muy distante de Menfis en la zona del Bajo Egipto, antes de la creación sólo existía el caos indiferenciado, informe, indefinido, indeterminado y oscuro, un espacio sumido en un olvido cargado de niebla y agua inerte viscosa que lo cubría todo, y que era personificado a través del dios Nun. Es importante retener esta imagen, pues de ella se van a nutrir diversas tradiciones posteriores.
De este estado, habría emergido una colina de cieno, material que el Nilo depositaba en el valle con sus crecidas. Desde allí se habría autogenerado el dios solar y creador Atum (término que significaba “el todo” o “el que es completo”). Dado que en el estado previo a la creación no existían entes, Atum requiere crearse a sí mismo para luego, en la medida en que no existe posibilidad de una unión sexual, continuar la creación consigo mismo para sentar las bases del posterior proceso de procreación sexual. Se trata primero de un acto de auto impregnación donde Atum se da placer a sí mismo con sus propios dedos, masturbándose y llevando luego su semen a la boca para desde ahí escupirlo. Este semen escupido, espetado desde la boca, es manifestación de la palabra primordial y originaria, con todo su gran poder generativo.
La teología de Menfis hará todavía más explícita la participación de la palabra en la creación. Según esta, el acto de la creación implica la generación de orden, el cual está simbolizado en la diosa Maat. La creación es el tránsito del caos al orden. Sin embargo, el caos no desaparece. Orden (Maat) y caos (Isfet) estarán siempre en lucha; siempre cabe la posibilidad de perder el orden y volver al caos, pues el caos acecha. La principal responsabilidad del faraón será precisamente servir a la diosa Maat por medio de la preservación del orden, la justicia y la verdad, todos estos atributos propios de la diosa. Simultáneamente, en su capacidad de cumplir con esta tarea y de preservar la unión de las dos tierras, el faraón da testimonio de que es efectivamente la personificación del dios Horus.

MAAT
De la forma antes descrita, por tanto, Atum se crea a sí mismo y crea enseguida dos dioses: Shu (dios masculino y personificación divina tanto del espacio como del aire) y Tefnut (diosa femenina y personificación divina del tiempo, la Luna y la humedad) los cuales, a partir de ese momento, pueden iniciar un proceso normal de procreación sexual. De la unión de Shu y Tefnut, surgen Geb (dios de la tierra) y Nut (diosa del cielo) que son separados a la fuerza por Shu, quien coloca a Nut (elemento femenino) por sobre la tierra. Atum encabeza la Enéada (del vocablo griego que significa “grupo de nueve”) y recibe el nombre de Toro de la Enéada.
De Geb y Nut nacerán a su vez el dios Osiris, la diosa Isis, el dios Seth y la diosa Nephtys, cuatro dioses hermanos que tendrán un papel fundamental en la mitología egipcia. Estos cuatro dioses están emparejados. Osiris tiene como esposa a Isis, y Seth tiene como esposa a Nephtys. Todos estos dioses conforman la Enéada de Heliópolis, integrada por Atum, Shu, Tefnut, Geb, Nut, Osiris, Isis, Seth y Nephtys.
C. El mito de Osiris, Isis y Horus
De Osiris e Isis nacerá Horus, dios que se encarna en el faraón y que tiene como misión preservar el orden, la justicia y la verdad, atributos que se identifican con la gran diosa Maat, como está dicho. Es también tarea del faraón garantizar “la unidad de las dos tierras”. El faraón, por lo tanto, es considerado el representante de los dioses en la tierra, pues él mismo es un dios (Horus).

HORUS
La figura de Horus –con la que se representa al faraón– representa el décimo elemento (piramideón), constituyéndose así la sagrada década del orden, que en la concepción de Heliópolis regirá tanto el cielo (a través de la Enéada de nueve dioses) como la tierra (residencia del Faraón).

