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Ejercicios de vocabulario
Ejercicio 1. Relaciona
1. llegar puntual
2. causar buena impresión
3. interrumpir
4. presumir de
5. prestar atención
6. tener algo en común
7. sentirse incómodo
8. despedirse
9. darse cuenta de
10. cambiar de opinión
a. перебивать
b. иметь что-то общее
c. осознать
d. произвести хорошее впечатление
e. чувствовать себя неловко
f. хвастаться
g. изменить мнение
h. приходить вовремя
i. прощаться
j. обращать внимание
Ejercicio 2. Completa
Completa con: terraza, preguntas, interrumpir, atención, común, incómoda, despedirse, opinión, puntual, olvidarse.
1. Clara y Álvaro se sientan en una ______.
2. Los dos llegan ______ a la cita.
3. Álvaro habla mucho y hace pocas ______.
4. A veces empieza a ______ a Clara.
5. Al principio no presta suficiente ______ a lo que ella cuenta.
6. Descubren que tienen algo en ______: odian los spoilers.
7. Clara no quiere sentirse ______ y decide ser sincera.
8. Al final, los dos tienen que ______.
9. Clara cambia un poco de ______ sobre Álvaro.
10. Leo pregunta si Clara ha podido ______ del nombre del chico.
Ejercicio 3. Verdadero o falso
1. Álvaro llega tarde.
2. Clara y Álvaro toman algo en una terraza.
3. Álvaro pregunta mucho sobre la vida de Clara desde el principio.
4. Clara practicó natación durante varios años.
5. Álvaro enseña a Clara fotografías de Italia.
6. Clara acepta inmediatamente una segunda cita.
7. Clara encuentra a Leo después de la cita.
8. Lucía y Marta preparan un informe sobre la cita.
Respuestas. Vocabulario
Ejercicio 1: 1-h, 2-d, 3-a, 4-f, 5-j, 6-b, 7-e, 8-i, 9-c, 10-g.
Ejercicio 2: 1. terraza; 2. puntual; 3. preguntas; 4. interrumpir; 5. atención; 6. común; 7. incómoda; 8. despedirse; 9. opinión; 10. olvidarse.
Ejercicio 3: 1. Falso; 2. Verdadero; 3. Falso; 4. Verdadero; 5. Verdadero; 6. Falso; 7. Verdadero; 8. Verdadero.
Gramática. Pronombres de objeto directo e indirecto
В этой главе повторяем местоимения прямого и косвенного дополнения. Они очень часты в живой речи и помогают не повторять одни и те же существительные.
1. Objeto directo: lo, la, los, las
Прямое дополнение отвечает на вопрос «кого? что?». Например: Clara ve a Álvaro → Clara lo ve. Álvaro enseña las fotos → Álvaro las enseña.
2. Objeto indirecto: me, te, le, nos, os, les
Косвенное дополнение часто отвечает на вопрос «кому?». Álvaro cuenta una historia a Clara → Álvaro le cuenta una historia. Clara dice la verdad a Álvaro → Clara le dice la verdad.
3. Два местоимения вместе
Если используются оба местоимения, косвенное ставится перед прямым: me lo, te la, se los. Формы le и les перед lo/la/los/las превращаются в se: Álvaro enseña las fotos a Clara → Álvaro se las enseña.
4. Положение местоимений
Перед спрягаемым глаголом: Clara lo escucha. С инфинитивом возможны два варианта: Clara lo quiere escuchar / Clara quiere escucharlo.
Ejercicios de gramática
Ejercicio 1. Sustituye el complemento
1. Clara escucha a Álvaro. → Clara ______ escucha.
2. Álvaro enseña las fotos. → Álvaro ______ enseña.
3. Clara toma el café. → Clara ______ toma.
4. Marta escribe la lista. → Marta ______ escribe.
5. Clara ve a Lucía y Marta. → Clara ______ ve.
6. Leo lleva los planos. → Leo ______ lleva.
Ejercicio 2. Completa con me, te, le, nos o les
1. Álvaro ______ cuenta a Clara una historia sobre tenis.
2. Lucía ______ da consejos a Clara.
3. Clara ______ dice a sus amigas que la cita ha terminado.
4. Marta y Lucía ______ preguntan a Clara por Álvaro.
5. Leo ______ pregunta a Clara cómo ha sido su día.
6. Clara ______ cuenta a Leo algunos detalles de la cita.
Ejercicio 3. Usa dos pronombres
1. Álvaro enseña las fotos a Clara. → Álvaro ______ ______ enseña.
