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El secreto de Rosslyn
Rosslyn es un pueblo de Escocia, cerca de Aberdeen, y se conoce por su famosa capilla. Tessa Ransford, experta en lengua gaélica escocesa y directora de la Biblioteca de Poesía Escocesa de Edimburgo afirma que la palabra Ross significa «conocimientos antiguos» y lynn, «generación». En su opinión, por tanto, Rosslyn debe traducirse así: «conocimientos antiguos trasmitidos de generación en generación». Tessa y sus colegas creyeron que, de ser así, el lugar habría sido premeditadamente escogido para albergar manuscritos. Esta conclusión pasó antes por averiguar desde cuándo se empleaba la palabra Rosslyn para el pueblo y el castillo del mismo nombre.
Esta información ha generado estudios más concienzudos sobre la historia de la familia St. Clair (actualmente Sinclair) en Escocia, ya que William Sinclair fue el inspirador de la construcción de la capilla, alrededor de 1447. Según los mismos, el iniciador del árbol genealógico inglés fue un caballero venido de Normandía (Francia), William de St. Clair, al parecer acérrimo enemigo del rey Guillermo I el Normando, quien conquistó Inglaterra en el 1066. Ya instalada la familia en Escocia, el primogénito de la familia, Enrique, recibió el título de Barón de Rosslyn al volver de la primera cruzada, hacia el año 1100. Parece ser que Enrique había entrado en Jerusalén con Hugo de Payens, fundador de la orden del Temple (los templarios) y responsable de escoger la palabra Rosslyn para su título. Poco después, Hugo de Payens, que se había casado con su sobrina, le regaló una amplia extensión de tierra en Escocia. Cabe preguntarse si aquél escogió ese nombre intencionadamente por poseer una conocimiento especial de alguna tradición antigua. En caso afirmativo, se confirmaría la hipótesis de que los nueve que formaron la orden templaría sabían lo que estaban buscando en Jerusalén, y serviría para localizar la fuente de esta teoría. La verdad es que durante sus nueve años en Jerusalén, alojados en los antiguos establos del templo de Salomón, no se dedicaron a otra cosa que a excavar y buscar ciertos objetos, manuscritos y reliquias.
Años atrás,Tim Wallace-Murphy, historiador y escritor británico, relató a otros investigadores que, un día, tras finalizar una conferencia en Londres sobre los templarios, se le acercó un anciano de aspecto distinguido hablándole en francés. Se presentó como descendiente del templario Hugo de Payens, y se mostró dispuesto a facilitarle información para su investigación. El anciano le dijo que cuando cumplió veintiún años, su padre le llamó a su despacho para comunicarle el secreto de la familia, repitiendo la tradición familiar cuando cada heredero cumplía la mayoría de edad. Así fue como supo de una tradición oral que se remontaba miles de años atrás. La historia que su padre puso ante sus ojos le dejó atónito. Parece ser que antes del nacimiento de Jesús, los sacerdotes del templo de Jerusalén dirigían dos escuelas, una de mujeres y otra de hombres. Aquellos sacerdotes se hacían llamar por diferentes nombres de ángeles, como Miguel, Melquisedec o Gabriel, y parece ser que esas escuelas eran la vía de transmisión del linaje de David y Leví. Cuando las jóvenes vírgenes de la escuela de mujeres llegaban a la pubertad, los sacerdotes las dejaban embarazadas y las entregaban en matrimonio a un hombre de probada honradez para que el niño creciera en un hogar donde se respetaran las tradiciones. A los siete años, los niños volvían a las escuelas del templo donde se les educaba para el sacerdocio. Aquel caballero francés, informador de Wallace, afirmó que ése fue el caso de una virgen llamada María, cuya preñez se debe a la «visita» del sacerdote arcángel Gabriel. A continuación fue dada en matrimonio a José, un hombre mucho mayor que ella.