OSIRIS
Por su parte, la convivencia de los cuatro dioses hermanos Osiris, Isis, Seth y Nephtys no será fácil. Se indica que el nacimiento de Osiris estuvo acompañado por señales positivas. Antes de su aparición predominaban la guerra y el canibalismo, en un estado de gran barbarismo y desorden. Muy pronto, Osiris llegará a ser el dios de la región del Delta –región donde fue siempre venerado–y luego rey de todo el Egipto. Ello le permite restablecer el orden y enseñarle a su pueblo el arte del trabajo agrícola, el respeto por la ley y por los dioses. Todo ello produce un fuerte resentimiento en su hermano Seth quién lo convence de que entre en un cajón mortuorio para luego encerrarlo y matarlo. Desde ese momento Osiris se convierte en el dios de la otra vida, del más allá donde van todos los muertos. Seth, en cambio, pasa a representar la maldad. El cuerpo de Osiris será posteriormente cortado en 14 pedazos por el mismo Seth, que serán dispersados en distintos lugares. Isis, su hermana y esposa, inicia entonces la búsqueda de todos esos pedazos. Con la excepción del pene, que había sido tragado por un pez (lo que quizás habla del gran poder fertilizante de las aguas del Nilo), logra reunir el resto de los pedazos y, luego de construirle un pene artificial, logra darle sepultura. Una segunda tradición sostiene que el pene de Osiris fue posteriormente recuperado y guardado en la ciudad de Menfis, el principal centro de poder político del Imperio. Es posible que este mito sea también la razón por la cual los sacerdotes egipcios no comían pescado.

ISIS Y NEPHTYS
Luego de la muerte de Osiris, que dejaba vacante el trono de Egipto, se produce una gran lucha entre Seth y Horus, hijo de Osiris y de Isis, que buscaba la ocasión para vengar a su padre. Con la ayuda de Isis, Seth será finalmente derrotado y obligado a retirarse al desierto, donde habita desde entonces, aunque suele sin embargo aparecer inesperadamente en Egipto para hacer el mal. Durante la lucha, Seth logra arrancarle el ojo a Horus y lo lanza al océano, donde será encontrado por Thot, dios de la sabiduría y la palabra. Más adelante, el ojo de Horus será identificado con la Luna, y se convertirá en un símbolo popular de protección, portado por muchos como amuleto. Luego de derrotar a Seth, Horus se hace del trono de Egipto, trono que en su nombre ocuparán todos los faraones, como su personificación.
Egipto produce otros mitos de la creación de menor influencia, en los cuales no profundizaremos. Uno de ellos, según nos relata Michael Rice, involucra directamente a la diosa Maat. Según este mito, “cuando el creador decidió iniciar el proceso de creación, su primer acto fue acercar a Maat a sus labios y besarla”. No nos indica Rice cual fue este dios creador. ¿Fue acaso el propio Atum en el momento anterior a su masturbación? No hemos logrado determinarlo. Nos señala también Rice un mito “según el cual el proceso de la creación había comenzado con el grito solitario de las aves acuáticas en los pantanos”. ¿Se refiere acaso a una parte de los mitos de Hermópolis Magna que hace que la creación se inicie a partir del agua? Tampoco hemos podido precisarlo. Ambos relatos, se caracterizan sin embargo por su gran fuerza poética.
D. La piedra Shabaka
Uno de los mitos de la creación más sobresalientes, no obstante, proviene de otro centro religioso, quizás el más antiguo e importante durante la historia del Egipto Antiguo. Se trata del centro religioso y de gobierno de Menfis, ciudad supuestamente fundada por Menes, creador de la Primera Dinastía y primer unificador de los dos reinos de Egipto. Como hemos dicho, Menfis se encuentra al sur del Delta, 24 kms al sur de la actual ciudad de El Cairo.
El mito de la creación de Menfis ha sido descubierto no hace mucho, pues aparece inscrito en un gran trozo negro de granito conocido como la Piedra Shabaka. Aunque no tan famosa como la piedra Rosetta, célebre por cuanto nos entregó las llaves para descifrar el mundo egipcio, la Piedra Shabaka destaca por la importancia de lo que en ella se relata. Esta es una piedra rectangular de 93 por 138,5 cms, que tiene una cavidad en el centro y varias ranuras que salen desde ahí a la periferia, pues fue usada como instrumento para moler granos en el período posfaraónico. Esta piedra fue regalada al Museo Británico por el conde Spencer en 1805.