2. Marta explica las reglas a Clara. → Marta ______ ______ explica.
3. Clara cuenta la historia a sus amigas. → Clara ______ ______ cuenta.
4. Lucía da los pendientes a Clara. → Lucía ______ ______ da.
5. Marta muestra la lista a Leo. → Marta ______ ______ muestra.
Ejercicio 4. Traduce al español
1. Клара его слушает.
2. Альваро показывает ей фотографии.
3. Клара рассказывает им историю.
4. Марта даёт ей список.
5. Лео спрашивает её о свидании.
6. Альваро показывает их Кларе. (фотографии)
7. Клара не хочет ему лгать.
8. Подруги её понимают.
Respuestas. Gramática
Ejercicio 1: 1. lo; 2. las; 3. lo; 4. la; 5. las; 6. los.
Ejercicio 2: 1. le; 2. le; 3. les; 4. le; 5. le; 6. le.
Ejercicio 3: 1. se las; 2. se las; 3. se la; 4. se los; 5. se la.
Ejercicio 4: 1. Clara lo escucha. 2. Álvaro le enseña las fotos. 3. Clara les cuenta la historia. 4. Marta le da la lista. 5. Leo le pregunta por la cita. 6. Álvaro se las enseña. 7. Clara no quiere mentirle. 8. Sus amigas la entienden.
Fin del capítulo 2
Capítulo 3. Una cita bajo la lluvia
Vocabulario del capítulo
el pronóstico del tiempo — прогноз погоды
la nube — облако
llover — идти о дожде
el chaparrón — ливень
mojarse — промокнуть
el paraguas — зонт
romperse — сломаться
refugiarse — укрыться
el toldo — навес
resbalar — поскользнуться
estar empapado / empapada — промокнуть насквозь
reírse de — смеяться над
tener vergüenza — стесняться, испытывать неловкость
acompañar a alguien — проводить кого-либо
escampar — перестать о дожде
Capítulo 3. Una cita bajo la lluvia
El viernes por la mañana, Clara abrió la ventana de su habitación y decidió que el pronóstico del tiempo estaba equivocado. El cielo sobre Salamanca era de un azul limpio, el sol iluminaba las fachadas de piedra y en el patio interior una vecina colgaba ropa como si tuviera información meteorológica secreta. La aplicación del móvil anunciaba un sesenta por ciento de probabilidad de lluvia a partir de las seis de la tarde. Clara miró otra vez el cielo y cerró la aplicación. Su segunda cita empezaba a las cinco y media. Para entonces, pensó, quizá las nubes habrían decidido ir a otra ciudad. Habían pasado solo dos días desde la cita con Álvaro y la hoja naranja de la nevera ya tenía una segunda línea. El nombre era Marcos. Tenía diecinueve años, estudiaba Traducción e Interpretación y había conocido a Clara de una manera mucho menos moderna que Álvaro: en la cola de la cafetería de la facultad. El jueves por la mañana, Clara había pedido un bocadillo y Marcos, que estaba delante de ella, había descubierto al llegar a la caja que había olvidado la cartera. Clara le prestó dos euros. Él volvió diez minutos después para devolvérselos y acabaron hablando junto a una máquina de café que hacía un ruido preocupante.
Marcos tenía el pelo castaño, una sonrisa fácil y la costumbre de mover mucho las manos cuando hablaba. Le contó que estudiaba francés e italiano, que acababa de volver de visitar a su abuela en Valencia y que todavía se perdía en algunos edificios de la universidad. A diferencia de Álvaro, también hizo preguntas. Cuando Clara mencionó que estudiaba Historia, quiso saber qué época prefería. Cuando ella dijo que le gustaba caminar por la ciudad, propuso enseñarle una pequeña plaza que había descubierto durante el curso anterior. Antes de despedirse, le pidió su número. Clara aceptó una cita para el viernes casi sin pensarlo. Aquello sorprendió a Lucía, que declaró que el experimento estaba convirtiendo a su amiga en una persona espontánea. Clara respondió que simplemente quería recuperar sus dos euros emocionalmente. Marta escribió “2. Marcos. Paseo” en la nevera y añadió un dibujo de una nube porque había visto el pronóstico. Clara borró la nube.