Después de la crucifixión de Jesús, los pilares de la Iglesia de Jerusalén eran Jaime, que junto a Pedro y Juan, constituyeron un triunvirato, la forma tradicional esenia de gobernar. Según el informador de Wallace, cuando mataron a Jesús, apenas hubo reacción en la gente, ya que no era muy popular. Sin embargo, cuando Jaime fue asesinado, la ciudad entera se rebeló, dando origen a una revuelta en contra de los romanos. Estos acontecimientos habrían provocado la huida de varios sacerdotes esenios, primero a Grecia y, desde ahí, a Europa. Parece ser que hicieron un corto viaje a Jerusalén para recuperar los restos de quien ellos llamaban «el Salvador» y conducirlos a Grecia. De nuevo, en el año 600, volvieron a la Ciudad Santa a un escondite debajo de las ruinas del Segundo Templo. Parece ser que sus cimientos son un complicado entramado de pasillos y galerías, sobre cuyas paredes están escritas las líneas genealógicas de los niños educados por los sacerdotes del templo, genealogías que se remontan incluso a la época de David y Aarón.
El grupo originario de sacerdotes esenios que se escapara tras la muerte de Jaime tomó el nombre de Rex Deus (Reyes de Dios) y sobrevivieron a la persecución de los judíos mediante la adopción de las prácticas religiosas monoteístas de los países donde se establecieron. Este grupo pretendía seguir la tradición del antiguo linaje sacerdotal, siguiendo a los dos primeros mesías, David y Aarón, en la confianza de que volverían para establecer el reino de Dios en la tierra.
Ésta fue la historia que el francés contó a Tim Wallace-Murphy. De ser cierta, estos sacerdotes esenios que emigraron a Europa podrían haber conservado intacto el antiguo linaje hebreo dentro de familias aristocráticas europeas. Así, la información relacionada con objetos ocultos bajo el Segundo Templo habría sido trasmitida por línea paterna. A algunas de estas familias pertenecerían los primeros nueve templarios que, desde 1118 a 1128, estuvieron excavando bajo el templo. La existencia de Rex Deus puede explicar por qué los nueve voluntarios sabían bien lo que buscaban en Jerusalén, y el por qué del nombre de Rosslyn para las tierras que Hugo de Payens regaló a St. Clair.
Rex Deus: la sociedad secreta más antigua
Gracias al testimonio encerrado en una colección privada de libros masones, pertenecientes al investigador bosnio Dimitrije Mitronovic, ya fallecido, hemos podido descubrir los rituales de una sociedad secreta cuyo origen se remonta a la época de la construcción del Templo de Salomón. Una de las ceremonias era del cuarto nivel y se llamaba «El Maestro Perfecto». En la documentación se mencionaba a Zadok, quien, según una leyenda judía, fue el primer sumo sacerdote de Jerusalén. Zadok coronó al rey Salomón y podría haber sido uno de los fundadores del Rex Deus. Este nombre también se ha asignado a Jaime, el hermano de Jesús, conocido como el Justo (Zadok, en hebreo).
Por otra parte, los manuscritos del mar Muerto y otros documentos antiguos encontrados en el siglo XX, recogen la historia de un grupo llamado «Hijos de Zadok», que serían después la Comunidad de Qumran. Este grupo pertenecía al linaje sacerdotal que se denominaría Rex Deus, poco después de la destrucción del Segundo Templo, en el año 70. En el grado catorce, según los libros de Mitronovic, conocido como «El Caballero Escocés de la Perfección», se rememora la leyenda de cómo el rey Salomón creó una «Logia de la Perfección». Los miembros de esta logia celebraron su primera reunión secreta en la cripta del templo, aún sin terminar. La leyenda sigue diciendo que el templo de Salomón se construyó gracias a ciertos conocimientos antiguos trasmitidos a los judíos por los supervivientes de una civilización destruida en el Gran Diluvio (¿Sumeria?). En este grado, el nuevo hermano recibe un anillo de oro. Es comúnmente aceptado por los estudiosos que este ritual proporcionaba la prueba que necesitaban para dar autenticidad a la orden secreta del Rex Deus, pudiéndola situar originariamente en el templo de Salomón. Es más, la ceremonia descrita sobre este grado explica cómo los descendientes de los miembros de la Logia de la Perfección acompañaron a los príncipes cristianos en sus cruzadas a Tierra Santa y cómo, poco a poco, sus secretos fueron diseminados entre la nobleza europea gracias a la masonería.