A ambos extremos de la piedra encontramos una columna de jeroglíficos en las que aparece escrito un relato. El centro de la piedra lamentablemente se ha perdido debido a la cavidad y a las ranuras que salen de ella. Inmediatamente después que este texto comenzara a ser descifrado se consideró que nos entregaba “la más antigua formulación de una weltanschauung filosófica que conocemos”, al decir de James Henry Breasted en 1901. Los visitantes al Museo Británico difícilmente dejan de rendirle homenaje a la Piedra Roseta; pocos, sin embargo, logran apreciar el inmenso valor de la Piedra Shabaka.

PIEDRA SHABAKA
En la columna del extremo izquierdo de la piedra se nos indica que el faraón Shabaka –perteneciente a la Vigésimo quinta Dinastía, correspondiente al Período Tardío– habría encontrado en “la Casa de su padre Ptah” (refiriéndose al Templo del dios Ptah) un antiguo texto proveniente de sus antepasados, el cual, comido por los gusanos como estaba, debió ser copiado en esta piedra para asegurarle vida eterna a su contenido.
Los diferentes centros religiosos de Egipto estaban conscientes de sus diferencias y sus distintos relatos competían entre sí. Una de las modalidades que asumía esa competencia consistía en hacer que los relatos propios fueran más comprehensivos que aquellos de sus centros rivales, relatos que fueran capaces de absorber dentro de sí lo que los otros contaban. Para entender adecuadamente la mitología egipcia es muy importante relacionarla con los acontecimientos históricos que tenían lugar en el momento cuando determinados relatos emergen. La mitología egipcia no es algo estático (como en rigor no es ninguna mitología, ni ninguna teología); se trata de relatos en permanente evolución, marcados por la historia.
El mundo mitológico politeísta egipcio no sólo es expresión del reconocimiento de la existencia de las múltiples fuerzas que ellos perciben en el mundo, sino también expresión de muchos otros factores. Entre ellos cabe destacar, por ejemplo, los esfuerzos de integrar en narrativas comprehensivas los mitos locales de muy diversas regiones al interior de un amplio territorio. Muchas veces la evolución que exhiben determinados mitos y la emergencia de mitos nuevos guarda relación con cambios políticos importantes, según los cuales el poder cambia de manos y determinadas regiones ganan preeminencia sobre otras. Lo que acontece en la arena política se refleja en la esfera mitológica o simplemente religiosa. Otras veces, determinados cambios en los relatos mitológicos apuntan a desplazamientos o reestructuraciones sociales importantes. Por ejemplo, el desarrollo en el tiempo de sectores medios urbanos como resultado de la expansión de la burocracia estatal, del crecimiento de las estructuras militares, de la expansión del comercio y de las actividades productivas, así como el mismo crecimiento de las castas sacerdotales, da lugar a la emergencia de nuevas inquietudes que, a su vez, se expresan en importantes alteraciones en la topografía mitológica, ya sea mediante la aparición de nuevos mitos y la progresiva desaparición de otros, ya sea por la integración de mitos que antes estaban separados o por el cambio en la supremacía que se establecía entre ellos.
Cuando abordamos el mito de la creación de Menfis tenemos que hacernos algunas preguntas que ligan el relato mitológico con la historia política. Cabe preguntarse, por ejemplo, sobre las inquietudes que pueden haber conducido al faraón Shabaka a requerir que ese antiguo texto fuera copiado para asegurarle mayor vida. Cabe preguntarse también por el origen del texto que el faraón ordena copiar, y por las circunstancias históricas que acompañaban lo que allí se relata. Sobre todo esto se han realizado abundantes investigaciones.
El faraón Shabaka era un faraón kushita proveniente de Nubia, zona ubicada al sur de Egipto, que gobierna en el período que va de 712 a 698 a.C. Se le ha descrito como un faraón negro de la africana Etiopía. Shabaka participó en el proceso de reunificación de las dos tierras, proceso que da inicio al Período Tardío. Para afirmar su autoridad, fija su residencia en Menfis, la ciudad imperial de las murallas o de la muralla blanca, y origen del Egipto imperial. En su intento por ser percibido como expresión de una línea de sucesión con la gran historia imperial, para así asegurar su legitimidad, Shabaka busca modelar su reino a la usanza de los faraones del Reino Antiguo. El presentarse como defensor del antiguo mito de Menfis le ayuda a Shabaka en esta tarea.