A las cuatro y media del viernes, la nube había vuelto. No al dibujo, sino al cielo. Clara salió de clase y vio una franja gris avanzando desde el oeste. Todavía hacía calor y la gente seguía sentada en las terrazas, pero el aire había cambiado. Olía a tierra seca y a lluvia que todavía no había empezado. Clara escribió a Marcos para preguntarle si mantenían el plan. Él respondió casi inmediatamente: “Claro. Si llueve, improvisamos”. Aquella respuesta le gustó. Después de la primera cita, Clara había decidido que no iba a buscar perfección. Solo quería pasar una tarde agradable y tener algo que contar en la cocina. Además, el paseo empezaba cerca de la universidad, así que no necesitaba cambiarse. Llevaba una camiseta color vino, una chaqueta vaquera clara y pantalones negros. Su pelo negro estaba recogido en una trenza baja. Metió un paraguas pequeño en el bolso por pura prudencia y salió.
Marcos la esperaba junto a una librería. Llevaba una sudadera gris fina y zapatillas blancas que todavía estaban peligrosamente limpias. Cuando Clara llegó, él miró el cielo y después el pequeño bolso de ella.
—Dime que llevas un paraguas.
—Llevo un paraguas.
—Perfecto. Yo he olvidado el mío.
—¿También olvidas los paraguas o solo las carteras?
—Estoy construyendo una personalidad coherente.
Clara se rio. Empezaron a caminar por calles estrechas, alejándose de las zonas más llenas de estudiantes. Marcos conocía pequeños rincones que Clara no había visto durante su primer año: un patio silencioso detrás de una iglesia, una tienda diminuta de mapas antiguos y una calle desde la que se veía una parte de la catedral entre dos edificios. La conversación era fácil. Hablaron de viajes, de idiomas y de profesores que parecían disfrutar poniendo exámenes a primera hora. A las seis menos cuarto cayó la primera gota. Clara la sintió en la mano y levantó la cabeza. El cielo azul de la mañana había desaparecido por completo. Sobre los tejados se acumulaban nubes oscuras, y el viento movía las hojas de los árboles con una fuerza nueva.
—Todavía podemos fingir que no pasa nada —dijo Marcos.
—Esa estrategia funciona muy bien con la lluvia.
—Y con los exámenes.
—No creo que funcione con los exámenes.
—Por eso estoy en segundo y todavía no soy experto.
Siguieron caminando. Durante tres minutos no pasó nada. Después empezó a llover de verdad. No era una lluvia fina y romántica como la de las películas. Era un chaparrón rápido, fuerte y ruidoso que transformó la calle en pocos segundos. La gente corrió hacia los portales. Los camareros empezaron a recoger cojines de las terrazas. Clara abrió el bolso y sacó su paraguas. Era pequeño, pero en teoría cabían dos personas. Marcos se colocó a su lado y los dos intentaron caminar bajo él. En la práctica, Clara tenía medio hombro fuera y Marcos recibía toda el agua que caía por un lado. Cada vez que uno intentaba acercarse al centro, el otro chocaba con él.
—Esto no funciona.
—Funciona perfectamente si uno de los dos no necesita estar seco.
—¿Quién?
—Todavía estamos negociando.
El viento respondió antes que ellos. Una ráfaga levantó el paraguas, lo giró hacia atrás y dejó las varillas metálicas apuntando al cielo. Clara se quedó mirando el objeto destruido con incredulidad. Marcos soltó una carcajada.
—No te rías.
—Lo siento.
—No lo sientes.
—No, la verdad es que no.
Clara intentó arreglarlo mientras la lluvia le caía sobre la cabeza. Una varilla se había doblado y otra parecía haber decidido separarse completamente del resto. Después de veinte segundos, aceptó la derrota.
—Mi paraguas ha muerto.
—Ha luchado con honor.
—Ha durado cuatro minutos.
—Una vida breve, pero intensa.
Corrieron hacia un toldo rojo delante de una tienda cerrada. El espacio era tan estrecho que tuvieron que quedarse casi pegados a la pared. Marcos tenía el pelo mojado sobre la frente. La camiseta de Clara estaba seca en el centro, pero las mangas y la espalda empezaban a oscurecerse por el agua. Sus zapatillas hacían un sonido extraño cada vez que movía los pies. Durante unos segundos solo escucharon la lluvia. Golpeaba el toldo con tanta fuerza que tenían que hablar más alto. La calle, llena de gente cinco minutos antes, estaba casi vacía. El agua corría junto a la acera y las fachadas doradas se habían vuelto oscuras y brillantes.