Por último, es importante destacar que el redescubrimiento de los manuscritos secretos de la Iglesia de Jerusalén, presumiblemente aún debajo de la capilla de Rosslyn, podría ser crítico para el establecimiento de la Nueva Jerusalén en la Tierra.
De ser cierto y comprobable, la orden de los Templarios se fundó en un momento histórico predeterminado por las familias Rex Deus para crear lo que sería el precursor en el segundo milenio del Nuevo Orden Mundial, preparado para este tercer milenio en que vivimos.
Los rosacruces y los Illuminati
Fue en el siglo XIV, cuando los más altos iniciados de la Hermandad de la Serpiente aparecieron por primera vez. No tardaron en cambiar el nombre de la orden por el de Illuminati. Es interesante mencionar que la palabra bíblica para «serpiente» es «nahash» que se obtiene de la palabra raíz NHSH, a saber: descifrar, reconocer, encontrar. En otras palabras, esta hermandad se fundó para investigar más allá de lo permitido por la «Iglesia institucional».
Según una fuente alemana que prefiere mantenerse en el anonimato, una de las ramas más inquietantes de la orden de los Illuminati en Alemania (distintos de los Illuminati de Baviera) eran los llamados «místicos rosacruces», que aparecieron a principios del siglo IX. Pero no fue hasta el año 1100 cuando se fundó la primera logia oficial de los Rosacruces, en la ciudad de Worms. Los adeptos rosacruces pretendían indagar en el origen extraterrestre del hombre y conocer a fondo las enseñanzas secretas egipcias. Trabajaban con símbolos místicos y en la alquimia. Por entonces, los vínculos entre las ordenes o logias de los Rosacruces y los Illuminati eran muy estrechos y, en los grados superiores, los adeptos de ambas sociedades recibían juntos la iniciación.
El hecho de que los Rosacruces se hagan visibles durante 108 años para luego desaparecer otros 108, dificulta rastrear su trayectoria histórica. Por esta razón, muchos investigadores consideran 1614 como el año de creación de la orden, cuando se publicó en la ciudad alemana de Essen, una carta anunciando su existencia e invitando a nuevos miembros. Esta fase de trabajo hacia el exterior representaría el comienzo de otros 108 años. La carta instaba a sus lectores a que abandonaran las enseñanzas de la Iglesia, así como las directrices del Papa, Aristóteles y Galeno, tildándolas de falsas. También contaba la historia de Christian Rosenkreuz, considerado como fundador de la orden. Muchos rosacruces modernos opinan que este nombre es un seudónimo de un personaje famoso, para algunos sir Francis Bacon, fundador a su vez de la Sociedad Secreta Literaria Rosacruz, en 1580.
La publicación de Fama Fraternitas (1614), La confesión de la Hermandad Rosacruz (1615) y El matrimonio alquímico de Christian Rosenkreuz (1616) produjeron un gran interés en Europa. Se hicieron numerosas reediciones y provocaron una gran polémica, plasmada en varios panfletos, unos a favor y otros en contra, aunque sus autores parecían no saber cuáles eran los objetivos del autor original. Según algunos investigadores, los tres documentos, así como el concepto de la orden de los Rosacruces, eran creación del teólogo Johann Valentin Andrea (1586-1654) que utilizaba la palabra «Ludibrium» para referirse a los rosacruces.
Durante los años de la peste bubónica en Europa, los adeptos rosacruces se mostraron muy activos. Entre sus obras, cabe mencionar al grupo llamado «Amigos de Dios» (orden de San Juan). Este colectivo defendía una enseñanza apocalíptica y exigía una obediencia total a sus miembros.
En la actualidad, la Antigua Orden Mística de los Rosacruces (AMORC) afirma ser la heredera de la tradición rosacruz.