¿Cuál era el origen de aquel texto que Shabaka ordena copiar? Es difícil precisarlo, y ha habido una amplia especulación al respecto. En un momento se pensó que dicho texto pertenecía al Reino Antiguo. Esa interpretación ha sido actualmente descartada y existe un elevado consenso en situar ese texto en el Reino Medio, más concretamente en el período que corresponde con la Vigésima Dinastía, el cual oscila entre los años 1186 y 1069 a.C.
Luego de la derrota de la iniciativa de Akenatón (Amenofis IV) para instaurar el monoteísmo en torno al dios Atón, la capital del imperio es trasladada por Tutankhamón desde Amarna, la capital inaugurada por Akenatón, a Menfis, centro religioso del dios Ptah. El mito de la creación de Menfis representa un esfuerzo de adecuación mitológica (religiosa) a las nuevas condiciones políticas. Sin embargo ello no se realiza reafirmando la mitología pasada, sino generando un nuevo relato interpretativo. Todo esto hace pensar que el mito de la creación de Menfis es posterior al de Heliópolis. En el mito de la creación de Menfis vemos que el concepto de la creación desarrollado por Heliópolis es absorbido y colocado en un lugar subordinado al dios Ptah, venerado en Menfis.
Aunque la presencia de Ptah en los relatos mitológicos ha sido confirmada, en el Reino Antiguo predominaban las interpretaciones mitológicas desarrolladas en Heliópolis; como nos señala Win van den Dungen, Ptah, dios venerado en Menfis, era concebido como el guardián de la unión de las dos tierras. Menfis, la ciudad de las murallas, era la ciudad dinástica por excelencia; allí habitualmente los faraones eran coronados y esta frecuentemente hacía las veces de capital del imperio, cuando los faraones instalaban en ella la residencia imperial. Se reconocía de igual forma que a través de su Gran Palabra el faraón garantizaba la preservación del orden y su lengua –encarnada normalmente en la figura del dios Thot– conducía la barca de la rectitud y de la verdad, identificados estos atributos con la diosa Maat. Hasta entonces sólo se reconocía la autoridad conferida a la palabra del faraón. Con todo, Heliópolis ya se erigía como un centro religioso de gran importancia.
E. El mito de la creación de Menfis (Men-Nefer)
Como apreciamos anteriormente, en el mito de Heliópolis, el gran dios creador es Atum, quien genera el proceso creativo a través del placer que con sus manos se proporciona a sí mismo.
Lo que postula el relato de la creación de Menfis es que, siendo válido el relato de Heliópolis, sin embargo se desconocía que el dios Atum había sido a su vez creado por el gran dios Ptah. Para Menfis, el dios creador supremo es Ptah, dios que es proclamado como “el padre de los dioses y de quien emergiera toda forma de vida”. La supremacía de Ptah sobre Atum es el núcleo de la teología de Menfis.
En la columna derecha de la Piedra Shabaka se nos relata el proceso de la creación según la teología de Menfis. Allí se indica que Ptah genera el universo a través de un doble proceso.

PTAH
Primero, el universo es concebido en su corazón. El corazón del dios es el origen primero de todo lo existente: para los egipcios el corazón es el órgano de la creatividad, el pensamiento y la voluntad. De la misma manera, el corazón funciona como memoria y sirve como síntesis de todo lo que una persona ha hecho, tal como veremos posteriormente en el mito del juicio final. Pero la participación del corazón en la creación no es suficiente.
Una vez que el corazón de Ptah ha jugado ese primer rol, se requiere que todo aquello que este concibió sea hablado en voz alta por la lengua. Es sólo cuando la lengua dice lo que el corazón ha concebido, cuando el universo es creado. Sin el poder generativo de la palabra no es posible acometer el proceso de la creación. Todo lo que se crea resulta del hecho de que Ptah declara sus nombres. No olvidemos que ya según el mito de Heliópolis era necesario que Atum se colocara su propio semen en la boca y lo escupiera para que el acto creativo pudiera realizarse.