—Bueno —dijo Marcos—. Esta era la plaza que quería enseñarte.
—No veo ninguna plaza.
—Está detrás de esa cortina de agua.
—Preciosa.
—Sabía que te gustaría.
Clara empezó a reírse. No podía evitarlo. Había imaginado su segunda cita como un paseo tranquilo por la ciudad y ahora estaba atrapada bajo un toldo con un paraguas roto en la mano. Marcos se rio también. Durante varios minutos hicieron comentarios sobre las personas que corrían por la calle. Un hombre intentó protegerse con un periódico que dejó de ser útil casi inmediatamente. Una mujer llevaba una bolsa de plástico sobre el pelo. Dos niños saltaron voluntariamente en un charco mientras su padre trataba de detenerlos. Clara se dio cuenta de que no estaba incómoda. Con Álvaro había pasado gran parte de la cita pensando qué debía decir o cuándo podría hablar. Con Marcos no necesitaba preparar nada. Él escuchaba, hacía preguntas y también sabía quedarse en silencio sin convertirlo en un problema. Cuando la lluvia bajó un poco, propuso buscar una cafetería.
—Hay una a dos calles.
—¿Dos calles bajo esto?
—Podemos correr.
—Mis zapatillas ya están mojadas.
—Las mías eran blancas esta mañana.
—Eso fue optimista por tu parte.
Salieron del refugio. Los primeros metros fueron fáciles, pero al girar la esquina encontraron un charco enorme que ocupaba casi toda la acera. Marcos intentó saltarlo. Llegó al otro lado, pero resbaló al aterrizar y tuvo que agarrarse a una señal para no caer. Clara se detuvo en medio de la lluvia y se echó a reír.
—No ha pasado nada —dijo él, recuperando el equilibrio.
—Casi abrazas una señal.
—Nos conocemos desde hace tiempo.
—Claro.
—Ahora te toca saltar.
—Ni hablar.
Clara buscó una parte más estrecha del charco. No la encontró. Finalmente saltó. Su pie derecho cayó exactamente en el agua. Una ola fría entró en su zapatilla.
—No digas nada.
—No he dicho nada.
—Tu cara está hablando.
—Mi cara dice que ha sido un salto excelente.
Llegaron a la cafetería empapados. La camarera los miró, después miró el suelo mojado detrás de ellos y les señaló una mesa cerca de la puerta. Clara pidió chocolate caliente aunque todavía no hacía frío. Marcos pidió té. Los dos dejaron las chaquetas sobre dos sillas para que se secaran. La cafetería estaba casi llena de personas que habían tenido la misma idea. Las ventanas estaban cubiertas de pequeñas gotas y el ruido de las conversaciones se mezclaba con la lluvia. Clara se soltó la trenza porque estaba completamente mojada. Su pelo negro cayó sobre los hombros y dejó pequeñas marcas de agua en la camiseta.
—Ahora pareces una persona que ha sobrevivido a algo importante —dijo Marcos.
—He perdido un paraguas.
—Exactamente.
—Nunca lo olvidaré.
Hablaron durante casi una hora. Marcos contó historias sobre su familia y Clara le habló de Lucía, Marta y la lista naranja, aunque no explicó todos los detalles. Cuando admitió que aquella era oficialmente la cita número dos de quince, Marcos dejó la taza sobre la mesa y abrió mucho los ojos.
—¿Quince?
—No pongas esa cara.
—Estoy intentando calcular.
—No hay nada que calcular.
—¿En cuánto tiempo?
—Durante el otoño. Bueno, durante estas semanas.
—Eso es casi un trabajo a tiempo parcial.
—Todo el mundo dice lo mismo.
—¿Quién más lo sabe?
—Mis amigas. Y un amigo de Marta.
—¿Ese amigo también está en la lista?
—No.