Los masones
La masonería libre es la orden fraternal más grande y extendida del mundo. Originalmente, las cofradías masónicas se limitaban a los «trabajadores de la piedra», pero después de completar la construcción de las catedrales en el siglo XVII —y especialmente en Inglaterra, durante la Reforma—, empezaron a admitir a hombres ricos o de cierta categoría social. Así, las cofradías se convirtieron en sociedades dedicadas a ideales generales, como la fraternidad, la igualdad y la paz. De esta manera sus reuniones se convirtieron en citas sociales en vez de reuniones de empresarios. Cuatro o más de estas cofradías, llamadas «logias» se unieron en la capital inglesa, el 24 de junio de 1717, formando una gran logia para Londres y Westminster, que seis años después sería llamada Gran Logia de Inglaterra. Ésta es la «madre» de los masones libres del mundo, y de ella surgieron todas las grandes logias reconocidas. En 1725 se fundó la Gran Logia de Toda Inglaterra, en York, la de Irlanda se creó en junio del mismo año, y la de Escocia en 1726.
Gracias a la protección que proporcionaron a dicha orden diferentes miembros de la nobleza, la clase empresarial británica vio en la masonería libre un medio de promoción social, haciéndose muy popular para este estamento. Los ideales masónicos de tolerancia religiosa e igualdad iban en consonancia con el espíritu del liberalismo emergente durante el siglo XVIII. Es más, una de las reglas básicas de las órdenes masónicas del mundo angloparlante ha sido considerar a la religión como un asunto personal de cada individuo.
En Estados Unidos, las primeras logias fundadas bajo la autoridad de la Gran Logia de Inglaterra, fueron la Primera Logia de Boston, establecida y la de Filadelfia, ambas en 1733. Antes de la guerra de la Independencia (1775), ya había unas 150 logias; en la actualidad, los estadounidenses representan el 75 por ciento del total de masones del mundo, unos 4,5 millones de personas.
En cuanto a los ritos masónicos, los más empleados actualmente corresponden al Rito de York y al Rito Escocés. El primero data del siglo XVIII y se llama, en su primera fase, «Capitular»; los miembros correspondientes a este nivel son los masones del Arco Real (4 grados); la segunda fase recibe el nombre de «Críptica», y sus miembros son los masones Reales y Selectos (3 grados); la fase final, llamada «Caballeresca», concede a los miembros el título de Caballeros Templarios (3 grados). El Rito Escocés fue creado en Charleston (Carolina del Sur), en 1801 (contempla 33 grados).
Origen de los tres primeros grados
La gran mayoría de los masones libres del mundo no progresan más allá de los primeros tres grados, basados en la leyenda de la muerte de Hiram Abif, conocido como el arquitecto del templo de Salomón.
Según una versión de esta leyenda, Abif era el único conocedor de los secretos de los maestros masones, entre los cuales se hallaba la palabra secreta masónica, es decir, el nombre oculto de Dios. La tradición ocultista nos dice que saber el nombre de una deidad equivale a poseer su poder. De ahí que se supusiera que Abif manejaba el poder de Yahvé y poseyera muchos otros secretos que, una vez finalizada la construcción del templo, pasarían a los otros artesanos, que se convertirían a su vez en maestros masones.
Cuentan que, llegado el mediodía, el insigne arquitecto tenía la costumbre de ir al Sancta Sanctorum para orar a Yahvé y planificar las obras del día siguiente. Uno de esos días, al terminar sus oraciones, Hiram Abif, se topó con el desagradable final de su historia de modo inesperado. Saliendo por la puerta sur del templo, le flanqueó el paso Jubela, el primero de sus verdugos, que armado con una especie de regla vertical, le conminó a que le revelara sus secretos. Abif no perdió el aplomo ante la clara amenaza de muerte a la que se enfrentaba y contestó que sólo tres personas en el mundo los conocían y sin su consentimiento no podía divulgar ningún secreto. Furioso, Jubela enarboló la regla y asestó un golpe en la sien derecha a su maestro, que dobló la rodilla por el impacto, aunque pudo alcanzar la puerta occidental donde, desafortunadamente, no fue ayuda lo que encontró. Allí estaba Jubelo, otro de sus aprendices, que también le propinó un golpe, en este caso en la sien izquierda, haciéndolo doblar la rodilla del mismo lado. Arrastrándose y perdiendo grandes cantidades de sangre, Abif llegó a duras penas a la puerta oriental, donde fue rematado por Jubelum, que usó una gran maza de piedra para aplastarle la frente.