La respuesta salió demasiado rápido. Marcos levantó una ceja, pero no dijo nada. Clara cambió de tema y le preguntó por el italiano. Él no insistió. A las siete y media la lluvia empezó a perder fuerza. Las gotas ya no golpeaban las ventanas con violencia y algunas personas salían de la cafetería. Marcos miró la hora. Tenía que cenar con su hermano, que estaba de visita en Salamanca. Clara también quería volver al piso antes de que Lucía organizara una operación de rescate. Pagaron y salieron. El aire olía a piedra mojada y a hojas. La ciudad parecía distinta después del chaparrón. Las luces se reflejaban en el suelo, las terrazas estaban vacías y el cielo empezaba a aclararse por el oeste. Caminaban despacio para evitar los charcos.
—Ha sido una buena cita —dijo Marcos.
—A pesar del desastre meteorológico.
—Gracias al desastre meteorológico.
—Mi paraguas no estaría de acuerdo.
—Tu paraguas ha dado su vida por la historia.
Clara sonrió. Le gustaba Marcos. Era divertido, atento y fácil de tratar. Sin embargo, no había sentido esa curiosidad especial que la hacía querer prolongar la tarde. No sabía si era falta de química o simplemente porque se conocían poco. Esta vez no sintió necesidad de decidirlo inmediatamente.
—Podemos volver a tomar algo algún día —dijo Marcos—. Sin número, sin lista y, si es posible, sin lluvia.
—Eso último no puedo prometerlo.
—Entonces al menos trae un paraguas mejor.
—Me parece justo.
Se despidieron con un abrazo y Marcos tomó otra calle. Clara continuó hacia su casa. La lluvia casi había parado, pero de vez en cuando caían gotas grandes desde los balcones. Tenía frío en los brazos y sentía el calcetín derecho completamente mojado. Aun así, estaba de buen humor. A dos calles del piso, volvió a empezar a llover. Clara levantó la cara hacia el cielo.
—No puede ser.
Abrió el paraguas roto por puro instinto. El resultado fue todavía peor que antes. Una parte de la tela cayó sobre su cabeza y una varilla casi le golpeó la mejilla. Clara lo cerró con dignidad y siguió caminando. Entonces escuchó su nombre.
—¡Clara!
Se giró. Leo estaba al otro lado de la calle, bajo un paraguas negro enorme. Llevaba una sudadera azul marino, pantalones claros y una mochila. Su pelo rubio estaba seco. Por supuesto que estaba seco. Clara sintió una irritación completamente irracional. Leo cruzó cuando no venían coches. Miró primero a Clara, después al objeto deformado que llevaba en la mano.
—¿Eso era un paraguas?
—Sigue siendo un paraguas.
—No estoy seguro.
—Ha tenido un día difícil.
—Tú también, por lo que veo.
—Estoy perfectamente.
En ese momento una gota cayó desde su pelo directamente sobre la nariz. Leo intentó no reírse.
—Ni una palabra.
—No he dicho nada.
—Ya he tenido suficiente con Marcos.
—¿Marcos es el número dos?
—Sí.
—¿Y ha sobrevivido?
—Mejor que mi paraguas.
Leo levantó un poco el suyo.
—¿Quieres compartirlo?
—Ahora ya no sirve de nada.
—Eso no tiene sentido.
—Estoy empapada.
—Precisamente por eso.
Clara miró los doscientos metros que todavía faltaban hasta su edificio. Después miró el paraguas. Era tan grande que podían caminar sin tocarse. Aceptó. Leo se colocó a su izquierda y ajustó el paraguas para cubrirla. Caminaron despacio. Clara esperaba alguna broma sobre la cita, pero él no preguntó inmediatamente. En lugar de eso, señaló sus zapatillas.
—Creo que estás haciendo ruido al caminar.
—Tengo un lago dentro del zapato derecho.
—¿Solo en el derecho?
—El izquierdo ha tenido más suerte.
—Una victoria importante.
Clara soltó una risa. Era extraño. Llevaba casi tres horas fuera, había hablado con Marcos durante mucho tiempo y, sin embargo, aquellos pocos minutos con Leo parecían tener una energía diferente. No necesariamente romántica, se dijo. Simplemente era fácil discutir con él.
—Entonces —dijo Leo—, ¿el número dos ha sido mejor que el número uno?
—Mucho mejor.
—¿Segunda cita?
—Quizá.
—Eso suena poco decidido.
—No tengo que decidir todo hoy.
—Mira qué rápido aprendes.
—No necesito tu aprobación.