No les quedó otra salida a los tres asesinos que ocultar el cuerpo del arquitecto para evitar la ira del rey Salomón y escapar del país para no ser descubiertos. Escondieron provisionalmente el cuerpo de Hiram Abif bajo unos cascotes y al llegar la medianoche, lo trasladaron a la cima de una colina para enterrarlo. La sepultura fue señalizada con una rama de acacia y hecho esto, los criminales intentaron darse a la fuga. No tuvieron éxito porque no consiguieron que ningún barco los sacara del país y tuvieron que guarecerse en los montes.
Mientras tanto, la ausencia de Abif llegó a oídos del rey Salomón que envió a varias personas a buscarle. La gravedad de la situación hizo que la verdad tardara poco en aflorar gracias al testimonio de doce trabajadores del templo que confesaron al rey que ellos y otros tres más (Jubela, Jubelo y Jubelum) habían conspirado para arrancar los secretos masónicos a su maestro.
En el último momento habían dado marcha atrás, pero supusieron que los otros no, dando muerte a su jefe. Agradecido por su honestidad, el rey los envió en grupos de tres para buscar el cuerpo de Hiram Abif.

Tras varias semanas de búsqueda dieron con los restos del arquitecto e informaron a Salomón de su hallazgo. Éste les ordenó levantar el cadáver de la sepultura mediante el «apretón de manos de un aprendiz», correspondiente al primer grado de la masonería. Al fracasar en su intento, el rey les dijo que probaran el «apretón de manos de un artesano compañero», del segundo grado. Tampoco lo consiguieron, y, entonces, el mismo Salomón se presentó en el lugar donde yacía Abif para levantarlo con el «apretón de manos de un maestro masón», o tercer grado. Gracias a ello, no sólo pudo levantarse el cuerpo sino que la vida regresó a él de nuevo. La primera palabra que pronunció en su nuevo estado, fue recogida por los masones y utilizada en sustitución de la perdida con su muerte. Desde entonces ha sido trasmitida de generación en generación hasta la actualidad. Muchos historiadores y escritores masones enmarcan la historia de Hiram Abif dentro del mito, mientras que otros están convencidos de su autenticidad.
Acerca de los tres primeros grados de la masonería, los investigadores británicos Christopher Knight y Robert Lomas dicen en su libro La clave masónica: «El personaje central de la masonería libre es el constructor del templo de Salomón, Hiram Abif, que fue asesinado por tres de sus propios hombres. La muerte estilizada y resurrección del candidato es el hecho que convierte a uno en “maestro masón” y cuando está levantado de su tumba, el lucero de la mañana está en el horizonte».
La logia de los Illuminati
Varios grupos sin conexión entre sí se han identificado con el nombre Illuminati, que en latín significa «alumbrados» o «iluminados». En algunos casos, esta denominación se debía a la posesión de textos gnósticos u otra información oculta no disponible para el público. En el siglo XV, otros grupos afines reivindicaron que la iluminación venía del interior de cada persona como resultado de una conciencia alterada o de un despertar de la conciencia. Los «alumbrados» españoles pertenecían a este último tipo. Las primeras referencias históricas a los «alumbrados» en España se remonta a 1492. Éstos tenían un origen gnóstico, y su filosofía se extendió en la Península gracias a la influencia italiana. Uno de sus primeros líderes, fue una campesina nacida en Salamanca, conocida como la beata de Piedrahita, cuyas pretendidas conversaciones con la Virgen y Jesús llegaron a conocimiento de la Inquisición en 1511, aunque gracias a un protector no tuvo que enfrentarse al todopoderoso organismo. Ignacio de Loyola, fundador de la Compañía de Jesús, no fue tan afortunado. En 1527, cuando estudiaba en Salamanca, fue llevado ante una comisión eclesiástica acusado de simpatizar con los «alumbrados» consiguiendo eludir el castigo con una amonestación. Otros acusados de Toledo fueron sometidos a latigazos y encarcelamiento en 1529. En los años siguientes, y hasta principios del siglo XVII, muchos otros «alumbrados» fueron perseguidos por la Inquisición, sobre todo en Córdoba.
En su novela Ángeles y demonios, el escritor estadounidense Dan Brown plantea que Galileo era miembro de los Illuminati. Una afirmación sin otra validez que la de aportar intriga a la trama de la novela. Sí que es cierto, por otra parte, que en 1610 fue invitado a formar parte de una sociedad italiana de científicos e investigadores llamada Academia de los Linces (Accademia dei Lincei), fundada por Federico Cesi en 1603.