—Menos mal. Es muy difícil conseguirla.
Llegaron al portal. Clara se apartó del paraguas y de inmediato recibió varias gotas en la cabeza.
—Gracias —dijo.
—De nada.
—Y no digas que lo sabías.
—¿Qué sabía?
—Que iba a llover.
—Yo sí miré el pronóstico.
—Te odio un poco.
—Eso parece fuerte para alguien que acaba de usar mi paraguas.
Clara abrió la puerta del edificio. Antes de entrar, Leo señaló el paraguas roto.
—¿Vas a guardarlo?
—Es una víctima del experimento.
—Entonces merece un lugar en la nevera.
—No les des ideas a mis amigas.
Leo sonrió y siguió caminando bajo la lluvia. Clara lo observó durante un segundo. El paraguas negro se alejaba por la calle brillante, demasiado grande para una sola persona. Después subió las escaleras. Lucía abrió la puerta antes de que Clara sacara las llaves.
—¡Estás viva!
—Apenas.
—¿Dónde está el paraguas?
Clara levantó los restos.
—Dios mío.
—No quiero hablar de ello.
Marta apareció desde la cocina con el cuaderno naranja.
—¿Cita número dos?
—Ocho.
—¿Ocho sobre diez?
—La cita. La lluvia recibe un dos.
—¿Y el chico?
—No ponemos notas a personas.
—Ya, ya. ¿Lo volverías a ver?
—Sí. Creo que sí.
Las dos amigas intercambiaron una mirada satisfecha. Clara se quitó las zapatillas en la entrada y fue directamente a buscar calcetines secos. Mientras se cambiaba, les contó la historia del toldo, el charco, el salto de Marcos y la muerte del paraguas. Omitió durante varios minutos el final.
—¿Y cómo has llegado desde allí sin paraguas? —preguntó Lucía.
—Caminando.
—Clara.
—Me encontré con Leo.
Marta sonrió de una forma insoportable.
—Ah.
—No hagas “ah”.
—Solo he dicho “ah”.
—Lo has dicho con intención.
—¿Compartisteis paraguas? —preguntó Lucía.
—Sí, porque estaba lloviendo. Es una función normal de los paraguas.
—Claro.
—No ha pasado nada.
—Nadie ha dicho que haya pasado algo —respondió Marta.
Clara las miró a las dos. Odiaba cuando utilizaban la lógica contra ella. Después de ducharse, se sentó en la cocina con una taza de té. Marta actualizó la hoja: “2. Marcos. Paseo, tormenta, paraguas muerto. Posible repetición”. Debajo dibujó un paraguas torcido. Clara decidió no discutir. Aquella noche, antes de dormir, recibió un mensaje de Marcos con una fotografía de sus zapatillas, ahora marrones en lugar de blancas. “Consecuencias de la cita número dos”, había escrito. Clara respondió con una fotografía de su paraguas roto sobre el suelo. Marcos mandó tres caras riéndose. Clara dejó el móvil en la mesita y pensó que había disfrutado de la tarde. Marcos era una persona a la que quería volver a ver, aunque todavía no sabía en qué sentido. Y eso estaba bien. El experimento no necesitaba producir respuestas inmediatas.
Lo que no entendía era por qué, al recordar la lluvia, una de las imágenes más claras no era Marcos saltando el charco ni los dos riéndose bajo el toldo. Era un paraguas negro enorme apareciendo al final de la calle y un chico rubio preguntando, con absoluta tranquilidad, si quería compartirlo. Clara cerró los ojos y decidió que aquello tampoco significaba nada. Después de todo, Leo Navarro seguía sin estar en la lista.
Ejercicios de vocabulario
Ejercicio 1. Relaciona
1. el chaparrón
2. mojarse
3. el paraguas
4. refugiarse
5. el toldo
6. resbalar
7. estar empapado
8. tener vergüenza
9. acompañar
10. escampar
a. промокнуть
b. навес
c. проводить кого-либо
d. ливень
e. перестать о дожде
f. укрыться
g. зонт
h. промокнуть насквозь
i. стесняться
j. поскользнуться
Ejercicio 2. Completa las frases
Completa con: pronóstico, paraguas, chaparrón, refugiarse, toldo, resbala, empapados, escampa, acompaña, mojarse.
1. Clara mira el ______ del tiempo por la mañana.