El nombre de este grupo procedía de Lynceus, el argonauta de la mitología griega dotado de una perspicaz vista. Junto con Cesi, el matemático Francesco Stelluti, el médico Johannes Eck, de los Países Bajos, y Anastasio de Fillis fueron los primeros miembros de la Academia, y vivían en comunidad en la casa del fundador, donde el anfitrión les proporcionaba libros y equipos de laboratorio. En un documento de 1605, se publicaron los objetivos de la Academia:
[...] no sólo adquirir conocimiento de cosas y sabiduría y vivir juntos legal y piamente, sino también mostrarla a los hombres de una manera pacífica, tanto oralmente como por escrito, sin causar daño.
Tanto el padre de Cesi como los aristócratas romanos estaban en contra de la Academia de los Linces. Acusaron a sus miembros de practicar magia negra, oponerse a la doctrina católica y llevar una vida escandalosa. Eck fue obligado a marcharse de Roma y durante algún tiempo sus miembros estuvieron esparcidos. Sin embargo, Cesi mantuvo la unión de los miembros por correspondencia.
Galileo fue el miembro más famoso y las publicaciones más prestigiosas de la Academia de los Linces fueron las suyas. En primer lugar apareció su «Tratado sobre las manchas solares» (1613) y luego, «El ensayador» (1623).
Con la captación de Galileo, el número de miembros del grupo creció hasta 32.
La muerte de Cesi, en 1630, precipitó el fin de la Academia.
El Priorato de Sión
Esta sociedad secreta, menos conocida, salió a la luz por el protagonismo que le concedió el mencionado Dan Brown en El código Da Vinci. En este bestséller mundial, se habla del Priorato de Sión como la sociedad que protege uno de los secretos más guardados del cristianismo no ortodoxo: la supervivencia de Jesucristo, su matrimonio con María Magdalena, sus tres hijos y su huida a Francia. El contenido místico de Brown se apoya en buena medida en el libro de investigación de Michael Baigent, Richard Leigh y Henry Lincoln, El enigma sagrado. Estos investigadores realizan una serie de afirmaciones sobre esta sociedad, empezando por decir que su historia comienza con la creación de la orden de los Caballeros Templarios, que fueron su brazo armado. El objetivo principal del Priorato era restaurar la dinastía merovingia, que gobernó el reino de los francos entre 447 y 751, en las monarquías de Europa y en el Reino de Jerusalén. Dicha orden, por lo tanto, protegía a los que consideraba los descendientes auténticos de Jesús y María Magdalena.
También especulan sobre las metas últimas del Priorato de Sión, donde la restauración monárquica adquiriría la forma de un Imperio Sagrado Europeo cuyo objetivo sería preparar el camino hacia un Nuevo Orden Mundial de paz y prosperidad. Para lo cual habría que sustituir la Iglesia católica romana por una religión estatal ecuménica y mesiánica, que contaría con el Santo Grial y las reliquias perdidas del antiguo templo de Herodes. Finalmente, se prepararía y coronaría al rey ungido del Gran Israel.
Ambos libros ofrecen una lista ininterrumpida de los grandes maestros del Priorato de Sión entre los siglos XII y XX, incluyendo a personajes como Leonardo da Vinci, Robert Fludd, Robert Boyle, Isaac Newton y Claude Debussy, entre otros —nombres asociados también con otras sociedades secretas como los Rosacruces.
Conclusiones
Este recorrido a través de algunas sociedades secretas revela que las más importantes poseían unos vínculos estrechos con los primeros nueve templarios y con sus hallazgos bajo los establos del templo de Salomón. Además de encontrar la línea de sangre que unía a los reyes David y Salomón con las familias Rex Deus de Europa, hallaron unos manuscritos secretos, que probablemente fueran llevados hasta Rosslyn por Enrique St. Clair, el primer barón de Rosslyn. También, es posible que encontraran otras reliquias importantes durante sus excavaciones, incluso el Arca de la Alianza y el Santo Grial.




